¿Bilingües? Cómo enseñar otro idioma a los niños sin forzarlos. (El Mundo)

 Aprender otro idioma

 26/01/2015 

Hablamos con Jill Stribling, directora y Fundadora del centro English for Fun, para saber lo que buscan los padres, qué implica el bilingüismo y cómo hacer que nuestros hijos aprendan otro idioma sin forzarlos.

¿Cómo son los niños bilingües?

Existe la creencia de que ser bilingüe solo se puede conseguir si el niño empieza a hablar simultáneamente dos idiomas, pero Jill Stribling no está de acuerdo: “es un mito que no se pueda ser bilingüe pasada cierta edad“, asegura. Aunque lo ideal es comenzar en paralelo, se puede ser bilingüe aprendiendo más adelante.

El 68% de la población es bilingüe -comenta Jill-. En los países del norte de Europa, o en Holanda y Bélgica, por poner algunos ejemplos, sus habitantes manejan simultáneamente dos idiomas. Países como España o Estados Unidos son los irregulares, los que se encuentran por detrás en el conocimiento de otros idiomas”.

Jill sabe de lo que habla. Ella es estadounidense de nacimiento y española de adopción; lleva en este país más de diez años.

Los niños bilingües son más creativos, desarrollan el cerebro de manera diferente y tienen una mayor autoestima

Tras cinco años de trabajo en Estados Unidos como pedagoga y psicóloga, materias en las que cuenta con una sólida formación universitaria, llegó a España para trabajar en el Colegio Americano de Madrid donde impartió clases hasta 2008, año en el que decidió emprender su aventura: English for Fun.

A lo largo de estos años, Jill ha aprendido que se puede aprender un idioma y ser bilingüe si se estudia de la manera adecuada. Ella ha encontrado ese método: que los niños se diviertan mientras aprenden. “Lo más gratificante es verles llegar sonriendo a recibir sus clases”.

Cualquier niño puede ser bilingüe“, asegura y añade que las personas bilingües no solo tienen la ventaja de saber hablar en otro idioma, con los beneficios que eso reportará a nivel profesional, sino que también condiciona psicológicamente: “los niños bilingües son más creativos, desarrollan el cerebro de manera diferente y tienen una mayor autoestima“.

Por otro lado, no se puede concebir un mundo global sin la posibilidad de comunicarse.

Aprender bien

Una apuesta segura es la inmersión total en el idioma. Cursos de inglés en los que no se hable en español facilitan que los niños se acostumbren a escuchar otra lengua, a su fonética y expresiones y lo asocien con las personas que siempre le hablan en ese idioma.

No hay que dar importancia a que los niños se resistan a hablar en inglés. Es totalmente normal que busquen comunicarse en el idioma con el que se sienten más cómodos. Poco a poco irán arriesgándose porque, con este tipo de lecciones “por inmersión” tendrán que comunciarse en ese idioma para participar en las actividades.

Si los niños se sienten presionados acabarán bloqueando el idioma y será más difícil que disfruten con el aprendizaje

Un error muy común que cometen los padres es presionar, sin darse cuenta, a sus hijos. El típico “dime algo en inglés” cuando les recogen a la salida de clase actúa de forma muy negativa sobre los pequeños.

Si se sienten presionados, acabarán bloqueando el idioma y será más difícil que disfruten con el aprendizaje y, por lo tanto, que aprendan.

Por otro lado, el cerebro necesita un tiempo para poder lanzarse a hablar en otro idioma. “Es como sumar”, comenta Jill, “es imposible que un niño aprenda a sumar sin conocer antes los números”. Intentar que el primer día de clase hablen en inglés es como pretender que hagan sumas de tres cifras cuando aprenden los primeros números.

Es importante que los padres comprendan que aprender un idioma lleva un tiempo. De hecho, los primeros 6 meses a un año, son lo que se llama “el periodo de silencio”, un tiempo necesario durante el cual el niño es incapaz de hablar en inglés, pero su cerebro está trabajando. Un día, de repente, comenzarán a construir frases correctamente.

Qué pueden hacer los padres

Es conveniente que antes de tomar la decisión de qué tipo de metodología o centro queremos para formar a nuestros hijos en otro idioma, nos informemos visitando el mismo o hablando con otros padres que hayan utilizado esa metodología.

También hay cosas sencillas que podemos hacer los padres con los hijos para ayudarles a familiarizarse con el inglés:

  • - Ver siempre la televisión en inglés. Ahora, con la TDT, es una herramienta muy sencilla al alcance de todos. Basta con cambiar el idioma en las opciones de audio.
  • - Ver películas en inglés. Además podemos aprovechar para hacer de éste un momento de diversión en familia.
  • - Podemos inculcarles el amor a la lectura también en otro idioma utilizando libros bilingües adaptados a su edad que podemos encontrar en las bibliotecas municipales y en las de los centros educativos. En algunas bibliotecas también disponen de audiolibros que podemos escuchar en casa o reservar un tiempo concreto del día, similar a la lectura de antes de dormir, como los trayectos en coche, por ejemplo.
  • - Buscar actividades sencillas y divertidas con las que acompañar al niño en su día a día. Por ejemplo, si en el colegio está aprendiendo los colores en inglés, podemos buscar en casa o de paseo cosas que sean red, green o yellow.
  • - Descargar aplicaciones para ipad o iphone en otro idioma que los niños pueden utilizar, siempre asegurándonos de que sean adecuadas para ellos.
  • - Una buena idea es que los padres se apunten a clase con los niños. Crear esta rutina hace que aumente la complicidad entre padres e hijos. No hay mejor ejemplo para los niños que sus padres.
  • - Si los padres ya hablan inglés con fluidez, pero no es su primera lengua, se han popularizado distintas técnicas para enseñar inglés a los niños que buscan que relacionen ese idioma con actividades o lugares concretos.
  • - La estrategia de tiempo: Los niños aprenden un idioma cuando ya dominan otro o aprenden dos a la vez, pero con un horario determinado. Por ejemplo, un día se habla español y el siguiente, inglés.
  • - La estrategia de actividades: se reserva la comunicación en ese idioma para una acción en concreto, como el juego o el ver una película.
  • - La estrategia de tema: La familia emplea un idioma para hablar de algo en concreto. Por ejemplo, si hablamos de las series que vemos en la televisión, lo haremos siempre en inglés.
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Aunque tú no estés pensando, tu cerebro sí lo hace: cómo educar el inconsciente. J. A. Marina (El Confidencial)

