Señales de altas capacidades en bebés

Es muy importante que los padres identifiquen las señales de cara a una detección temprana

Señales de altas capacidades en bebés

Un niño o niña con altas capacidades es un bebé distinto. Muchos padres, especialmente los primerizos no logran identificar el porqué de esa diferencia, pero la mayoría de ellos se dan cuenta de que su hijo es diferente desde prácticamente el primer momento.

Dado que la sobredotación es una condición en su mayor parte genética, es muy importante que los padres sean capaces de identificar todas estas señales ante una detección temprana, la cual va a facilitar mucho la crianza y educación de su hijo o hija: elección del centro educativo, momento de escolarización, entendimiento de los padres acerca de cómo es su hijo y cuáles son sus necesidades psicoafectivas… es decir, poder comprender el porqué de una situación reduce enormemente la ansiedad y nos coloca en el camino de la búsqueda de soluciones. Un bebé superdotado necesita unos padres que sepan y entiendan cómo es su hijo porque ello será garantía de un desarrollo pleno y en definitiva de lo que todos los padres queremos: que nuestros hijos crezcan felices.

Algunas de las señales que presentan estos bebés son:

  • Su mirada: es enfocada y alerta, una mirada que parece preguntar desde minutos después del nacimiento.
  • Demandan estimulación constante y se aburren cuando no la reciben. Cuando se estimula a estos bebés con canciones, palabras, etc.… el nivel de atención es total.
  • Se aprecia memoria en las primeras semanas, capaces de recordar y reconocer lugares, personas, objetos. Algunos pueden reproducir canciones con menos de dos años.
  • Duermen menos y con mayor dificultad que los demás bebés, les cuesta mucho conciliar el sueño y tienen menor necesidad de este.
  • Se sobrestimulan con los juguetes típicos de cuna o carrito que giran o se mueven de forma constante.
  • Hipersensibles a olores, sonidos, texturas… son las primeras señales de la hipersensibilidad sensorial.
  • Aparecen las primeras palabras en torno a los seis meses y al año puede sostener una conversación.
  • También comienzan a caminar de forma precoz, sobre los 8 o 9 meses, casi siempre antes del año.
  • En general, suelen ser bebés muy hábiles a nivel motriz.
  • Se interesan muy pronto por letras y números.
  • Capaces de aprender por sí solos a leer antes de los cuatro años.
  • Se muestran desobedientes.
  • Intuyen rápidamente conceptos matemáticos como suma o resta en torno a los tres años.
  • Les fascinan los cuentos y nunca tienen suficiente.
  • Son bebés agotadores, movidos, curiosos, nunca parecen cansados.

El que un bebé muestre algunas de estas características no significa necesariamente que vaya a ser un niño o niña con altas capacidades, sin embargo, estos son algunos indicadores que los padres deben tener en cuenta a la hora de observar la evolución de su hijo y así tener más claridad sobre la posibilidad de que efectivamente, el niño lo sea. La detección temprana solo trae beneficios y nos ahorra muchas frustraciones, tanto a padres como a hijos.

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La mayoría de los males les vienen a los hombres por no quedarse en casa

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“Hay que salir del armario de la dislexia”. Luz Rello, investigadora.

De pequeña se aprendía de memoria los libros para simular que leía rápido como los otros niños. Pero no podía: era disléxica. Hoy, con 33 años, es una investigadora multipremiada, lingüista y doctora en ciencia computacional. Acaba de presentar una aplicación que en apenas 15 minutos detecta el riesgo de padecer este trastorno. Aquí habla sobre su cruzada.

