Acoso escolar: 11 actitudes erróneas (y una mala solución) que impiden frenar el bullying

¿Por qué a veces da la impresión que no podemos frenar el acoso escolar? ¿Por qué este problema social tan preocupante, también conocido como bullying, sigue estando muy presente en la vida cotidiana de tantas familias y tantos colegios? ¿Será verdad eso que “a veces empezamos a apagar el fuego cuando la casa ya está prácticamente quemada”?

El presidente de la Asociación Española para la Prevención contra el Acoso Escolar (AEPAE), Enrique Pérez-Carrillo, ha tratado multitud de casos de acoso escolar, bullying, ciberacoso y todo tipo de agresiones entre menores de edad, algunos muy pequeños, producidas en el contexto escolar.

Pérez-Carrillo, periodista, profesor y Máster en Defensa Personal Policial (es cinturón negro 9.º Dan de Yawara Jitsu), tiene un diagnóstico claro: los protocolos de actuación de los colegios no bastan. Hay que anticiparse al acoso y, sobre todo, evitar errores como estos 11 que describe a continuación, y que se oyen con demasiada frecuencia en casas y colegios. Los ha desmontado uno por uno la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), donde ha impartido una Openclass invitado por el Máster Universitario en Psicopedagogía.

1. “Son cosas de niños y no pasa nada”.

Sí, pasa. Y pueden pasar cosas muy graves, como suicidios de escolares inducidos directamente por una situación de acoso en la escuela. Es cierto que los niños juegan y a veces pueden hacer daño. Recibir una patada en un juego puede ser normal. Jugar a dar patadas a un compañero, no.

Tampoco puede admitirse cualquier forma de maltrato verbal, como los insultos reiterados, o que un niño no sea nunca invitado a un cumpleaños por nadie de su clase.

2. “Es parte del crecimiento. Los niños pequeños no acosan”.

Los niños pequeños sí acosan. Incluso a edades más tempranas de lo que se piensa. Es perfectamente posible que un niño no sea consciente del daño que hace cuando insulta o pega reiteradamente a un compañero o le quita las chuches. Pero si este niño acosador no es corregido, no lo sabrá nunca, y habrá más probabilidades de que repita ese comportamiento en el futuro con sus padres, sus subalternos, su futura pareja, etc.

Para que exista acoso deben cumplirse dos condiciones: que el agresor tenga consciencia de lo que se hace y que tenga intención de hacer daño. Cabe admitir que un niño pequeño que agrede reiteradamente a otro no sepa calibrar la gravedad de sus acciones. Pero no cabe duda de que tiene intención de dañar. El educador debe parar lo último y aprovechar la ocasión para corregir lo primero.

“Los padres sobreprotectores deberían acudir como como público a un juicio de menores para ver lo que pasa cuando no se corrige a los niños a tiempo”.

3. “El acoso escolar solo pasa con niños tímidos e introvertidos”.

Según el presidente de APAE, no existe un perfil concreto de víctima y de acosado. También la gente extrovertida o con amigos puede sufrir algún tipo de bullying. La víctima de acoso escolar se define por alguno de estos dos rasgos:

a) Tiene una singularidad que le distingue del resto y que se convierte en objeto de agresiones: que es muy listo, poco listo, gordo, muy bajo, muy alto, que lleva gafas, que el color de su piel es distinto…

b) Se produce una circunstancia que le pone en el foco: por ejemplo, haber fallado un gol importante en un partido, etc. Una agresión puntual no corregida puede repetirse y alargarse en el tiempo hasta convertirse en acoso.

4. “No hay que hacer caso al acoso: termina desapareciendo por sí solo”.

Enrique Pérez – Carrillo compara el proceso de acoso con una bola de nieve. Al principio no parece importante, pero si no se para a tiempo se convierte en una mole que aplasta a la gente. Cuanto antes intervenga el educador, mejor.