Tengo la convicción de que pronto asistiremos a grandes cambios en el modo de concebir el aprendizaje y la educación. Y, a riesgo de que me consideren un presuntuoso, añadiré que mi equipo y yo esperamos contribuir a ellos. Desearíamos que en esta sección pudieran asistir en directo a esa aventura. Por eso la hemos titulado La Nueva Frontera. Los investigadores nos movemos siempre en el límite de lo conocido y lo desconocido. Ampliamos el espacio habitable. La idea central de nuestro modelo es que la fuente de nuestras ideas, de nuestra creatividad, de nuestros sentimientos, de nuestras decisiones, no es consciente y que, por lo tanto, si queremos tener mejores ocurrencias, experimentar sentimientos más adecuados o tomar mejores decisiones, debemos educar el inconsciente.

Me apresuro a decir que no se trata del inconsciente que explotan los psicoanalistas. Estamos en las antípodas de Freud, porque este genio literario –que no se sometió nunca a criterios científicos– creía que estábamos a merced de nuestro inconsciente, mientras nosotros creemos que se puede educar. Supongo que esta afirmación herirá susceptibilidades, y por supuesto estoy dispuesto a cualquier debate. La idea de “inconsciente” con la que mi equipo trabaja  procede de la neurociencia. Hay consenso científico en afirmar que las operaciones neuronales no son conscientes. Sólo conocemos algunos resultados de esas operaciones. Eric Kandel, neurólogo premio Nobel, pensaba que no llegan al diez por ciento.

La creación matemática, concluyó Poincaré, es inconsciente

Para aclarar este fenómeno, les pondré el mismo ejemplo que pongo a mis alumnos más jovencitos. Respondan a la siguiente pregunta: “¿Han estado en Marte?”. Estoy seguro de que ninguno de ustedes ha tenido dificultad en contestarla. Lo habrán hecho con bastante rapidez. No habrán tardado más de cien milisegundos. La pregunta interesante viene ahora: “¿Cómo han sabido que no han estado en Marte?”. Supongo que responderán “lo sé” o “mi memoria me lo dice”, respuestas que son claramente insatisfactorias. Si queremos que un ordenador responda a la misma pregunta, tendríamos que hacer lo siguiente: darle una relación de todos los lugares donde hemos estado, introducir la palabra “Marte”, e iniciar un proceso de matching, de emparejamiento. Si “Marte” no encuentra pareja en la relación que hemos dado al ordenador, este dirá que no hemos estado en Marte. ¿Opera de igual manera nuestro cerebro? No lo sabemos, pero algo tiene que hacer.

Aunque tú no estés pensando, tu cerebro sí lo hace

Comencé a estudiar las posibilidades del “inconsciente cognitivo” a partir de una actividad de alto nivel intelectual: las matemáticas. Son el paradigma del pensamiento racional, que debería ser consciente hasta el escrúpulo, puesto que no puede dar ningún salto en el vacío. Pero la historia de los descubrimientos matemáticos nos dice otra cosa. Gauss, el mayor genio matemático de la historia, contó en una carta su descubrimiento de un complejo teorema de la teoría de números: “Hace dos días, lo logré, no por mis penosos esfuerzos, sino por la gracia de Dios. Como tras un repentino resplandor de relámpago, el enigma apareció resuelto. Yo mismo no puedo decir cuál fue el hilo conductor que conectó lo que yo sabía previamente con lo que hizo mi éxito posible”. Hamilton, otro gran matemático, describió así su descubrimiento de los cuaternios: “Vinieron a la vida completamente maduros, el 16 de octubre de 1843, cuando paseaba con la señora Hamilton hacia Dublín, al llegar al puente de Brougham. Allí saltaron en mi interior como chispas las ecuaciones que buscaba”. Henri Poincaré recuerda que la solución al complicado problema de las funciones fuchsianas apareció de repente en su cabeza, cuando no estaba pensando en ellas, en el momento de subir a un autobús para iniciar una excursión. Poincaré sacó de estos fenómenos la conclusión obvia: él no estaba pensando en esas funciones, pero su cerebro, sí. La creación matemática, concluyó, es inconsciente. El gran matemático inglés G.H. Hardy escribió la historia de Srinivasa Ramanujan, un intrigante matemático indio, gran experto en teoría de números, que desconocía cómo descubría sus teoremas. Atribuía la tarea a la diosa Namagiri. Por cierto, Hardy escribió un delicioso libro tituladoApología de un matemático, que para Graham Greene era la descripción más completa del trabajo creador.

