“Manifiesto del orgullo docente”. José Antonio Marina (El Mundo)

Manifiesto del orgullo docente, de José Antonio Marina en El Mundo

TRIBUNA: REFORMA EDUCATIVA

El autor convoca a los ciudadanos a impulsar una mejora de la educación. Asegura que los problemas de la escuela competen a «la tribu entera».

El sistema educativo español está estancado. Desde hace muchos años ocupamos un puesto mediocre, que no ha cambiado aunque a veces haya aumentado nuestra inversión en educación. Como en otros aspectos de nuestra sociedad, nos refugiamos en una cómoda e indolente impotencia. Estamos empezando a creer que la solución de nuestros problemas no depende de nosotros, sino de otros, lo que no hace sino alimentar un gigantesco sistema de excusas. San Agustín temía al que requiescebat in amaritude, a los que se instalaban plácidamente en la amargura. Somos carcomas de nosotros mismos. España es un dejà vu. Oigo los debates educativos y me parecen provincianos y desenfocados. Recuperemos la sensatez. Lo que importa son nuestros niños y jóvenes, y creo que los políticos, que están en sus cosas y en sus guerritas, se han olvidado de ellos. En el mundo educativo están pasando cosas muy importantes. La revista Forbes del pasado 19 de noviembre, titulaba en portada: «La oportunidad del trillón de dólares». ¿Cuál es? La educación. El subtítulo era esclarecedor: «Ningún sector opera más ineficientemente que la educación. Una nueva casta de innovadores viene a resolverlo». Grandes multinacionales están dispuestas a hacerse cargo de este gran negocio. Los sistemas educativos no se enteran de lo que está sucediendo a su alrededor. Más aún, las sociedades no se enteran. La educación es un asunto demasiado importante para dejar que lo rijan las meras leyes del mercado. Tenemos que saber a dónde queremos ir, qué tipo de personalidades queremos educar, a qué modelo de sociedad aspiramos.

Nuestros ciudadanos tienen derecho a saber que los problemas educativos tienen solución a corto plazo y sin necesidad de grandes dispendios presupuestarios. Lo repito, por si la incredulidad les ha impedido comprender la frase: Tienen solución a corto plazo y sin grandes dispendios presupuestarios. Se trata de aplicar el conocimiento, la determinación y la sabiduría en la gestión. Los estudios más fiables que tenemos, por ejemplo los dos informes McKinsey, los trabajos de Michel Fullan, o de Tony Wagner y su equipo de Harvard, las hojas de ruta de los países que han progresado educativamente en los últimos decenios, muestran que se puede conseguir un sistema educativo de alto rendimiento en un plazo que oscila entre tres y cinco años. ¿Vamos a conseguirlo? No. Nos perderemos en la implementación de una nueva ley. Toda nueva ley bloquea el sistema educativo durante una legislatura, por lo menos. ¿Sería necesario conseguir un pacto de Estado sobre educación? Sí. ¿Vamos a conseguirlo? No. Por eso, hace meses escribí en estas páginas sobre la necesidad de un «pacto social» educativo. Las respuestas que he tenido me animan a repetirlo. Somos los ciudadanos los que debemos tener claras nuestras ideas sobre educación, para después presionar a los políticos. Cada uno de nosotros debemos pensar en lo que podemos hacer para mejorar la educación. Por eso, como docente, creo que no debemos esperar que nadie acometa la reforma educativa. Nosotros somos quienes debemos encabezarla, exigiéndonos más, siendo más conscientes de nuestro puesto en la sociedad, que es el de cuidadores del futuro, trabajando mejor, pidiendo a la sociedad más responsabilidades, más exigencias, y también más respeto. Necesitamos una escuela expansiva, no a la defensiva. Por todo esto, he publicado un Manifiesto del orgullo docente, que transcribo a continuación.

«Tradicionalmente, los docentes han sido los encargados de transmitir en la escuela la cultura de una comunidad. Pero vivimos tiempos acelerados y complejos, y esa función resulta insuficiente. Debemos ser la conciencia educativa de la sociedad, pensar en nombre suyo la mejor manera de educar a nuestros niños y niñas para un futuro incierto, crear una cultura educativa que penetre en la sociedad entera. No se educa sólo en la escuela, sino también en la familia, los medios de comunicación, los intercambios cotidianos, las empresas, la sociedad en su conjunto, y eso nos obliga a salir de la escuela para estar presentes en todas partes, porque en todas partes se educa. Tenemos que definirnos como una profesión de vanguardia, puesto que el progreso de las sociedades depende de la educación, e intervenir en todos los debates educativos con conocimiento, objetividad y reflexión, pensando en nuestros alumnos. Vivimos en la era del aprendizaje permanente, y los docentes, expertos en aprendizaje, debemos ayudar a establecer una cultura de la curiosidad, del rigor crítico, del conocimiento, de la sensibilidad artística, de la claridad ética.

Los docentes solos no podemos resolver los problemas de la escuela, pues es verdad que para educar a un niño hace falta la tribu entera. Pero creemos que somos nosotros los que debemos comenzar el cambio, la mejora, la búsqueda de la excelencia. Movilizarnos desde dentro, para poder después movilizar al resto de la sociedad, en favor de la educación. Tenemos que pasar de una cultura de la queja y la impotencia a una cultura de la acción entusiasta. Eso implica mejorar nuestra actitud, aprender, estar alerta, convencer, hacer marketing educativo a todos los niveles, y una vez hecho esto, exigir a todas las instancias sociales la colaboración con la escuela.

Queremos dar un paso hacia la sociedad, hacernos visibles, esforzarnos para ganar su confianza, demostrando que sabemos lo que hacemos y que nuestros niños y niñas están en buenas manos. Queremos demostrar que somos los cuidadores del futuro, y que para hacerlo tenemos que desarrollar nuestro talento educativo. No podemos incitar al aprendizaje si nosotros no tenemos un afán continuo de aprender. No podemos reclamar el res- peto de la ciudadanía si no estamos previamente penetrados del orgullo de nuestra profesión. En una sociedad inclinada a la pasividad y al desánimo, aspiramos a demostrar que el gran cambio debe comenzar por la educación, y que nosotros, los docentes, deseamos ser motores de ese cambio».

Me gustaría que los docentes -y los no docentes también- se adhirieran. Pueden hacerlo en jamarina@movilizacioneducativa.net o en http://www.CEIDE-FSM, el Centro de Estudios sobre Innovación educativa que he puesto en marcha. Como dijo Goethe, se trata de «desintoxicarnos de la pasividad, y en lo bello, verdadero y bueno, vivir resueltamente». ¿Se animan a participar?

José Antonio Marina es filósofo, escritor y pedagogo.

Acerca de Juan de Dios Martín

Orientador de Educación Infantil y Primaria
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