No puede ampararse en frases como“ así es la vida”, “tranquilo, esto pasará con el tiempo”, “si te acosan, no hagas caso” o peor, “pégales tú, defiéndete”.

Hay que lograr que la víctima de bullying no adopte una actitud pasiva o agresiva, sino asertiva: atajar el acoso sin violencia, con las herramientas adecuadas.

“Ocho de cada diez padres se ponen de parte de sus hijos cuando el menor es acusado de bullying”.

5. “Si no hay agresiones físicas, no podemos hablar de acoso”.

Insultar a una persona, convertirla en objeto de desprecio social o aislarla del resto de compañeros son gotas que, por acumulación, acaban destrozando la confianza del niño. Está comprobado que el deterioro de la autoestima puede generar estrés postraumático y tendencias suicidas.

Hace años se pensaba que solo se podía hablar de acoso escolar cuando se producía una agresión física. Hoy se sabe, gracias a distintas investigaciones, que las agresiones físicas suponen sólo un 10 % del global de los casos de bullying escolar. A veces las consecuencias psicológicas del acoso pueden ser peores que las físicas.

6. “Si no pasa muchas veces no es acoso”.

¿Cuánto tiempo es‘ muchas veces’? ¿Cuántas agresiones debe soportar una persona para que la dejen de maltratar? El presidente de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar alerta contra algunas opiniones que sostienen que no se puede hablar de acoso hasta que no pasen 6 meses de maltrato continuado. Según el criterio de AEPAE, una agresión puede considerarse algo puntual. Dos agresiones pueden quizá obedecer a una casualidad. Pero un daño que se inflige por tercera vez consecutiva implica una reiteración y una actitud que debe ser tratada.

7. “El acoso escolar ha existido siempre”.

¿Es razonable permitir que un mal persista, o no combatirlo, por el hecho de que “ha existido desde siempre”? Pérez-Carrillo recuerda que hoy en día, gracias a numerosos informes e investigaciones sociales, se conoce mucho mejor que antes las nefastas consecuencias de no evitar el acoso escolar: depresión, ansiedad, suicidio… Además, los niños tienen cada vez más fácil acceso a escenas de violencia, y están perdiendo el respeto tanto a la figura del profesor como a la del mismo padre o madre. El presidente de APAE recuerda la justificación que le dio un chico de 12 años que maltrataba a su compañero: “Lo hago porque puedo”. Lo que haya sucedido en el pasado con un problema no puede convertirse en referencia de conducta si no ha servido para solucionarlo.

“Que un niño no tenga responsabilidad penal no significa que no tenga derecho a ser corregido”.

8. “El colegio ha hecho lo que debía: ha abierto el protocolo”.

Un protocolo contra el acoso es muy útil… si evita que se produzca o si, una vez producido, contribuye a atajarlo. Pero la mera existencia y la aplicación de un protocolo, por sí sola, no soluciona nada. Muchos protocolos contra el bullying son puramente reactivos: “Empiezan a apagar el fuego con un extintor cuando la casa incendiada ya está en ruinas”, explican desde AEPAE. “Los niños son material sensible que debe ser rápidamente protegido”. Cuando, por seguir un protocolo, los educadores se dedican a rellenar formularios, se convierten más en continuidad del problema que en solución del mismo. Por el contrario, los protocolos de prevención son más eficaces, pues reducen un 50% los casos de bullying en centros educativos.

9. “Mi hijo no acosa: eso es imposible”.

Nadie se comporta en su casa con la misma naturalidad que en su trabajo. Los niños tampoco. “Los padres no somos conscientes de todo lo que hace nuestro hijo en el centro escolar”, afirma Pérez-Carrillo, quien lamenta el dato de que 8 de cada 10 padres se ponen de parte de su hijo acusado de acoso escolar. Para revertir esta situación, recomienda a los padres sobreprotectores que acudan como público a un juicio de menores, para comprobar con sus propios ojos en lo que se puede convertir un hijo al que no se le ha corregido a tiempo.

