Cómo ayudar a los niños a adquirir buenos modales

Berta Ponce Martín

Una de las preocupaciones más frecuentes que tienen los padres de hoy en día tiene que ver con la disciplina de sus hijos. Los padres saben que tener buenos modales es importante desde que el niño es pequeño, la sociedad en la que vivimos está llena de reglas a las que hay que adaptarse.

Entre los 2 y 3 años aproximadamente el niño empieza a poner a prueba los limites, mediante esta exploración el niño irá descubriendo qué está permitido y que no. De esta forma irá entendiendo el mundo en el que vive. Podemos empezar a enseñarle buenos modales sabiendo que es aún muy pequeño, si está cansado o con hambre se quejará, si está aburrido puede armar jaleo…. Insistir en esos momentos en que por ejemplo diga gracias, por favor o de un beso, sólo servirá para aumentar la tensión.

A partir de los 4 o 5 años el niño empieza a aprender las normas básicas de comportamiento, cada vez sabrá mejor que se espera de él en diferentes ocasiones. Es una buena edad para aprovechar las oportunidades que aparezcan para expresar buenos modales (vamos en el autobús y dejamos sentarse a alguien mayor, damos las gracias en la tienda, llamamos a su amigo cuando está malito, ayudamos a la abuela en algo que necesite, tiramos este papel a la basura, etc.)

Si trasmitimos al niño que los buenos modales le ayudarán en muchas situaciones y en las relaciones con los demás, lo verán como algo que va más allá que una tarea que han de aprender.

¿Hay que castigar?

Muchos de los que somos padres hoy tuvimos padres o abuelos con un estilo educativo autoritario donde el castigo era una de las herramientas más usada.

Si bien es verdad que el castigo hace obedecer a la autoridad, también lo es que uno lo hace por miedo a las consecuencias. Pero, ¿es eficaz para interiorizar el autodominio? Es decir, ¿será el niño capaz de controlar ciertos comportamientos sin el castigo como consecuencia?

El castigo, usado frecuentemente, pierde su eficaciaQue los padres critiquen o castiguen el comportamiento podrá impedir que el niño haga algo mal pero no lo hará desear hacer las cosas bien. Además, cada niño responderá al castigo de manera diferente dependiendo de su temperamento y de la relación que tenga con sus padres.

Los psicólogos que trabajamos con niños nos encontramos muy frecuentemente con padres que repiten una y otra vez ciertas pautas de educación, aunque estas muchas veces no den resultados. Simplemente son las pautas que aprendieron de niños viendo a sus padres. Una de ellas es el castigo, que usado muy frecuentemente pierde toda su eficacia. Adquirir otros recursos alternativos al castigo les podrá ayudar a tener mejores resultados.

Algunas herramientas alternativas al castigo que producen muy buenos resultados

  • El ejemplo de los padres será la pieza clave para ir adquiriendo disciplina y buenos modales. Si los padres no predican con el ejemplo será difícil que los niños adquieran aquello que se les quiere enseñar (Ej: no puedo pedirte que no grites si lo estoy haciendo yo).

Cuanto más pequeño es el niño más le influye la conducta de sus padres, el amor que tiene por ellos le impulsará a imitarles y tenderá a identificarse con los rasgos de estos.

Esto requiere que los padres observen su conducta de cerca, esforzándose en controlar aquellas reacciones que no quieren que sus hijos imiten.

  • Los refuerzos positivos funcionan como una de las mejores herramientas. Con ellos trasmitimos al niño todas nuestras emociones positivas ( Ej: Pedrito hoy me puse muy contenta cuando vi como ayudabas a tu hermanita a vestirse, realmente estoy muy orgullosa de ti).

No hay nada más agradable para un niño que sus padres le expresen y se muestren contentos de su comportamiento.

  • Establecer límites claros. Si los padres se ponen a pensar que cosas funcionan bien en su casa se darán cuenta que normalmente son las que están más claras y se repiten siempre de la misma manera. Hay padres, por ejemplo, que tienen claro que los niños no han de jugar a videojuegos durante la semana, dejando el fin de semana para hacerlo. Si esta norma la comparten ambos padres y se tiene clara, no llevará a conflictos con los niños. Los problemas suelen aparecer cuando los padres dudan, no están de acuerdo entre ellos o las reglas son diferentes a cada momento.
  • Será bueno para el niño que pueda escuchar cómo se siente su padre o madre cuando estén molestos con algo que ha pasado. (Ej: Pablito, cuando me hablas de esa manera y con ese tono de voz me siento triste, no me gusta que me trates así. Sé que puedes decirme lo mismo de otra manera. Yo tendré más ganas de escucharte entonces, ¿lo intentas de nuevo?).

Esto dará la oportunidad al niño de ir aprendiendo a ponerse en el lugar del otro, algo que es muy importante para las relaciones que vaya estableciendo con los demás.

  • A veces el niño puede estar demasiado irritado o enfadado (sobre todo cuando son más pequeños). De nada servirá que tratemos de hacerle razonar en ese momento. Primero hemos de ayudarle a calmarse y una vez este tranquilo podemos ayudarle a evaluar su conducta correctamente, recordando con él lo que ha sucedido, ayudándole a interpretar su conducta y la de los demás, hablando de como se ha sentido él y como pueden haberse sentido los otros y pensando juntos que podía haber hecho diferente. De esta manera podrá ir adquiriendo recursos para próximas veces.

Adquirir disciplina y buenos modales es una parte importante de la educación de nuestros hijos. Es un proceso lento que requiere mucha práctica, tiempo y paciencia.

El poeta español Gabriel Celaya nos habla de ello en uno de sus poemas:

Educar

Educar es lo mismo que poner un motor a una barca……

hay que medir, pensar, equilibrar…

… y poner todo en marcha.

Pero para eso uno tiene que llevar en el alma un poco de marino…

un poco de pirata…

un poco de poeta…

Y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar mientras uno trabaja,

que ese barco, ese niño irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío llevará nuestra carga de

palabras hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día este durmiendo

nuestra propia barca, en barcos nuevos seguirá

nuestra bandera enarbolada.

Acerca de Juan de Dios Martín

Orientador de Educación Infantil y Primaria
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