El miedo está producido por el esquema no consciente productor del miedo, y lo mismo sucede con la furia, la tristeza, el entusiasmo o el amor

Esto me permite pasar del campo de las matemáticas al del arte, donde la ignorancia acerca de la fuente de las ocurrencias está mejor aceptada. Los creadores siempre han hablado de “inspiración”, de una voz que soplaba a los creadores sus ideas. Durante siglos no se supo que esa voz venía de dentro. Es el cerebro el que comunica el poema al poeta. El genial Rimbaud lo expresó en un misterioso texto: Je est un autre. El yo que escribe es otro que el que inventa el poema (que también soy yo). Cuando alguno de mis alumnos quiere ser escritor, le digo que tiene que empezar por construirse un inconsciente de escritor, es decir, debe poner a punto esa impresionante máquina de producir formas literarias. Estudié este tema con más detenimiento en el libro La creatividad literaria, que escribí con el gran escritor Álvaro Pombo.

Nuestras ideas, sentimientos y decisiones emanan del mismo lugar. (iStock)Nuestras ideas, sentimientos y decisiones emanan del mismo lugar. (iStock)

El mecanismo para educar el inconsciente es laborioso pero sencillo. Consiste en automatizar operaciones que primero vigilábamos atentamente. Aprender a conducir, o aprender un idioma, son procesos de este tipo. Al principio nos exigen una atención agotadora, pero, poco a poco, conducir o hablar se va convirtiendo en un hábito, y lo hacemos sin esfuerzo gracias al entrenamiento. Pues bien, crear, sea en matemáticas o en poesía, es un hábito y como tal se puede aprender también.

No sólo sabemos de dónde surgen las ideas. También sabemos de dónde brotan nuestros sentimientos. Son el resultado de unos esquemas generadores cuya acción desconocemos. En inglés se distingue entre emotion y feeling. Este es la emoción que se ha vuelto consciente, lo que implica que otras no lo hacen. El miedo está producido por el esquema no consciente productor del miedo, y lo mismo sucede con la furia, la tristeza, el entusiasmo o el amor.

Las decisiones que tomamos fuera de la conciencia

Todavía hay un papel del inconsciente que nos resulta más extraño. Nuestras decisiones –que parecen ser lo más propio nuestro, porque en ellas se manifiesta nuestra libertad– también suceden fuera de nuestra conciencia. Los neurólogos lo saben muy bien desde que los experimentos de Benjamin Libetdemostraron que unos doscientos milisegundos antes de que tomemos la decisión de hacer un movimiento, ya se han activado las zonas premotoras correspondientes. Es decir, el cerebro ha tomado su decisión y nos la comunica. El gran neurólogo Joaquín Fuster, en su reciente libro Libertad y cerebro,indica que en el cerebro hay una permanente pugna entre redes neuronales para hacerse cargo de la acción. La que triunfa, decide.

Su cerebro es más inteligente que usted, pero usted puede ponerlo a trabajar a su servicio

Estos descubrimientos, que aparentemente reducen nuestra capacidad de obrar, que nos convierten en autómatas, abren en realidad un fascinante campo al aprendizaje y a la libertad. Lo hacen por un camino indirecto: a través de la educación del inconsciente, es decir, de las estructuras cerebrales no conscientes que producen las ideas, los sentimientos, las decisiones. Rafael Nadal juega prodigiosamente porque es dirigido por sus automatismos musculares, por su inconsciente fisiológico. Pero ese inconsciente lo ha construido él, libre y esforzadamente, mediante el entrenamiento.

Me cuesta trabajo frenar mi entusiasmo ante las posibilidades que se nos ofrecen y que podemos trasladar a la vida de nuestros niños o a la nuestra propia. Podemos aprender a pensar mejor, a crear, a tener mejores sentimientos, a comportarnos de modo más eficiente, a ser más libres. Su cerebro es más inteligente que usted, pero usted puede ponerlo a trabajar a su servicio. Este es el campo en que trabajamos. ¿Les interesaría seguir estando informados de nuestros progresos?

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“Los cobardes….. (frase de Gandhi)

PIEDRAS PRECIOSAS

“Los cobardes  mueren muchas veces  antes  de morir”

Mahatma Gandhi

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“El déficit de atención no existe.” (Público)

“El déficit de atención no existe. Es una enfermedad inventada por las farmacéuticas para vender anfetaminas”

23 oct 2014
 
Iñaki Berazaluce

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Imagen: Pretty Foto.

El artículo estrambótico Diez enfermedades inventadas, gentileza de las farmacéuticas recibió numerosos comentarios, muchos a favor y otros muchos fieramente en contra de lo que allí contábamos. Concretamente, el grueso de los comentaristas se lanzó a la yugular del autor (el que suscribe) por culpa al déficit de atención o TDAH, una enfermedad presuntamente pergeñada por los laboratorios para vender anfetaminas a cascoporro a los chavales.

Tal fue el aluvión de críticas, que estuvimos a punto de rectificar y corregir lo de “inventada” por “sobrediagnosticada”, tras leer esta entrevista con Allen Frances. Sucede, sin embargo, que nosotros, como Esperanza Aguirre (que prestaba su rostro al artículo de la controversia), somos poco de rectificar, preferimos avisar al Séptimo de Caballería: entrevistamos al psicólogo Marino Pérez, que en su último libro ‘Volviendo a la normalidad’ desmonta el trampantojo médico-farmacéutico en torno al TDAH.

Nos han criticado con bastante virulencia por catalogar el déficit de atención como enfermedad inventada, al mismo nive que la “cara de bicicleta” o el trastorno por atracón. ¿Existe tal cosa como el TDAH?