En ocasiones, el centro escolar cumple con todos los pasos requeridos para evitar un acoso y son los padres quienes impiden que su hijo reciba un castigo educativo, como llegar una hora antes al colegio o limpiar el aula.

Es fundamental que los padres apoyen las sanciones, no punitivas sino educativas, que se aplican a sus hijos cuando han acosado a un compañero.

“Convertir a un niño en objeto de desprecio social o aislarle del resto de compañeros son gotas que destrozan su ánimo”.

10. “¿Cómo no me he dado cuenta de que mi hijo sufre acoso?”.

Todo acoso arroja unas señales que pueden ser percibidas en el entorno de quien lo sufre, siempre que se preste la atención debida. Los padres deben estar atentos a señales que pueden indicar que algo no marcha bien : el niño tiene miedo, duerme mal, pierde con frecuencia los útiles escolares, llega con arañazos o cicatrices, se levanta con vómitos, mareos o fatiga… A un padre que se sorprende al enterarse de que su hijo sufre acoso, hay que preguntarle: ¿conoces bien a tu hijo?

11. “No se puede hacer nada contra los acosadores porque no hay sanción penal contra ellos”.

Que un niño no tenga responsabilidad penal no significa que no tenga derecho a ser corregido. Si para reeducarlo hay que castigarlo, debe aplicarse el castigo adecuado para corregir sus errores. El niño que acosa tiene una responsabilidad y debe entender que sus malos comportamientos arrastran consecuencias negativas para él. El presidente de APAE recomienda que los centros educativos gocen de cierto margen de autonomía para sancionar a los niños acosadores sin contar con permiso de los padres. Además, debería dotarse a los colegios de más recursos para medir la incidencia del acoso entre sus alumnos, pues ya hay numerosas herramientas disponibles para ello.

Y LA MALA SOLUCIÓN…

“Ante un acoso escolar, lo mejor es cambiar a la víctima de colegio y expulsar al causante del bulliyng”.

Ni lo uno ni lo otro. Empezando por el final, la expulsión del colegio como castigo por un acoso puede resultar contraproducente. El niño puede interpretar como un beneficio estupendo el haberse quedado sin clases. No tiene que madrugar y encima, cuando se queda solo en casa, puede disponer de tiempo libre para jugar a lo que le apetezca. De modo que cuando termina el castigo, hay más probabilidades de que repita su actitud de acoso para provocar una nueva expulsión.

Tampoco puede ser, según Pérez-Carrillo, que los inspectores de Educación eludan su responsabilidad y que ofrezcan a los padres de una víctima de acoso el cambio de colegio como única salida.

Los castigos a niños deben ser educativos: entrar una hora antes al colegio, limpiar las aulas o reparar un destrozo ayudan más que una expulsión al alumno acosador y, además, sirve de ejemplo para el resto.

“Hay adolescentes que, al llegar a casa después de una juerga, levantan a sus madres a las cuatro de la mañana para que les haga la cena; o que las amenazan si no les meten 20 euros de saldo al móvil. Ahí se llega con 16 años cuando no se toman medidas serias a los 6”, concluye el presidente de AEPAE.

@martinalgarra

 

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“Los ateos …” (Frase de Javier Cercas)

PIEDRAS PRECIOSAS

“Los ateos estamos libres de pecado”

(Frase  que copio  de un artículo de   Javier Cercas y   que él recogió en un  grafiti  en las calles de Sevilla)

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Señales de altas capacidades en bebés

Es muy importante que los padres identifiquen las señales de cara a una detección temprana

Señales de altas capacidades en bebés

Un niño o niña con altas capacidades es un bebé distinto. Muchos padres, especialmente los primerizos no logran identificar el porqué de esa diferencia, pero la mayoría de ellos se dan cuenta de que su hijo es diferente desde prácticamente el primer momento.