 

MARTES 11 DE ABRIL DE 2017

CUANDO tu hija cumple seis años te llega la certeza de que algo no va bien. Tarda en leer y escribir, le cuesta aprender los días de la semana y los colores, tiene dificultades para abrocharse los botones del babi o los cordones de los zapatos. En el colegio te dicen que la niña es inmadura, dispersa, vaga. Y es solo gracias a un encuentro casual con otra madre que ha pasado por el mismo infierno cuando descubres que lo que tiene es una “dislexia de libro”. Después de “muchos suspensos, mucho esfuerzo, muchas decepciones y mucho sufrimiento”, cuenta ahora Gloriana Hernanz, su hija estudia tercero de Veterinaria y ella ha dejado su trabajo para dedicar todo su tiempo a la asociación Madrid con la Dislexia, de la que es vicepresidenta. “Estos niños sufren muchísimo”, explica, “por el desastre emocional que conlleva sentirte diferente en clase cuando eres pequeño”. Pero añade, sonriendo: “Luz es la esperanza de que ese sufrimiento acabe en algún momento. Ha abierto la puerta a un vendaval”.

Luz Rello (Madrid, 1984) atiende a la conversación y sonríe, aunque se revuelve incómoda ante los halagos. A sus 32 años, esta lingüista y doctora en ciencia computacional debería estar acostumbrada a los elogios. Ha dado conferencias por todo el mundo y ha recibido decenas de becas, galardones y reconocimientos; el último, el Premio Princesa de Girona en 2016. Para muchas personas Rello es más que una investigadora. En cada una de sus ponencias aparecen padres con niños disléxicos que quieren aprender de ella, inspirarse en su ejemplo. Intentan entender cómo una chica de treinta y pocos años ha hecho lo que ha querido en la vida. Y es que Luz Rello no solo trabaja para acabar con un trastorno que afecta a entre el 10% y el 15% de la población. Investiga para que otros no pasen por lo que ella ha pasado. También es disléxica.

La entrevista se celebra en Madrid. Rello acaba de presentar ante cientos de personas Dytective, un innovador test desarrollado con Samsung que permite detectar el riesgo de dislexia en 15 minutos. Poco después de la entrevista hablaría de ello a los patronos de la Fundación Princesa de Girona, en el Palacio Real. Durante la conversación se emociona a menudo. Dice que es “uno de los días más importantes” de su vida.

“LA DISLEXIA ES UN TRASTORNO OCULTO. ES MUY DIFÍCIL DE DETECTAR PORQUE APARECEN OTRAS FORTALEZAS PARA COMPENSAR LAS DIFICULTADES”

¿Se puede detectar la dislexia con una app? Dytective Test es un detector de riesgo de tener dislexia, pero no hace un diagnóstico. Aplicamos metodologías de cribaje para saber qué alumnos tienen riesgo de tener dificultades de lectoescritura y, de todas esas dificultades, la dislexia supone un 80%. La herramienta que hemos creado es muy simple, aparentemente. Se trata de hacer juegos como rellenar palabras o buscar errores, y dura unos 15 minutos. Analizamos unas 200 variables con un sistema muy sofisticado, y después se elabora un índice del riesgo de dislexia. Pero esto que parece tan simple ha llevado más de dos años de investigación exclusiva y casi siete de recopilación de datos. Han trabajado siete personas en el equipo científico, una treintena de asesores y unos 300 voluntarios, sobre todo profesores y terapeutas. Además, han colaborado las familias, que fueron implicando a más gente. En total hemos llegado a 10.000 personas. Lo más emocionante, para mí, es que la investigación ha salido a la calle; ha sido como un gran crowdsourcing de investigación entre miles de personas.

¿A quién está dirigido este test? El diagnóstico oficial de la dislexia es lento y caro. La app la pueden usar familias y profesionales que quieran tener datos de forma rápida y barata, ya que es gratis. Pero lo que me gustaría es que se utilizara en los colegios. Es la clave para la detección del riesgo de dislexia.

Luz Rello empezó a recibir galardones cuando salió de la escuela. Fue premio a la Excelencia Académica de la Comunidad de Madrid (2007-2008). También ha recibido un reconocimiento como Mejor Investigadora Joven Europea (2013) y el Premio TR35 a los innovadores menores de 35 años del MIT (2014). El de Emprendedora Social Ashoka (2014) le ha permitido crear la empresa Change Dyslexia. “Nuestra misión es que todo el mundo, independientemente de su condición social, tenga acceso a una detección gratuita y a un apoyo científicamente validado”, explica. “Sin obstáculos. Porque hay tres barreras en la dislexia: el desconocimiento, las dificultades de lectura y escritura y los bajos recursos”.