No se puede considerar ni un diagnóstico clínico, ni una enfermedad. Otra cosa distinta es que sea una etiqueta que describe unos cuantos comportamientos problemáticos en los niños. Pero son eso: problemas, no enfermedades.

¿Quién diseña y concibe estas enfermedades?

En nuestro anterior libro ‘La invención de los trastornos psicológicos’ demostrábamos cómo ciertos problemas de la vida los han convertido en diagnósticos formales con el propósito de comercializar una medicación. No se están definiendo entidades clínicas, sino problemas cotidianos, y en el caso del TDAH, muy propio de los niños como la ¿, el nerviosismo, los cambios de humor.

¿Son los niños los que fallan o es nuestro modo de vida el que les hace unos inadaptados?

Sin duda alguna. Esta problemática tiene que ver con el funcionamiento de nuestra sociedad. Los padres tienen menos tiempo y menos espacio físico de esparcimiento, menos ocasión de educar. Por otra parte, es una sociedad que nos estimula constantemente a que estemos entretenidos y a que nuestros actos tengan un resultado inmediato. Hay unas condiciones de vida social que propicia una serie de problemas que la propia sociedad no tolera.

Nosotros [el libro está escrito a seis manos, con Héctor González y Fernando García de Vinuesa] negamos que sean enfermedades. En este caso el remedio que se busca no sólo es desproporcionado sino nocivo a largo plazo. Como suele decirse, el remedio es peor que la enfermedad.

Porque el remedio se llama “anfetaminas”. ¿No resulta paradójico que un estimulante se utilice para apaciguar a un niño hiperactivo?

Los preparados más frecuentes son efectivamente anfetaminas, pero lo que hacen es facilitar una concentración para determinadas tareas, pero consigue el mismo efecto que busque alguien que tome café para concentrarse o el que tiene tomar un Red Bull para conducir. En el caso de los niños, esa tranquilización que los padres celebran lo que está haciendo es desinteresar al niño por otras cosas, quitándole la curiosidad de los niños. Esa concentración es en realidad un dopaje.

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Cuando el TDAH se te va de las manos. Imagen: Noticias de Alava.

O sea, que la medicación no “cura” nada.

Los padres deben saber que la medicación no es un tratamiento que esté corrigiendo desequilibrios químicos que estuvieran en la base de estos “síntomas” sino que el efecto ventajoso que está ofreciendo es más un dopaje que un tratamiento: administración de fármacos o sustancias estimulantes que aumentan el rendimiento artificialmente, en este caso el de tareas escolares. Se trata del mismo efecto de las anfetaminas que siempre han tomado los estudiantes en épocas de examen. De ninguna manera corrige causas y a largo plazo puede incluso tener consecuencias indeseadas.

Hace ya dos décadas que se diagnostica el TDAH. ¿Se conoce alguno de estos efectos a largo plazo?

En la versión oficial, se entiende que el TDAH es una enfermedad crónica, de modo que para seguir en la vida adulta se necesita medicación para evitar problemas de conducción, matrimoniales o laborales. La moda que se está implantando progresivamente es el TDAH adulto.

Los pocos estudios que hay acerca de los efectos a largo plazo, se ha encontrado que a los 6 años  tenían un rendimiento escolar peor que aquellos que fueron diagnosticados con TDAH pero no tomaron medicación. También encontró problemas cardiovasculares, lo que no es sorprendente, habida cuenta de que este tipo de pastillas producen un aumento de la presión sanguínea y un ritmo cardíaco acelerado.

Hay colegas suyos de profesión que creen que los diagnósticos de TDAH deberían aumentar en España, donde sólo se diagnostica al 1% de los niños, cuando este porcentaje “debería ser” del 5%. ¿Quedan demasiadas anfetaminas por vender?

Es una estimación estadística que se da entre el 5 y el 7%, aunque el 20%, aunque los test para el TDAH adulto, cualquier persona que se le olviden cosas, que no termine los proyectos a tiempo, entraría fácilmente en la categoría de TDAH. Creo que este tipo de estadísticas son muy interesadas: tratan de convertir a buena parte de la población en pacientes. España es uno de los países, junto con EEUU, en los que es más común el diagnóstico, mientras en Francia no tiene este prevalencia, una prueba de que la distribución de la supuesta dolencia no es homogénea. En Quebec en 1997 dieron cobertura legal al TDAH y después de 14 años se encontró que el diagnóstico aumentó mucho más que en el resto de Canadá.

¿Cuál es la situación en España?

En España l TDAH está incluido en la LOMCE como una necesidad especial, así que es previsible que el diagnóstico aumente de una forma exponencial en el futuro. Si alguna Comunidad Autónoma no lo incluyera, probablemente la diagnosis sería menor allí. Hay padres que están pidiendo que a sus hijos les diagnostiquen para obtener una serie de beneficios.

La inmensa mayoría de los niños son diagnosticados por un pequeño grupo de pediatras, que tienen, digamos, una sensibilidad especial. El mismo niño que está diagnosticado en un centro no lo estaría en otro, está muy mediado por campañas de sensibilización.

Allen Frances, psiquiatra que dirigió el DSM-IV, sostiene que la prevalencia de la hiperactividad es del 2-3%, mucho más baja que la diagnosticada (11% en EEUU), pero aun así reconoce su existencia.

Frances es un crítico feroz, pero en relación con el TDAH únicamente es crítico con el sobrediagnóstico. La postura es coherente porque como director del DSM-IV se dio la carta de naturaleza a esta enfermedad. Nuestro planteamiento no es sólo que se sobrediagnostica sino que no hay ninguna entidad o trastorno clínico. Es como si estuviéramos hablando de las posesiones demoníacas y se criticara que se determinen demasiadas posesiones. No: aquí debemos determinar primero si existen las posesiones.