Dado que la sobredotación es una condición en su mayor parte genética, es muy importante que los padres sean capaces de identificar todas estas señales ante una detección temprana, la cual va a facilitar mucho la crianza y educación de su hijo o hija: elección del centro educativo, momento de escolarización, entendimiento de los padres acerca de cómo es su hijo y cuáles son sus necesidades psicoafectivas… es decir, poder comprender el porqué de una situación reduce enormemente la ansiedad y nos coloca en el camino de la búsqueda de soluciones. Un bebé superdotado necesita unos padres que sepan y entiendan cómo es su hijo porque ello será garantía de un desarrollo pleno y en definitiva de lo que todos los padres queremos: que nuestros hijos crezcan felices.

Algunas de las señales que presentan estos bebés son:

  • Su mirada: es enfocada y alerta, una mirada que parece preguntar desde minutos después del nacimiento.
  • Demandan estimulación constante y se aburren cuando no la reciben. Cuando se estimula a estos bebés con canciones, palabras, etc.… el nivel de atención es total.
  • Se aprecia memoria en las primeras semanas, capaces de recordar y reconocer lugares, personas, objetos. Algunos pueden reproducir canciones con menos de dos años.
  • Duermen menos y con mayor dificultad que los demás bebés, les cuesta mucho conciliar el sueño y tienen menor necesidad de este.
  • Se sobrestimulan con los juguetes típicos de cuna o carrito que giran o se mueven de forma constante.
  • Hipersensibles a olores, sonidos, texturas… son las primeras señales de la hipersensibilidad sensorial.
  • Aparecen las primeras palabras en torno a los seis meses y al año puede sostener una conversación.
  • También comienzan a caminar de forma precoz, sobre los 8 o 9 meses, casi siempre antes del año.
  • En general, suelen ser bebés muy hábiles a nivel motriz.
  • Se interesan muy pronto por letras y números.
  • Capaces de aprender por sí solos a leer antes de los cuatro años.
  • Se muestran desobedientes.
  • Intuyen rápidamente conceptos matemáticos como suma o resta en torno a los tres años.
  • Les fascinan los cuentos y nunca tienen suficiente.
  • Son bebés agotadores, movidos, curiosos, nunca parecen cansados.

El que un bebé muestre algunas de estas características no significa necesariamente que vaya a ser un niño o niña con altas capacidades, sin embargo, estos son algunos indicadores que los padres deben tener en cuenta a la hora de observar la evolución de su hijo y así tener más claridad sobre la posibilidad de que efectivamente, el niño lo sea. La detección temprana solo trae beneficios y nos ahorra muchas frustraciones, tanto a padres como a hijos.

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Frase de Pascal

PIEZAS  PRECIOSAS

La mayoría de los males les vienen a los hombres por no quedarse en casa

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“Hay que salir del armario de la dislexia”. Luz Rello, investigadora.

De pequeña se aprendía de memoria los libros para simular que leía rápido como los otros niños. Pero no podía: era disléxica. Hoy, con 33 años, es una investigadora multipremiada, lingüista y doctora en ciencia computacional. Acaba de presentar una aplicación que en apenas 15 minutos detecta el riesgo de padecer este trastorno. Aquí habla sobre su cruzada.

 

MARTES 11 DE ABRIL DE 2017

CUANDO tu hija cumple seis años te llega la certeza de que algo no va bien. Tarda en leer y escribir, le cuesta aprender los días de la semana y los colores, tiene dificultades para abrocharse los botones del babi o los cordones de los zapatos. En el colegio te dicen que la niña es inmadura, dispersa, vaga. Y es solo gracias a un encuentro casual con otra madre que ha pasado por el mismo infierno cuando descubres que lo que tiene es una “dislexia de libro”. Después de “muchos suspensos, mucho esfuerzo, muchas decepciones y mucho sufrimiento”, cuenta ahora Gloriana Hernanz, su hija estudia tercero de Veterinaria y ella ha dejado su trabajo para dedicar todo su tiempo a la asociación Madrid con la Dislexia, de la que es vicepresidenta. “Estos niños sufren muchísimo”, explica, “por el desastre emocional que conlleva sentirte diferente en clase cuando eres pequeño”. Pero añade, sonriendo: “Luz es la esperanza de que ese sufrimiento acabe en algún momento. Ha abierto la puerta a un vendaval”.