Hablemos de esa primera barrera. ¿Qué es la dislexia? La dislexia se define como una dificultad específica de aprendizaje, con origen neurológico, que afecta a la lectura y a la escritura. Los disléxicos tienen dificultades para leer y escribir, independientemente del resto de las capacidades cognitivas. Su rendimiento no se corresponde con sus capacidades. Cuando una persona lee o escribe mal se piensa que es tonta. No tiene nada que ver.

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JAMES RAJOTTE

Se calcula que el 40% de la población disléxica no está diagnosticada. ¿Por qué? Es un trastorno oculto. Y le puedo contar el porqué con el primer recuerdo de mi vida. Estaba en preescolar. Todos estábamos sentados en un círculo y teníamos una cartilla con cuatro imágenes, cada una de ellas asociada a una palabra. La profesora nos pidió que pronunciáramos una de esas palabras. Yo lo veía todo bien, pero no era capaz de expresarlo. Así que lo que hice fue concentrarme en recordar la palabra que dijo otra niña, a ver si colaba. Y coló. La maestra, claro, no se dio cuenta de nada. Yo solo asumí que era más tonta que el resto y que tendría que ir trampeando para que nadie se diera cuenta.

¿No pensó en contarlo, a la maestra o a sus padres? No, porque cuando eres pequeño lo único que quieres es ser como los demás. Era mi secreto. Me aprendía los libros de memoria y luego se los leía a mis padres. Sin leerlos, claro. De una manera intuitiva, lo que intentaba era demostrar que se me daba bien precisamente aquello que no sabía hacer. Cuando empecé a suspender Lengua por faltas de ortografía fue cuando el problema salió a la luz. Pero fue muy tarde, cuando tenía ya 10 años.

¿Y cómo salió a la luz? Fue una profesora la que se dio cuenta, y empecé a ir a grupos de apoyo. Pero la cuestión es que los propios disléxicos no saben que tienen un problema. Solo sabes que eres lento y, normalmente, intentas ocultarlo. Aprendes todo lo que necesitas para salir adelante. Así como los ciegos tienen mejor oído o mejor sentido de la orientación, los disléxicos quizá tienen mejor memoria, o mejor memoria visual. Aparecen fortalezas para compensarlo. Y por eso es tan difícil de detectar. Cuando ya sacaba buenas notas no le contaba a nadie que tenía dislexia. Ahora sí veo que ayuda contarlo, y lo hago. A mucha gente que conozco con dislexia le pido: “Dilo, por favor, eres un empresario de éxito, o un pintor, lo tienes que contar”. Les digo que tienen que salir del armario porque hay un montón de niños ahí fuera a los que van a animar. Tener ejemplos de personas con éxito, o que simplemente llevan una vida normal, es muy importante para ellos.

¿Y por qué decidió dedicar su vida a investigar algo que le hacía sufrir? Fue por Ricardo [Baeza-Yates], mi director de tesis. Él me cambió la vida. Se dio cuenta del problema porque al escribir artículos científicos acabas cometiendo faltas de ortografía u otros errores. Así que le dije: “Tengo dislexia, pero no pasa nada, ya lo corrijo”. Y él me respondió: “¿Cómo que tienes dislexia? ¿Y por qué no investigas este problema, tú que lo conoces?”. Y pensé: “Pues tiene razón” [se ríe].

Al otro lado del teléfono, Baeza-Yates explica que lo mejor para afrontar un problema “es conocerlo de verdad”, y por eso animó a su pupila a trabajar en este trastorno. El investigador en ciencia computacional de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona cree que Rello es muy inteligente, apasionada y, sobre todo, incansable. “Si una persona tiene esa dificultad y estudia Lingüística…, ya sabes que va a ir contra corriente”.