Sorprende que la sociedad se haya podido rendir tan fácilmente al designio de las farmacéuticas…

En las nuevas generaciones parece que los padres tienen que acudir a expertos, neurólogos, psiquiatras, terapeutas para educar a sus hijos. En buena medida esto sucede porque la gente ha perdido el sentido común. Ni los padres ni los abuelos tenían ningún problema con si sus niños se aburrían. Los niños no desbordaban a sus padres. Curiosamente esto se ha perdido en nuestra sociedad, cuando supuestamente más formados y mejor informados deberían estar los padres. Al verse desbordados, los padres también están habituados a que las cosas se solucionan milagrosamente con una píldora, una medicación.

volviendo a la normalidad

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Y los muchachos del barrio le llamaban loca:

Diez enfermedades inventadas, gentileza de las farmacéuticas

“Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales”

“Los diagnósticos de hiperactividad tienen que aumentar”

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“La burla y el ridículo … ” (Frase de Platón)

PIEDRAS  PRECIOSAS

“La burla y el ridículo son, entre todas las injurias,  las que menos se perdonan”.

PLATÓN

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El 65% de los profesores pide un MIR educativo (El Mundo)

 

  • Siete de cada diez reclaman una reforma del sistema de acceso a la carrera docente

Un profesor de Primaria da clase en un centro educativo de Valladolid.

Un profesor de Primaria da clase en un centro educativo de Valladolid. ICAL

Los profesores no están contentos con el actual sistema de selección para acceder a la carrera docente y creen que es necesario hacer cuanto antes una reforma del modelo tradicional de oposiciones e interinos. Así lo expresan siete de cada 10 entrevistados para una investigación que refleja también que el 65% reclama con insistencia un MIR educativo, al estilo del que tienen los médicos.

Son las principales conclusiones del estudio La voz del profesorado, una encuesta patrocinada por el Consejo General de Ilustres Colegios Oficiales de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y Ciencias que, por primera vez en años, realiza un diagnóstico de lo que quieren y opinan de su trabajo los propios docentes (unos 600 entrevistados de todas las etapas educativas, desde Infantil a la Universidad).

El llamado MIR educativo, que constaría de un examen nacional de selección y después de prácticas tuteladas en las aulas, es una vieja idea que han propuesto todos los partidos, desde el PP al PSOE, pasando por UPyD. Pero, a pesar de que estaba en el programa electoral de los populares, el ministro de Educación, José Ignacio Wert, no se lanza a ponerlo en marcha.

La investigación, que se presentó ayer en Madrid, señala que el 77% de los docentes entrevistados cree que el sistema actual de inserción a la carrera docente no permite conectar adecuadamente la formación inicial con el ejercicio de la profesión.

A partir del curso 2009/2010 comenzaron a impartirse los nuevos grados de maestro de Educación Infantil y maestro de Educación Primaria, que sustituyeron a las antiguas carreras de Magisterio, mientras que, en Secundaria, un máster reemplazó al viejo Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP). En el Consejo General de Doctores y Licenciados creen que el máster es, en realidad, «un CAP encubierto», que las oposiciones están «mal diseñadas» y que el sistema de evaluación es «muy mejorable».

‘No sólo deben evaluarse los conocimientos’

¿Por qué? José Gutiérrez, decano del Colegio de Málaga, manifiesta que, en su opinión, «no sólo deben evaluarse los conocimientos, sino otro tipo de cosas, como la capacidad de adaptación al nivel de los alumnos, la capacidad para resolver conflictos en clase y la capacidad para relacionarse con las familias».

«En la actualidad, la primera cosa que falla es la ausencia de oposiciones y la consiguiente creación de una bolsa creciente de profesorado interino que posteriormente se acostumbra a regularizar de forma precipitada e indiscriminada», añade Josefina Cambra, presidenta del Consejo, que apunta también que «la parte práctica es muy importante».

En este sentido, plantea que el profesor «no puede lanzarse a este mundo sin una parte práctica en la que tenga un tutor y sea evaluado». Es decir, hay que implantar «un sistema parecido, aunque debidamente adaptado, al MIR de los médicos».

El trabajo, dirigido por los profesores de Educación Javier M. Valle y Jesús Manso, manifiesta que en España hay un «claro vacío legal» respecto a las prácticas de los profesores. «No existen disposiciones legales donde se contemple la participación de los profesores noveles en programas de inducción a la docencia. Además, la organización del primer año de trabajo es responsabilidad y competencia de la administración educativa de cada comunidad autónoma». El 80% de los entrevistados para la encuesta exige un programa específico al inicio de la carrera.

El trabajo reabre también el debate sobre si es adecuada o no la formación que reciben en España los aspirantes a profesores. No en vano, de la calidad que tengan dependen en buena medida los resultados académicos de los alumnos, que preocupan al Gobierno y a la sociedad en general por los malos puestos que obtienen en los estudios internacionales.

Formación didacto-pedagógica

Según esta encuesta, el 62% cree que es más importante que los profesores reciban una formación didáctico-pedagógica que conocer bien la asignatura que se va a impartir. Es decir, el cómo antes que el qué.

Los docentes piden «formación en habilidades sociales para una comunicación eficaz al transmitir conocimientos y en el manejo de situaciones estresantes», así como «conocimientos de psicología evolutiva, educación emocional, aprendizaje cooperativo, técnicas de innovación docente, aprendizaje por competencias, formación para las tutorías y excelencia académica».

