Aprender sin ir al cole (El Mundo, 11-2-2013)

EDUCACIÓN | Unos 4.000 niños en España se educan en casa

Aprender sin ir al ‘cole’

  • Ana Rosa López fue denunciada por abandono de su hijo, pero salió absuelta
  • Las asociaciones contabilizan 30 procesos judiciales similares abiertos

Natalia Puga | Rosa González

“Con toda la información que existe en este momento y con disponibilidad de tiempo por parte de sus padres, los niños son capaces de aprender sin ser dirigidos en el aprendizaje”. Es la filosofía en la que Ana Rosa López basa la educación de su hijo de once años. La aplica las 24 horas del día y la ha llevado a su máxima expresión. Ha optado por una modalidad educativa que en España siguen alrededor de 4.000 niños, el ‘homeschooling’ o la educación en el hogar.

“No me doy prisa en introducir un contenido en concreto porque sé que puede aparecer en cualquier momento del día. Por ejemplo, quiero media pizza o quiero un cuarto de pizza o tres quintos de pizza…”

“La lectoescritura en mi hijo surgió a base de leerle cuentos, de tener alfabetos cerca. Creo que a la sociedad le falta reconocer la inmensa capacidad de aprendizaje autónomo que tienen los niños”. Por lo pronto, hace unos días la Audiencia de Pontevedra validaba una sentencia anterior de un juzgado Penal, descartando que la decisión de educar a su hijo en casa suponga un “abandono absoluto” del menor, como afirmaba la fiscalía. No es la primera familia ante los tribunales, ni será la última

En España, esta es una opción minoritaria y no reconocida por la autoridades educativas. “En este movimiento hay de todo, gente de derechas, gente más de izquierdas, sin ideología…”, dice esta viguesa. A grandes rasgos, puede distinguirse entre quienes programan las sesiones de aprendizaje de sus hijos ciñéndose a los currículos establecidos por el sistema educativo formal y quienes, como Ana Rosa, las adaptan a la curiosidad y evolución del niño.

Aprender sin prisa

Cada mañana se levanta sin tener decidido a dónde le llevará la jornada de trabajo con su hijo. Hay materias y conocimientos que le trasmite de forma más reglada, que “salen de mí”, como el inglés o enseñanzas sobre cuestiones de salud o higiene, y otras que parten “de la curiosidad del niño y de aportar materiales que hagan referencia a esa curiosidad”.

“Mi hijo no estaba acostumbrado a sentarse todo el rato en una silla sin preguntar algo, sin levantarse, sin hacer comentarios con otras personas y, claro, eso desordena la clase habitual, la unidireccional”.

Así, por ejemplo, “si nos interesa la electricidad, procuramos trabajar con pilas, bombillas, hacer circuitos… Si es geografía, usamos material audiovisual y gráfico, procurando que el medio sea rico en satisfacer esa curiosidad” y, en general “cuestiones que tienen que ver con la vida práctica”.

No todo es improvisación. “Me he informado de en qué etapa está mi hijo a nivel de contenidos pedagógicos, vemos más o menos que puede estar aprendiendo un niño en su edad”, pero, dentro de ese orden, “no me doy prisa en introducir un contenido en concreto porque sé que puede aparecer en cualquier momento del día. Por ejemplo, quiero media pizza o quiero un cuarto de pizza o tres quintos de pizza. Si dividimos la pizza en cinco, ¿cuántas partes me tocan o cuántas partes quedan? Lo que importa es la pizza.”.

Por las tardes “reservamos tiempo para las relaciones sociales“. Con este argumento responde a una de las principales críticas de quienes no apoyan la educación en el hogar: que los niños no se socializan de la misma forma que en la escuela. “Procuro facilitarle posibilidades y relación con iguales, con mayores, con pequeños, con su familia. Se relaciona con otros niños, sí”.

El proceso judicial

Su hijo estuvo escolarizado. Hasta los seis años acudió a un jardín de infancia creado junto a un grupo de padres “que decidimos no delegar” y luego empezó a educarlo en casa, pero llegado un punto “como niño curioso, decidió que era el momento de empezar y como madre que desea cumplir con su deseo lo matriculé en un colegio“. La experiencia salió mal: “Mi hijo no estaba acostumbrado a sentarse todo el rato en una silla sin preguntar algo, sin levantarse, sin hacer comentarios con otras personas y, claro, eso desordena la clase habitual, la unidireccional”.