¿Cuál cree que es el mayor desafío al que se enfrentan quienes trabajan en la investigación de la dislexia? Hay varias características que complican la investigación de este trastorno. La primera es que hay mucha variación, lo que provoca que el problema sea mucho más complejo. Cada persona aprende a compensar de forma diferente, así que te encuentras a disléxicos con unas capacidades y otros con otras. La segunda cuestión es que la dislexia muy pocas veces aparece sola. El fenómeno se llama comorbilidad. Hay un montón de dificultades o trastornos asociados y, aunque sabemos que es así desde un punto de vista estadístico, aún se desconoce la causa neurobiológica. La neurología avanza mucho, y hay estudios fascinantes. Por ejemplo, el lenguaje está en el hemisferio izquierdo, pero cuando los disléxicos leen y escriben se activan áreas en el hemisferio derecho que no se activan en los que no lo son. El cerebro se apaña como puede…

¿Qué otros trastornos se asocian con la dislexia? El más frecuente es el déficit de atención, que aparece en alrededor del 40% de los casos. Otro es la discalculia [dificultad para hacer cálculos matemáticos], que acompaña también a aproximadamente el 40% de los disléxicos.

“A UN NIÑO CON DISLEXIA, PRESIÓN CERO. YA TIENEN LA PRESIÓN DEL COLEGIO, DEL TERAPEUTA, DE SUS COMPAÑEROS, DEL SISTEMA Y, SOBRE TODO, LA SUYA PROPIA”

Si una persona hace su test y el resultado le dice que hay indicios de que puede tener dislexia, ¿qué debe hacer? Hay un botón de “más información” a través del cual le derivamos a un profesional. Es importante que den ese paso, porque quizá nos hemos equivocado. También hemos recopilado los datos de todas las asociaciones de disléxicos del mundo hispano, los colegios profesionales de psicólogos y de logopedas, y estamos creando un directorio de profesionales. Queremos hacer una especie de páginas amarillas de la dislexia que ofrezcan ayuda, porque los padres pueden pasarse años dando tumbos tratando de localizar a alguien que les eche una mano.

¿La dislexia se cura? Eso es muy peliagudo. Depende de cómo definas “cura”. Podemos reducir muchísimo las manifestaciones, sí. Los neurólogos han demostrado que en niños muy pequeños aumenta su materia gris después de haber realizado una intervención. Y si defines cura como que el cerebro cambia, se empieza a ver que quizá también ocurre. Admiro mucho el trabajo de John Gabrieli, investigador del Instituto McGovern en el MIT. Cuando le conocí le pedí que evaluáramos los ejercicios de entrenamiento de DytectiveU con imagen neuronal. Me preguntó: “¿Puedes medir diferencias en el comportamiento?”. Yo le dije que sí, y él me respondió: “Entonces no es necesario hacer la evaluación. Si el rendimiento de la persona cambia, si lee diferente, si escribe diferente, es que el cerebro ha cambiado”. Eso sí, hay una salvedad. Las personas con dislexia, cuando leemos y escribimos, gastamos mucha más energía que el resto. A pesar de que podemos leer y escribir bien, leemos y escribimos significativamente más despacio.

¿Cómo es el día a día de un niño disléxico? Muy complicado. Al hacer los deberes tarda mucho más. Los que se lo pueden permitir, van a un logopeda. Eso les quita tiempo de un montón de cosas, como jugar al fútbol o al tenis o ir a ballet. Y algo que sigue ocurriendo en los colegios, y es tremendo, es la risa de los compañeros. Si te hacen leer en alto en clase es un machaque emocional.