Además, demandan que, durante la carrera, se mejore y potencie la formación para que «los programas incluyan clases prácticas conectadas con la realidad, formen en la didáctica de sus materias específicas de manera práctica y se les permita realizar prácticas externas en entornos reales asesorados por expertos». Por eso se recomiendan tutores o mentores especializados y «prácticas en minigrupos antes de enfrentarse a las aulas masificadas».

Los autores dicen que «los profesores se sienten sin herramientas para enfrentar la heterogeneidad sociocultural del alumnado de hoy», que plantea unas exigencias pedagógicas «para las que no se sienten suficientemente preparados».

El estudio también aborda la selección del personal. El 64% de los docentes aboga por aumentar la autonomía de los centros públicos para que puedan contratar profesorado.

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“No eduquen a los niños en dioses ni hadas”. Richard Dawkins (El País)

El biólogo y divulgador, azote de las religiones, se reafirma en sus memorias en el activismo escéptico. “Es perverso instruir en falsedades”, asegura. Él solo cree en Darwin

 
 

Richard Dawkins, en su domicilio de Oxford durante la entrevista. / carmen valiño

 

Cuenta que de niño ya se daba cuenta de que Papá Noel era un señor disfrazado que se llamaba Sam. Al británico Richard Dawkins (Nairobi, 1941) no le basta haber llegado a la conclusión de que no hay Dios: quiere que todo el mundo lo entienda así. Sostiene alta la bandera del escepticismo este biólogo (zoólogo) de la Universidad de Oxford, estudioso de Charles Darwin, que saltó al primer plano cuando escribió en El gen egoísta (1976) que no somos más que vehículos de los genes, máquinas programadas para que ellos sean casi inmortales. “El cuerpo del animal no es más que un repositorio temporal”.

Desde entonces Dawkins es un exitoso divulgador científico y ensayista, habitual de los platós de televisión (ha producido documentales, al estilo de su admirado Carl Sagan). Lleva tiempo animando la polémica, también en las redes sociales, donde dispara y le disparan. Considera su misión combatir dogmas religiosos, supersticiones y seudociencias. En 2006 publicó El espejismo de Dios, un libro que aspira desde la primera página a conseguir que el lector pierda la mucha o poca fe que le quedara, un arrebatado e irónico texto que pretende desmontar uno a uno los argumentos del cristianismo y las demás creencias religiosas. En Evolución. El mayor espectáculo sobre la tierra, de 2009, Dawkins explica con lucidez a cualquier profano las pruebas abrumadoras de que ha sido la selección natural la que moldeó y sigue moldeando nuestra realidad. Da así la batalla contra el creacionismo, la idea de que el mundo se hizo en seis días y el hombre convivió con los dinosaurios, que trata de colarse en el sistema educativo de EE UU de la mano de sectores de la derecha como el Tea Party.

A sus 73 años, Dawkins ha encontrado el momento de mirar atrás y abordar sus memorias. Una curiosidad insaciable es el título de la primera parte de su autobiografía, editada por Tusquets. En ella explica cómo llegó a ser quien es desde que nació en Kenia de una familia británica de tradición técnica y científica y empleada del Imperio, lo que le llevó por varios países africanos antes de regresar a Inglaterra cuando tenía ocho años. Sabemos de su visión de la rígida escuela de los años cincuenta, del matonismo de otros y de su tartamudez, de su paso por las universidades de Oxford, clave en su carrera, y Berkeley, donde vivió la explosión hippy. Y conocemos los muchos nombres que cree importantes en su vida: los de sus ancestros y familiares, los de profesores y compañeros de clase, los autores que le influyeron. Y terminamos con la publicación de El gen egoísta. Habrá que esperar a la segunda parte de las memorias para entender su faceta de activista ateo, la que le llevó en el año 2009 a contratar publicidad en los autobuses de Londres con el lema: “Probablemente no hay Dios. Deja de preocuparte y disfruta de la vida”.

Recibe en su domicilio, un caserón tradicional en Oxford con un amplio salón lleno de luz por los ventanales en los dos extremos, donde puede percibirse cierto aroma del colonialismo que marcó su infancia. Grandes tallas de madera de animales, máscaras, jarapas de estilo étnico sobre los sofás. Un piano, un lienzo en su atril. Libros, algún cráneo en la estantería. Dos perros pequeños y de pelo muy largo se alegran de la visita y saltan a menudo sobre los periodistas; al entrevistado parece relajarle acariciar a alguna de sus mascotas. De entrada se niega a posar para la fotógrafa, lo que tiene por costumbre, pero no la ignora y en más de una ocasión parece estar pendiente del objetivo de su cámara.

La tribu y sus dioses

Estamos a horas del referéndum que decidirá si Escocia se independiza, y desata un efecto dominó en Europa, o permanece en el Reino Unido. Pero Dawkins, apasionado en los temas de los que quiere hablar, sabe escaparse de aquellos que prefiere evitar.

—Vivimos tensiones nacionalistas en Escocia, en Cataluña, en Ucrania… ¿Observa un regreso a la tribu?

—Podemos decir que el nacionalismo en esos lugares es una forma de tribalismo. Uno se preguntaría por qué no van a algo más pequeño aún, como Cornualles o Gales. Las ciencias sociales son complicadas, la política lo es… Como biólogo no soy la persona adecuada para responder.

El nacionalismo es una forma de tribalismo. Uno se preguntaría por qué no van a algo más pequeño aún, como Cornualles o Gales

—Le pregunto como biólogo, ensayista y activista. Ha escrito que la religión está en el centro de muchos conflictos actuales, como el de Siria e Irak, Palestina o Ucrania; antes en Yugoslavia o Irlanda. ¿No lucharán por la tierra más que por su idea de Dios?