Luz Rello (Madrid, 1984) atiende a la conversación y sonríe, aunque se revuelve incómoda ante los halagos. A sus 32 años, esta lingüista y doctora en ciencia computacional debería estar acostumbrada a los elogios. Ha dado conferencias por todo el mundo y ha recibido decenas de becas, galardones y reconocimientos; el último, el Premio Princesa de Girona en 2016. Para muchas personas Rello es más que una investigadora. En cada una de sus ponencias aparecen padres con niños disléxicos que quieren aprender de ella, inspirarse en su ejemplo. Intentan entender cómo una chica de treinta y pocos años ha hecho lo que ha querido en la vida. Y es que Luz Rello no solo trabaja para acabar con un trastorno que afecta a entre el 10% y el 15% de la población. Investiga para que otros no pasen por lo que ella ha pasado. También es disléxica.

La entrevista se celebra en Madrid. Rello acaba de presentar ante cientos de personas Dytective, un innovador test desarrollado con Samsung que permite detectar el riesgo de dislexia en 15 minutos. Poco después de la entrevista hablaría de ello a los patronos de la Fundación Princesa de Girona, en el Palacio Real. Durante la conversación se emociona a menudo. Dice que es “uno de los días más importantes” de su vida.

“LA DISLEXIA ES UN TRASTORNO OCULTO. ES MUY DIFÍCIL DE DETECTAR PORQUE APARECEN OTRAS FORTALEZAS PARA COMPENSAR LAS DIFICULTADES”

¿Se puede detectar la dislexia con una app? Dytective Test es un detector de riesgo de tener dislexia, pero no hace un diagnóstico. Aplicamos metodologías de cribaje para saber qué alumnos tienen riesgo de tener dificultades de lectoescritura y, de todas esas dificultades, la dislexia supone un 80%. La herramienta que hemos creado es muy simple, aparentemente. Se trata de hacer juegos como rellenar palabras o buscar errores, y dura unos 15 minutos. Analizamos unas 200 variables con un sistema muy sofisticado, y después se elabora un índice del riesgo de dislexia. Pero esto que parece tan simple ha llevado más de dos años de investigación exclusiva y casi siete de recopilación de datos. Han trabajado siete personas en el equipo científico, una treintena de asesores y unos 300 voluntarios, sobre todo profesores y terapeutas. Además, han colaborado las familias, que fueron implicando a más gente. En total hemos llegado a 10.000 personas. Lo más emocionante, para mí, es que la investigación ha salido a la calle; ha sido como un gran crowdsourcing de investigación entre miles de personas.

¿A quién está dirigido este test? El diagnóstico oficial de la dislexia es lento y caro. La app la pueden usar familias y profesionales que quieran tener datos de forma rápida y barata, ya que es gratis. Pero lo que me gustaría es que se utilizara en los colegios. Es la clave para la detección del riesgo de dislexia.

Luz Rello empezó a recibir galardones cuando salió de la escuela. Fue premio a la Excelencia Académica de la Comunidad de Madrid (2007-2008). También ha recibido un reconocimiento como Mejor Investigadora Joven Europea (2013) y el Premio TR35 a los innovadores menores de 35 años del MIT (2014). El de Emprendedora Social Ashoka (2014) le ha permitido crear la empresa Change Dyslexia. “Nuestra misión es que todo el mundo, independientemente de su condición social, tenga acceso a una detección gratuita y a un apoyo científicamente validado”, explica. “Sin obstáculos. Porque hay tres barreras en la dislexia: el desconocimiento, las dificultades de lectura y escritura y los bajos recursos”.