¿Qué les diría a los padres que están pasando por esa situación? Tengo un mensaje muy claro, solo uno: que los quieran mucho. Nada más. Presión, cero. Ya tienen la presión del colegio, del terapeuta, de sus compañeros, del sistema y, sobre todo, la suya propia, que va a ser más fuerte que ninguna porque quieren ser como los demás. La dislexia te mina la confianza, porque no te puedes fiar de ti mismo. Cuando lees, no sabes si estás leyendo bien o mal. Y eso es durísimo. También hay una obsesión muy dañina sobre en qué momento comienzan los niños a leer. Los padres lo comparan entre ellos porque creen que si sus hijos empiezan antes son más listos que los de los demás. Y leer antes no tiene que ver con la inteligencia.

¿Qué otras cosas cree que son perjudiciales en el actual sistema educativo? Hay dos cuestiones clave. Cuando tienes que aprender algo, hay que leerlo. Y cuando debes demostrar algo, lo tienes que escribir. Así que cuando soportas dificultades para leer y escribir, aunque hayas estudiado mucho y lo sepas todo, tienes un problema, porque el canal está roto. Lo que puede cambiar es que la manera de aprender no sea solo la lectura; se pueden usar, por ejemplo, audiolibros o vídeos. Y debe cambiar también la manera de examinar, con más exámenes orales.

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JAMES RAJOTTE

Usted se formó en España, pero ahora lleva casi tres años fuera, en la Universidad Carnegie Mellon (EE UU). ¿Podría haber conseguido aquí todo lo que ha hecho? Es difícil de decir, pero yo creo que no. Estados Unidos me ha enseñado a pensar a lo grande. Quizá en España nunca me habría tirado a la piscina con Dytective Test. Estar en un ambiente como el de Carnegie Mellon ayuda a no tener tanto miedo, a no limitarte. Pero también quiero ser justa con España, porque me ha dado muchas oportunidades y he trabajado con investigadores excelentes.

¿Qué le gustaría conseguir en su investigación? Hay un futuro inmediato, y hay sueños. Lanzamos DytectiveU, un videojuego con ejercicios de apoyo personalizados, y también queremos hacer Dytective para prelectores, ya que funciona solo a partir de los siete años. Y quizá dentro de una década, cuando millones de personas hayan usado Dytective y tengamos muchísimos datos, ¿a que estaría bien tener una herramienta que en lugar de detectar tus problemas te dijera en qué eres bueno, para potenciarlo? Hemos empezado ya con música y con matemáticas. La idea es que esa herramienta te diga: “Mira, tienes que dar clases de apoyo, pero como te metas a diseño gráfico, triunfas”. Todo el mundo tiene algo bueno, y me gustaría ayudar a sacar los diamantes que hay en el interior de tanta gente.

¿Y los sueños? El sueño es poder dar apoyo a todo el mundo sin barreras, reducir el abandono escolar, y que la dislexia deje de ser un trastorno oculto. Y una cosa que espero ver antes de morirme: que la gente empiece a poner que es disléxico en el currículo. Sería como una prevención, algo que signifique: “Mira, en leer y escribir voy a ser más lento que el resto y voy a cometer errores, pero si he llegado hasta aquí es porque tengo una gran capacidad de trabajo y muchas otras fortalezas”.

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Titular de una carta al director

PIEDRAS  PRECIOSAS

“El capitalismo tiene los siglos contados”

(Titular de una carta al director de el País Semanal, día 3 de enero de 2016)

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Operación pañal: ¿cuándo está listo para quitarlo?

Julio, educador infantil, explica las señales que hace nuestro hijo que indican que está preparado para pasar al orinal

 EL PAÍS VÍDEO

¿Está mi hijo preparado para quitarse el pañal y pasar al orinal? Julio, educador de la E.I El Girasol, e Isabel, psicóloga del centro, nos explican las distintas señales que nos hace nuestro hijo que indican que está preparado para dar el salto al orinal.

Entre los indicios están saltar a pies juntos; poder subir las escaleras… Y además, es muy importante motivar y reconocer el esfuerzo de nuestro pequeño.

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Jorge Luis Borges, frase.