—No creo que los conflictos estén motivados única y directamente por la religión. Por ejemplo, en Irlanda del Norte es entre católicos y protestantes, pero no creo que las personas que ponían una bomba estuviesen pensando en el dogma de la transustanciación. Lo que hace la religión es poner una etiqueta: en Irlanda del Norte se identifican como católicos y protestantes a pesar de que hablan el mismo idioma y tienen el mismo color. Te identifica hasta el nombre: si te llamas Patrick seguramente eres católico, si William eres protestante. Eso se convierte en la tribu: hay dos tribus en Irlanda del Norte. Y ha sido así durante siglos.

—Cuenta en su libro que era una persona muy religiosa, anglicana, cuando tenía 13 años. ¿Qué pasó? ¿Fue Darwin?

—Desde que yo tenía unos nueve años me di cuenta de que existían distintas religiones: el budismo, el islam, el hinduismo, el politeísmo de los griegos, los vikingos… Cualquier niño pensaba que solo la suya era la que estaba en lo cierto. Yo estaba preparado para ser antirreligioso. No sé cómo me mantuve en el cristianismo, debió ser influencia de la escuela. Pero sí, fue Darwin y fue el darwinismo el que nos salvó de todo eso. Cuando tenía unos 15 años.

—Usted no es un agnóstico, sino un ateo militante. ¿Por qué es necesario movilizarse contra la religión?

—Eso depende de su definición. Agnóstico significa “no sé”. Una definición que yo apoyo dice que es quien no tiene creencias positivas en un dios. El ateo siente una creencia positiva de que no hay Dios. Yo no tengo esa creencia. Lo que tengo es una ausencia de cualquier razón para creer en Dios, como tampoco en las hadas. Como científico, me conmueve la belleza del mundo y del universo. Como educador, veo perverso que a los niños se les eduque en falsedades cuando la verdad es tan hermosa.

—¿Y el ateísmo no puede ser también dogmático o intolerante?

—Siempre hay que argumentar tu causa, no callar a la gente. Durante siglos, hemos aceptado que no puedes criticar la religión. Hacerlo parece intolerante pero no lo es.

Educando escépticos

En un pasaje de su libro, Dawkins se muestra contrario a la forma en que la mayoría de familias inculcan explicaciones mágicas a sus niños. “No puedo evitar preguntarme si una dieta de cuentos de hadas repletos de encantamientos y milagros, hombres invisibles incluidos, es dañina desde un punto de vista educativo”, escribe. “¿Por qué los adultos promueven la credulidad de los niños? ¿Es realmente un error tan descabellado plantearles a los niños que creen en Papá Noel un pequeño y simple juego de preguntas y respuestas que les haga pensar? ¿Cuántas chimeneas tendría que visitar en una noche? No se trata de decirles que Papá Noel no existe, sino de fomentar el intachable hábito del cuestionamiento escéptico”. Él asume que eso es impopular: “Siempre que planteo esta cuestión me echan a patadas de los sitios por querer interferir en la magia de la infancia”.

Su escepticismo no se dirige solo contra la religión: también contra la superstición y las seudociencias (astrología, videncia, tarot o ufología), a las que dedicó su ensayo Destejiendo el arco iris (1998). Es más prudente sobre la llamada medicina alternativa: si se prueba su eficacia deja de ser alternativa. Pero no es el caso de la homeopatía: “Es interesante: con el método de doble ciego [ni el paciente ni el investigador saben cuál es el fármaco y cuál el placebo] no hay diferencias. Ambos son placebo”.

En su libro, Dawkins critica el modelo educativo según el cual el profesor dicta la lección a los alumnos, que la memorizan, en vez de incentivar sus habilidades para instruirse e investigar por su cuenta. “De estudiante, una vez se me olvidó llevar bolígrafo y yo era entonces demasiado tímido para pedir uno a mi compañera sentada al lado. Así que simplemente me senté y escuché, y cuando llegué a casa me di cuenta de que es una forma mejor de aprender. El propósito del profesor no debe ser impartir información sino inspirar a las personas”.

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Richard Dawkins. / carmen valiño

Quemándose en las redes

Dawkins es un pertinaz usuario de Twitter (@RichardDawkins), donde se esfuerza en ser provocador y en replicar o retuitear mensajes de otros usuarios. Ha pisado más de un charco. “Twitter es un sitio extraño porque hay mucha gente que grita. Si vas por la calle, un borracho o un tonto te pueden insultar. En Internet tienes un multiplicador de ese efecto. Hay que tener caparazón”. Él lo tiene, sin duda.

—¿Se ha arrepentido de algún tuit?

—Sí, porque son fácilmente malinterpretados. A veces veo que lo pude evitar.

Uno de sus mensajes desató una tormenta: “La violación en una cita está mal. La violación por un extraño es peor. Si usted piensa que esto es una aprobación de la violación en una cita, váyase a aprender cómo pensar”, escribió en 140 caracteres.

—En un país como el suyo, conmocionado por escándalos de abusos sexuales, esa frase parece una falta de sensibilidad hacia las víctimas.

—Creo que es estúpido negar que hay diferentes grados de crímenes sexuales. Hay gente que por motivos emocionales quiere que todos los crímenes sean considerados del mismo nivel. Es como si alguien te roba la cartera y piensas que es lo mismo que robar un banco a punta de pistola. Son delitos ambos, pero uno más grave que esto. ¿No le parece así?