Entonces, lo desescolarizó. Una decisión que le valió una denuncia por un delito de abandono del menor y que se tradujo en dos años de proceso judicial. En su caso, dos jueces han fallado a su favor, pero en España hay en la actualidad otras 30 familias denunciadas por iguales motivos.

Foto: Rosa GonzálezFoto: Rosa González

“De la prueba practicada no se puede concluir una dejación y abandono graves o absolutos del deber de educar a su hijo por parte de la acusada, es decir, el incumplimiento por parte de la acusada del deber de educar a su hijo y procurarle una formación integral no supone una dejación y abandono grave o absoluta”, dictó en junio de 2012 el Juzgado de lo Penal número 2 de Vigo. Hace unos días, la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra ratificó su absolución.

Las sentencias ha sido “un alivio”, ponen fin a dos años en los que “tanto mi hijo como yo lo hemos pasado muy mal”, pero, además, “significa que la vía judicial no es la vía para discutir esta cuestión importante de la educación de los niños y que debe comenzar el diálogo y el reconocimiento a esta opción”. Son “un paso adelante” en la demanda de la principal asociación de padres que practican el ‘homeschooling’, la Asociación para la Libre Educación (ALE): “El reconocimiento expreso y en la práctica” de la escolarización en casa y “de la libertad de enseñanza y de métodos pedagógicos de los padres”.

Derecho a decidir

“El Estado tiene que velar por el bienestar y, al mismo tiempo, conceder esa libertad sobre qué valores quieres trasmitir a tus hijos y qué tipo de aprendizaje deseas para ellos. Es una opción personal de cada familia”.

En este proceso ha recibido la ayuda de la Asociación de Madres Juntas por la Conciliación Familiar y Laboral de Galicia. Su presidenta, Yolanda Torre, tiene a sus dos hijos escolarizados y se declara “férrea defensora” del sistema educativo público, pero “como madre que ha escogido una opción distinta, comprendo y apoyo a las personas que educan en casa y creo que es una situación que debe legalizarse“.

La sentencia absolutoria de Ana Rosa López “es un reconocimiento a que hay que diferenciar entre lo que es un abandono y una falta de bienestar con una opción educativa diferente”, explica. “No todos perseguimos los mismos objetivos y creo que la convivencia y la tolerancia son los valores, el respeto por la individualidad y por la originalidad de cada persona. El Estado tiene que velar por el bienestar y, al mismo tiempo, conceder esa libertad sobre qué valores quieres trasmitir a tus hijos y qué tipo de aprendizaje deseas para ellos. Es una opción personal de cada familia”, concluye.

Vacío legal

La educación en casa no es ilegal en España, pero tampoco está regulada, como en Estados Unidos, donde la siguen 1,1 millón de familias, o en países de la Unión Europea, como Francia, Reino Unido o Portugal. Desde ALE afirman que existe un “vacío legal”, pues “si bien el derecho a educar en familia ya se encuentra salvaguardado por la Constitución, no existe el necesario marco legal para que este derecho pueda ejercerse plenamente”. Reclaman un reconocimiento oficial de la educación en casa y mecanismos para la obtención de títulos o la inserción en el sistema educativo en la adolescencia o edad adulta.

En la actualidad, los niños pueden acceder a educación presencial homologada a los 15 años de modo que se incorporan al curso que le corresponde por edad de forma automática, estudian cuarto de la ESO y obtienen su título. Otra opción es, a los 17 años, hacer las pruebas de acceso para acceder a módulos de formación profesional de grado medio o a los 19 hacerlo para el grado superior (no es necesaria titulación). A los 18 años también pueden presentarse por libre a las pruebas para obtener el graduado de ESO o les queda como opción aprender inglés y matricularse en alguna de las escuelas a distancia que existen en otros países en los que el ‘homeschooling’ sí está regulado y luego pedir homologación de título.

Acerca de Juan de Dios Martín

Orientador de Educación Infantil y Primaria
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