El secreto de una buena educación (ABC, 25-1-2013)

Laura Peraita

Día 25/01/2013
 
 

Los padres tienen en su mano que sus hijos sean seguros, sociables, triunfadores… felices. Conozca las pautas para empezar con buen pie

 
El secreto de una buena educación

 
Los adolescentes necesitan tener normas por parte de sus padres para sentirse seguros

Los padres de hoy sienten una gran preocupación por la educación de sus hijos y tienen mucha información al respecto, y «sin embargo, nunca han estado más despistados», asegura María Jesús Álava Reyes, psicóloga y autora —junto a Susana Aldecoa, directora del colegio Estilo—, de La Buena Educación (editorial La Esfera de los Libros), que acaba de ver la luz.

Aunque a algunos padres les cueste asumirlo, la educación de los hijos comienza desde el mismo momento en que nacen. «Prueba de ello, es que muchos pediatras recomiendan que el recién nacido duerma y coma a demanda, para que los padres no se obsesionen. Un grave error —asegura rotunda Álava Reyes—. Tenemos la consulta llena de padres desesperados porque han dado de comer y dejado dormir al niño cuando él ha querido y no pueden ni descansar por las noches por atender sus continuas demandas».

Le han acostumbrado desde un principio a que sea el pequeño el que lleve las riendas, convirtiendo a los padres en verdaderos esclavos. «La educación en los primeros años es la clave para el futuro comportamiento de los hijos —advierte esta psicóloga—. Es importante ponerles límites y saber decirles que no en el momento adecuado para ir entrenando sus emociones; de lo contrario, tendremos adolescentes frustados».

Enfrentarse a la realidad

De hecho, según los estudios, más del 40% de los niños y adolescentes no saben cómo enfrentarse ante la realidad que les rodea en su día a día porque siempre han hecho lo que han querido y cuando lo han considerado, de manera que cuando les llega la primera dificultad, no saben cómo reaccionar. «Por eso, actualmente hay tantos jóvenes que no saben comunicarse, que se aislan en su ordenador… Son muy débiles emocionalmente, muy influenciables, manipulables, inseguros y, por ello, la salida más fácil a su manera de sentirse es mostrar agresividad. Además, por buscar una vía de escape tienen grandes posibilidades de caer en la adicción a drogas o alcohol. Al no ser dueños de sus emociones se hunden y el precio que pagan es muy alto: la infelicidad».

Por este motivo, la directora del colegio Estilo, Susana Aldecoa, iniste a los padres en que todo se fragua desde la infancia «y todos los matices que rodean a los niños a estas edades son importantes». En las aulas del colegio Estilo se concede mucha importancia a las emociones y a la formación integral de los alumnos desde que son muy pequeños. Combinan la formación humanística y la cultural con la excelencia, la responsabilidad, el respeto a los demás, la convivencia… «Les enseñamos a pensar, a empaparse de buena literatura y varios idiomas. No usamos libros hasta los siete años, cuando los alumnos se estrenan con Dickens, y tenemos asignaturas complentarias como el debate, para que aprendan a mostrar y defender su propios criterios, el arte, la religión, ajedrez o la música, entre otras».

No hay que olvidar, tal y como apunta Álava Reyes, que a los seis años se desarrolla el 80% de su acervo intelectual y a los 8 años se instala su personalidad. Reconoce que cada vez es más frecuente encontrarse en consulta a jóvenes de 20 años con una edad emocional de ocho años. «Hay que hacer saltar las alarmas en la sociedad porque el gran fracaso de nuestro país es tener una población que no está bien educada emocionalmente. Si no se pone remedio, estos adolescentes mañana tendrán hijos y ¿cómo les educarán?: carentes de valores emocionales. La bola irá creciendo. Hay que reaccionar ya».

Pautas positivas

 
 
•La educación debe iniciarse desde la edad más temprana.
•La relación entre profesores y alumnos debe sustentarse en el respeto y el afecto.
•Es esencial razonar con los niños al enseñarles buenos hábitos y normas para que los incorporen como propios a su bagaje personal.
•Hay que estimular la curiosidad del niño y reforzar su motivación.
•Debemos valorar la memoria como instrumento útil para el aprendizaje.
•Cada niño tiene su propio ritmo evolutivo.
•Los niños con dificultades deben recibir tratamientos específicos, pero sin perder de vista la integración con los demás alumnos.
•Es necesario fijarles normas, hábitos positivos y límites. El NO también educa.
•A los niños les influyen más los ejemplos de sus padres que los discursos o sermones.
•En ciertas situaciones, es productivo pactar con el niño para obtener un compromiso por su parte.
•Es esencial vigilar el comportamiento general y la conducta alimentaria del niño o el joven para detectar posibles trastornos.
•Asimismo, es necesario detectar posibles relaciones peligrosas, en especial en la adolescencia.
•Hay que transmitirles valores: respeto, tolerancia, sentido de la justicia, aprecio del arte y la cultura, interés por conocer y entender la diversidad de sociedades y costumbres.
 

ERRORES MÁS FRECUENTES

•La falta de tiempo para estar con los hijos y educarlos.
•La inflexibilidad de los padres, que puede frustrar a los niños.
•Lo contrario: pretender ser “colegas” en lugar de desempeñar el papel de padres.
•La no aceptación por parte de los progenitores de la realidad escolar o de la capacidad real de los niños, que conduce a la frustración de los padres.
•La elección de un centro educativo no acorde con las características del niño.
•Las divergencias entre los criterios educativos de los padres y los profesores.
•Las diferencias de criterios educativos y los mensajes contradictorios dirigidos a los hijos por parte de ambos progenitores.
•Sobreproteger a los niños impidiendo que hagan cosas para las que están capacitados, como, por ejemplo, colaborar en las tareas hogareñas.
•Permitir el abuso de los videojuegos o de internet en detrimento del deporte y las actividades al aire libre.
•La permisividad y la falta de normas, que les desorientan y les privan de objetivos y valores.
•Cederles a los adolescentes el control de su entorno, renunciando a ejercer una razonada autoridad.
•Tolerarles conductas irrespetuosas o violentas.
•No requerir la ayuda profesional cuando la situación lo hace necesario.
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Acerca de Juan de Dios Martín

Orientador de Educación Infantil y Primaria
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