Hablemos de esa primera barrera. ¿Qué es la dislexia? La dislexia se define como una dificultad específica de aprendizaje, con origen neurológico, que afecta a la lectura y a la escritura. Los disléxicos tienen dificultades para leer y escribir, independientemente del resto de las capacidades cognitivas. Su rendimiento no se corresponde con sus capacidades. Cuando una persona lee o escribe mal se piensa que es tonta. No tiene nada que ver.

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JAMES RAJOTTE

Se calcula que el 40% de la población disléxica no está diagnosticada. ¿Por qué? Es un trastorno oculto. Y le puedo contar el porqué con el primer recuerdo de mi vida. Estaba en preescolar. Todos estábamos sentados en un círculo y teníamos una cartilla con cuatro imágenes, cada una de ellas asociada a una palabra. La profesora nos pidió que pronunciáramos una de esas palabras. Yo lo veía todo bien, pero no era capaz de expresarlo. Así que lo que hice fue concentrarme en recordar la palabra que dijo otra niña, a ver si colaba. Y coló. La maestra, claro, no se dio cuenta de nada. Yo solo asumí que era más tonta que el resto y que tendría que ir trampeando para que nadie se diera cuenta.

¿No pensó en contarlo, a la maestra o a sus padres? No, porque cuando eres pequeño lo único que quieres es ser como los demás. Era mi secreto. Me aprendía los libros de memoria y luego se los leía a mis padres. Sin leerlos, claro. De una manera intuitiva, lo que intentaba era demostrar que se me daba bien precisamente aquello que no sabía hacer. Cuando empecé a suspender Lengua por faltas de ortografía fue cuando el problema salió a la luz. Pero fue muy tarde, cuando tenía ya 10 años.

¿Y cómo salió a la luz? Fue una profesora la que se dio cuenta, y empecé a ir a grupos de apoyo. Pero la cuestión es que los propios disléxicos no saben que tienen un problema. Solo sabes que eres lento y, normalmente, intentas ocultarlo. Aprendes todo lo que necesitas para salir adelante. Así como los ciegos tienen mejor oído o mejor sentido de la orientación, los disléxicos quizá tienen mejor memoria, o mejor memoria visual. Aparecen fortalezas para compensarlo. Y por eso es tan difícil de detectar. Cuando ya sacaba buenas notas no le contaba a nadie que tenía dislexia. Ahora sí veo que ayuda contarlo, y lo hago. A mucha gente que conozco con dislexia le pido: “Dilo, por favor, eres un empresario de éxito, o un pintor, lo tienes que contar”. Les digo que tienen que salir del armario porque hay un montón de niños ahí fuera a los que van a animar. Tener ejemplos de personas con éxito, o que simplemente llevan una vida normal, es muy importante para ellos.

¿Y por qué decidió dedicar su vida a investigar algo que le hacía sufrir? Fue por Ricardo [Baeza-Yates], mi director de tesis. Él me cambió la vida. Se dio cuenta del problema porque al escribir artículos científicos acabas cometiendo faltas de ortografía u otros errores. Así que le dije: “Tengo dislexia, pero no pasa nada, ya lo corrijo”. Y él me respondió: “¿Cómo que tienes dislexia? ¿Y por qué no investigas este problema, tú que lo conoces?”. Y pensé: “Pues tiene razón” [se ríe].

Al otro lado del teléfono, Baeza-Yates explica que lo mejor para afrontar un problema “es conocerlo de verdad”, y por eso animó a su pupila a trabajar en este trastorno. El investigador en ciencia computacional de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona cree que Rello es muy inteligente, apasionada y, sobre todo, incansable. “Si una persona tiene esa dificultad y estudia Lingüística…, ya sabes que va a ir contra corriente”.