PIEDRAS  PRECIOSAS

“Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos, porque uno termina  pareciéndose a ellos” 

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Siempre tengo deberes

Los padres de la escuela pública quieren trasladar al Congreso y al debate político su protesta contra las tareas escolares

Siempre tengo deberes
Jaime Villanueva

“¿En qué ley pone que los profesores pueden sancionar a sus alumnos que no hacen deberes? ¿Dónde está escrito cómo se deben evaluar?”, pregunta Jesús Salido, presidente de la Confederación de Asociaciones de Padres de Alumnos (Ceapa). “Queremos respuestas para que las familias puedan solventar una cuestión que está condicionando sus vidas”, añade. Ahora la Ceapa ultima un escrito sobre la base legal para poner deberes que será enviado al ministro y al Congreso de los Diputados.

La protesta por los deberes se reactivó en 2012 en Francia cuando decenas de miles de padres y alumnos secundaron una huelga contra los “trabajos forzosos” fuera del horario lectivo. Debió de ser divertida: consistió en obligar a los niños a tener las tardes libres.

En España, que nunca ha ido tan lejos, la petición “por la racionalización de los deberes” que lanzó una madre, Eva Bailén, en la plataforma digital Change.org, ha superado esta semana las 200.000 firmas. La acompaña con un vídeo que termina con la siguiente pregunta: “¿No es hora de que les devolvamos la infancia?”.

España está entre los países industrializados en los que los alumnos de 15 años destinan más horas a las tareas en casa, según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Según sus comparaciones de 2012, los chicos españoles dedican 6,5 horas a la semana frente a las 4,8 de media. El organismo alerta de que estas tareas, a veces ingentes, que asumen pueden aumentar la brecha entre quienes pueden pagar clases extraescolares y los que no. ¿Es mucho o poco? Y sobre todo, ¿es útil?

“Como sucede con casi todo lo que concierte a educación, nos falta un diagnóstico certero”, señala el presidente Consejo Escolar del Estado, Francisco López Rupérez. “Necesitamos saber cuál es el impacto negativo exacto que el exceso o falta de deberes escolares puedan estar produciendo en el rendimiento de los alumnos y en su vida personal, porque seguro que hay centros y profesores que se pasan y otros que no llegan”.

La política también ha empezado a fijarse en este tema. El PSOE incluía en su programa electoral “promover un acuerdo con las comunidades autónomas para ordenar y limitar” estas tareas. Hasta el ministro Méndez de Vigo admitió al inicio de curso que le parecía un motivo “de reflexión”. Los deberes que el niño se lleva a casa dependen directamente de la decisión de su profesor. Hay una vieja recomendación, la regla de 10 minutos, que goza de cierto consenso entre los docentes, aunque no debe ser la norma general a la vista de las quejas. Se trata de añadir 10 minutos al tiempo diario para las tareas conforme se avanza en los cursos: 10 minutos en 1º de Primaria, 20 en 2º…

El catedrático de Sociología Mariano Fernández Enguita recuerda esta regla en su libro La educación en la encrucijada (Fundación Santillana). “La estructura tradicional del tiempo escolar y de su proyección sobre el tiempo familiar está hoy en crisis. Es un tiempo aparentemente insuficiente, si se presta atención a las elevadas tasas de fracaso escolar, por un lado, y al malestar con los deberes o la proliferación de actividades extraescolares, por otro”, señala.

La OCDE y los expertos coinciden en que la mesura viene bien, pero los deberes no pueden desaparecer. Sirven para fijar los conceptos y profundizar en el aprendizaje. “Un mínimo de trabajo después de clase es necesario. Hay un momento de estudio y silencio en la casa que ayuda al estudiante”, considera Ricardo Moreno, catedrático de instituto y profesor durante más de 35 años, que acaba de publicar La conjura de los ignorantes. De cómo los pedagogos han destruido la enseñanza (Pasos Perdidos). “Se trata de mandar cosas que el niño pueda abarcar solo: sumas, fracciones, 10 líneas de redacción o un poema, en lugar de todas estas cosas innovadoras de ahora que acaban involucrando a toda la familia y ocupando la tarde entera”.

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