—Me parece que cualquier violación tiene efectos graves a largo plazo.

—Yo también lo creo.

—Y me cuesta pensar en un grado moderado o leve de violación.

—No dejaré que se escape con esto. Está acompañado por muchos estúpidos en Twitter. Cuando uno dice que algo es peor que otra cosa, no lo está aprobando.

El tuitero Dawkins también ofendió a muchos cuando alguien le pidió consejo sobre qué hacer si el hijo que esperaba fuera a tener síndrome de Down. “Aborte e inténtelo otra vez. Sería inmoral traerlo al mundo si tiene elección”, respondió.

—¿De verdad cree una obligación moral el aborto en caso de síndrome de Down?

—Yo dije que personalmente me parecía inmoral tenerlo. No que fuera una regla universal, pero sí lo es para mí y para el 90% de mujeres que lo haría en esa circunstancia. ¿Sabe lo que les sucede? Mueren muy jóvenes, tienen terribles enfermedades, deficiencia mental. Creo que cuando el feto no está suficientemente desarrollado, y no tiene un sistema nervioso, es mejor abortar. Me han bombardeado en Twitter enviándome fotografías de niños con Down y diciéndome: quiere usted matar a mi hijo. Claro que no quiero matar a su hijo, sino detener la posibilidad de que vengan más niños como él al mundo cuando no son más que un renacuajo.

Ética de ciencia ficción

Cuando se le pregunta por dilemas éticos que podrán surgir en el futuro, Dawkins admite el juego aunque avisa de que entramos en el terreno de la ciencia ficción. La cacareada vida artificial en que trabaja el genetista Craig Venter le deja frío. “Creo que estoy en lo correcto cuando digo que solo está intentando crear nuevas versiones de una bacteria que ya existe. Como las bacterias se reproducen o clonan tan rápidamente, si las empleas para algo útil, como por ejemplo convertir un despojo cárnico en petróleo, estás haciendo un bien real”.

—¿Y le preocuparía la clonación de humanos?

—Un escenario como el de Un mundo feliz, de Huxley, con esas líneas de producción de miles de copias de seres humanos idénticos creados para ser jardineros o cualquier trabajo me horroriza, porque soy un producto del siglo XX y eso es muy lejano al mundo al que estoy acostumbrado, a mis valores. Si alguien me quisiera clonar a mí me interesaría mucho, tendría mucha curiosidad, pero no quisiera que mi clon fuera el primero porque iba a ser víctima de una horrible publicidad.

En un programa de televisión se propuso a Dawkins un experimento que no llegó a ser viable. Pretendían aislar su genoma y enterrarlo en el panteón de su familia, ante las cámaras, con el objetivo de que alguien lo recupere y resucite dentro de, pongamos, mil años. Era una excusa para debatir sobre la clonación, y le preguntaron a Dawkins si su clon del futuro sería él. “Por supuesto que no sería yo. Es como si preguntas a dos gemelos idénticos si son dos personas o si uno es persona y el otro zombi. Otra cosa que iban a pedirme es que escribiera consejos para mi clon, para que, ya que iba a tener los mismos genes, no cometa los mismos errores que yo”.

Estaría muy interesado en una clonación, pero no sería bueno para mi clon ser el primero y tener esa horrible publicidad

—En su libro usted cuestiona el concepto de identidad personal, dado que las células que tenemos no son las que estaban al nacer. Entonces solo somos la memoria.

—Es una cuestión interesante para la filosofía. Imagine que usted pudiera hacer una réplica perfecta de su cuerpo, no un clon en sentido genético sino una copia de cada átomo. Esto no se puede hacer científicamente, pero sí filosóficamente. Probablemente la réplica tendría su cuerpo, todos sus recuerdos, los mismos pensamientos. ¿Cuál de los dos sería usted? Pero una vez que están ahí, se empezarían a separar, tendrían nuevas experiencias y entonces ¿cuál eres? Son cuestiones que no se pueden responder de una manera experimental pero que son filosóficamente fascinantes.

—Sostiene Stephen Hawking que la filosofía ha muerto, porque ahora es la ciencia la que da las respuestas.

—No creo que la filosofía haya muerto, sí que ha perdido terreno.

—Usted ha escrito que la Segunda Guerra Mundial no habría ocurrido si el padre de Hitler hubiera estornudado en un momento determinado. Y en otro capítulo apunta que en otro siglo usted habría sido un clérigo. ¿Somos azar hasta ese punto? ¿Es usted escéptico o ateo debido al azar?

—La realidad depende de detalles muy pequeños. Sabemos que todos los mamíferos vienen de un individuo que existía en la época de los dinosaurios. Si ese pequeño mamífero hubiera muerto antes de reproducirse, quizás también estarían aquí los mamíferos pero serían completamente distintos. Quizás ese mamífero sobrevivió por un estornudo del dinosaurio. Respecto al ejemplo de Hitler, cada uno de nosotros cobramos existencia porque uno entre muchos millones de espermatozoides fertilizó el óvulo. El movimiento más ligero mientras sus abuelos estaban copulando, que un perro ladrara y perdieran la concentración o se movieran, haría que el resultado hubiera sido otro. De ahí que diga que con un estornudo años antes no habría habido guerra. Y ninguno de nosotros existiría ahora si no hubiera existido Adolf Hitler.

Una curiosidad insaciable. Los años de formación de un científico en África y Oxford. Richard Dawkins. Traducción de Ambrosio García Leal. Tusquets. Barcelona, 2014. 311 páginas. 21 euros (en digital, 12,34 euros).

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