¿Cuál cree que es el mayor desafío al que se enfrentan quienes trabajan en la investigación de la dislexia? Hay varias características que complican la investigación de este trastorno. La primera es que hay mucha variación, lo que provoca que el problema sea mucho más complejo. Cada persona aprende a compensar de forma diferente, así que te encuentras a disléxicos con unas capacidades y otros con otras. La segunda cuestión es que la dislexia muy pocas veces aparece sola. El fenómeno se llama comorbilidad. Hay un montón de dificultades o trastornos asociados y, aunque sabemos que es así desde un punto de vista estadístico, aún se desconoce la causa neurobiológica. La neurología avanza mucho, y hay estudios fascinantes. Por ejemplo, el lenguaje está en el hemisferio izquierdo, pero cuando los disléxicos leen y escriben se activan áreas en el hemisferio derecho que no se activan en los que no lo son. El cerebro se apaña como puede…

¿Qué otros trastornos se asocian con la dislexia? El más frecuente es el déficit de atención, que aparece en alrededor del 40% de los casos. Otro es la discalculia [dificultad para hacer cálculos matemáticos], que acompaña también a aproximadamente el 40% de los disléxicos.

“A UN NIÑO CON DISLEXIA, PRESIÓN CERO. YA TIENEN LA PRESIÓN DEL COLEGIO, DEL TERAPEUTA, DE SUS COMPAÑEROS, DEL SISTEMA Y, SOBRE TODO, LA SUYA PROPIA”

Si una persona hace su test y el resultado le dice que hay indicios de que puede tener dislexia, ¿qué debe hacer? Hay un botón de “más información” a través del cual le derivamos a un profesional. Es importante que den ese paso, porque quizá nos hemos equivocado. También hemos recopilado los datos de todas las asociaciones de disléxicos del mundo hispano, los colegios profesionales de psicólogos y de logopedas, y estamos creando un directorio de profesionales. Queremos hacer una especie de páginas amarillas de la dislexia que ofrezcan ayuda, porque los padres pueden pasarse años dando tumbos tratando de localizar a alguien que les eche una mano.

¿La dislexia se cura? Eso es muy peliagudo. Depende de cómo definas “cura”. Podemos reducir muchísimo las manifestaciones, sí. Los neurólogos han demostrado que en niños muy pequeños aumenta su materia gris después de haber realizado una intervención. Y si defines cura como que el cerebro cambia, se empieza a ver que quizá también ocurre. Admiro mucho el trabajo de John Gabrieli, investigador del Instituto McGovern en el MIT. Cuando le conocí le pedí que evaluáramos los ejercicios de entrenamiento de DytectiveU con imagen neuronal. Me preguntó: “¿Puedes medir diferencias en el comportamiento?”. Yo le dije que sí, y él me respondió: “Entonces no es necesario hacer la evaluación. Si el rendimiento de la persona cambia, si lee diferente, si escribe diferente, es que el cerebro ha cambiado”. Eso sí, hay una salvedad. Las personas con dislexia, cuando leemos y escribimos, gastamos mucha más energía que el resto. A pesar de que podemos leer y escribir bien, leemos y escribimos significativamente más despacio.

¿Cómo es el día a día de un niño disléxico? Muy complicado. Al hacer los deberes tarda mucho más. Los que se lo pueden permitir, van a un logopeda. Eso les quita tiempo de un montón de cosas, como jugar al fútbol o al tenis o ir a ballet. Y algo que sigue ocurriendo en los colegios, y es tremendo, es la risa de los compañeros. Si te hacen leer en alto en clase es un machaque emocional.

¿Qué les diría a los padres que están pasando por esa situación? Tengo un mensaje muy claro, solo uno: que los quieran mucho. Nada más. Presión, cero. Ya tienen la presión del colegio, del terapeuta, de sus compañeros, del sistema y, sobre todo, la suya propia, que va a ser más fuerte que ninguna porque quieren ser como los demás. La dislexia te mina la confianza, porque no te puedes fiar de ti mismo. Cuando lees, no sabes si estás leyendo bien o mal. Y eso es durísimo. También hay una obsesión muy dañina sobre en qué momento comienzan los niños a leer. Los padres lo comparan entre ellos porque creen que si sus hijos empiezan antes son más listos que los de los demás. Y leer antes no tiene que ver con la inteligencia.

¿Qué otras cosas cree que son perjudiciales en el actual sistema educativo? Hay dos cuestiones clave. Cuando tienes que aprender algo, hay que leerlo. Y cuando debes demostrar algo, lo tienes que escribir. Así que cuando soportas dificultades para leer y escribir, aunque hayas estudiado mucho y lo sepas todo, tienes un problema, porque el canal está roto. Lo que puede cambiar es que la manera de aprender no sea solo la lectura; se pueden usar, por ejemplo, audiolibros o vídeos. Y debe cambiar también la manera de examinar, con más exámenes orales.

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JAMES RAJOTTE

Usted se formó en España, pero ahora lleva casi tres años fuera, en la Universidad Carnegie Mellon (EE UU). ¿Podría haber conseguido aquí todo lo que ha hecho? Es difícil de decir, pero yo creo que no. Estados Unidos me ha enseñado a pensar a lo grande. Quizá en España nunca me habría tirado a la piscina con Dytective Test. Estar en un ambiente como el de Carnegie Mellon ayuda a no tener tanto miedo, a no limitarte. Pero también quiero ser justa con España, porque me ha dado muchas oportunidades y he trabajado con investigadores excelentes.

¿Qué le gustaría conseguir en su investigación? Hay un futuro inmediato, y hay sueños. Lanzamos DytectiveU, un videojuego con ejercicios de apoyo personalizados, y también queremos hacer Dytective para prelectores, ya que funciona solo a partir de los siete años. Y quizá dentro de una década, cuando millones de personas hayan usado Dytective y tengamos muchísimos datos, ¿a que estaría bien tener una herramienta que en lugar de detectar tus problemas te dijera en qué eres bueno, para potenciarlo? Hemos empezado ya con música y con matemáticas. La idea es que esa herramienta te diga: “Mira, tienes que dar clases de apoyo, pero como te metas a diseño gráfico, triunfas”. Todo el mundo tiene algo bueno, y me gustaría ayudar a sacar los diamantes que hay en el interior de tanta gente.

¿Y los sueños? El sueño es poder dar apoyo a todo el mundo sin barreras, reducir el abandono escolar, y que la dislexia deje de ser un trastorno oculto. Y una cosa que espero ver antes de morirme: que la gente empiece a poner que es disléxico en el currículo. Sería como una prevención, algo que signifique: “Mira, en leer y escribir voy a ser más lento que el resto y voy a cometer errores, pero si he llegado hasta aquí es porque tengo una gran capacidad de trabajo y muchas otras fortalezas”.

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Titular de una carta al director

PIEDRAS  PRECIOSAS

“El capitalismo tiene los siglos contados”

(Titular de una carta al director de el País Semanal, día 3 de enero de 2016)

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Operación pañal: ¿cuándo está listo para quitarlo?

Julio, educador infantil, explica las señales que hace nuestro hijo que indican que está preparado para pasar al orinal

 EL PAÍS VÍDEO

¿Está mi hijo preparado para quitarse el pañal y pasar al orinal? Julio, educador de la E.I El Girasol, e Isabel, psicóloga del centro, nos explican las distintas señales que nos hace nuestro hijo que indican que está preparado para dar el salto al orinal.

Entre los indicios están saltar a pies juntos; poder subir las escaleras… Y además, es muy importante motivar y reconocer el esfuerzo de nuestro pequeño.

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