Nueve consejos para echar a perder a un niño

La licenciada Mónica Coronado, autora del libro “Padres en Fuga. Escuelas Huérfanas”, repasa, con ironía, las diversas maneras en que los adultos convierten a un niño que podría ser “sano” y “feliz” y en un chico terrible, incapaz de convivir en un entorno reglado.

13/12/2013

Actualizado al 08/12/2016

1) El niño REY, tirano, dictador:

Cuando nazca dejá de lado todo: pareja, salud, otros familiares, hobbies o actividades deportivas. Dedicate al niño en forma exclusiva y excluyente. Tu pareja puede esperar, lo mismo tu salud, tu vida personal… ¿Qué es eso? Eso que hacías y te hacía feliz, como hacer ejercicio, leer, tener un hobby, charlar con amigos, etc. Tu objetivo de vida debe ser estar pendiente del niño. Hacé de tu maternidad/paternidad una cruzada.

2) “Lo que quieras con tal que dejes de chillar”: Los niños, todos, tienen berrinches. Si querés echarlo a perder no dejes que el berrinche llegue, apenas frunza el ceño tratá de concederle todo lo que desea, aunque sea inadecuado. Apenas ensaye unos pucheros porque no le comprás ese juguete, corré a conseguirlo, no vaya a ser que el niño sufra por no tener lo que el 0,02% de los niños tienen.

3) No…pero: Si considerás que lo que el niño quiere es descabellado (como, por ejemplo, jugar con el florero de cristal de tu tía Clarita), intentá parecer una buena madre o un buen padre y decile un NO adornado de excusas, explicaciones e intentos de razonamiento. Indudablemente el niño hará un berrinche de proporciones descomunales, con cortes de respiración y sofocos fríamente calculados como para causarte la suficiente ansiedad, inquietud o culpa como para que, finalmente cedas real o vicariamente a sus deseos.

4) No quiero traumatizarte: Los límites verbales, penitencias, retos o cualquier medida de sanción no le van a funcionar cuando quieras echarlo a perder, todo lo contrario.  Insistí en que el niño debe desarollarse según su “naturaleza”, sin que le pongas restricciones de ningún tipo. Si quiere dormirse a las 12 y media de la noche, dibujar las paredes recién pintadas, comer en el piso, hacer pis en una maceta, acariciar abofeteando a padre y abuelos, atropellar a otros niños para obtener un juguete, tenés que dejarlo que actúe a sus anchas, o ¿no son así todos los niños/as? No permitas que ninguna frustración, por pequeña que sea, nuble su esplendorosa infancia.

5) El niño florero: en cualquier reunión social, tu niño debe ocupar un lugar preeminente. Las conversaciones, por más elevadas que sean, deben interrumpirse para escuchar primero sus balbuceos, luego sus gritos, canciones o lo que el niño haga, incluyendo, por supuesto, sonidos indecorosos.

6) Pero… ¡Si es superdotado!: Ya seguramente te habrás dado cuenta de que tu niño es especial; todas sus acciones manifiestan una inteligencia muy por sobre lo normal, a su lado cualquier niño de la misma edad parece una lechuga mustia. Debe haber algo de cierto en eso de “de tal palo tal astilla”, el niño seguramente es una copia mejorada de vos. Por eso, aun cuando el resto de la gente lo considere perfectamente común, vos sabrás que es extraordinario y que no tenés que dejar de lado cualquier oportunidad de mostrarlo al mundo.

7) ¡Qué va a saber tu maestra/o!. Si querés continuar tu tarea de echar a perder al niño, cuando ingrese a la escuela no pierdas la oportunidad de hablar mal de su maestra/o, de contradecirla/o en sus pautas o de discutir con ella/él frente al niño. Si querés echar a perder a tu niño debés descalificar la acción educativa de cualquier agente externo a su propia persona y, sobre todo, interferir en cualquier puesta de límites.

8) Y todo a medio hacer…: Para echarlo a perder debés permitir que deje todo a medio camino. Si se sienta a comer puede levantarse cuantas veces quiera, no le exijas guardar los juguetes luego de jugar, ni los útiles dentro de la mochila, ni promuevas la formación de ningún hábito que coarte la libre expresión de su personalidad. Que se lave los dientes o tire la cadena si quiere, pues vos no te vas a fijar en esas nimiedades.

9) El cliente, perdón… El niño, tiene siempre la razón: Ya te debés haber dado cuenta de que la gente no advierte lo especial, inteligente y destacado que es tu niño. Si lo querés echar a perder y la gente que lo rodea no colabora en tu tarea, podés pensar que todos se la agarran con él o lo rechazan porque es superior en belleza, inteligencia, talento y demás a los otros niños. Debés apañarlo, cubrirlo o justificarlo en cualquier acción, por deleznable que sea, también excusarlo permanentemente o defenderlo a muerte. Siempre le echan la culpa a él, pero ¡si no ha hecho nada!

Empiezan entronizados, idolatrados, adorados, como pequeños tiranos, dorados reyes o emperadores, pronto se convierten en temibles dictadores, y muchos de ellos llegan a ser esos adolescentes sin rumbo. El exceso de atención, la sobreprotección, obstaculiza los procesos de desarrollo y el logro progresivo de autonomía, que es un proceso que tiene muchas pequeñas frustraciones (cosas que no puede hacer, que no puede tener), que además de ser parte de la vida, le permiten aprender a soportarlas (tolerarlas), avanzando en su madurez y preparándose para la vida.

Los niños necesitan muy poco para vivir: alimento, cuidados, amor, respeto, abrigo, oportunidades para aprender, límites, compañía, diversión, etc. Muchas de esas cosas no tienen precio.

Fuente: Mónica Coronado. Psicopedagoga. Especialista en el abordaje de la relación entre Familia y Escuela en la actualidad. Autora de “Padres en Fuga. Escuelas Huérfanas”. Ed. Noveduc.

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Dicho popular

  PIEDRAS PRECIOSAS:

“Los halagos en público, las críticas en la intimidad”

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41 frases para empoderar a los niños, fomentar su autoconfianza y conseguir que no se pongan límites

41 frases para empoderar a los niños, fomentar su autoconfianza y conseguir que no se pongan límites

SILVIA DÍAZ@madreaventura

Los padres somos los responsables de cuidar y dar a nuestros hijos todo lo que necesitan para su sano desarrollo, desde su salud física hasta su educación emocional. Y sin duda, una de las cosas que más nos preocupan como padres, es el asegurarnos de que nuestros hijos sean felices.

Un niño feliz es aquel que se siente confiado y seguro de sí mismo, y que cuenta con el apoyo y el acompañamiento de sus seres queridos, quienes le animan a ser lo que desee, a experimentar y a desarrollarse como persona. En este sentido, nuestro ejemplo será clave para ello, así como un vocabulario y conversaciones positivas.

Mostrarles nuestra confianza

autoestima

La autoestima es algo que debe entrenarse desde la infancia, y los padres jugamos un papel fundamental a la hora de que nuestros hijos forjen una autoestima positiva, y crezcan fuertes emocionalmente y preparados para enfrentarse a los retos que les deparará la vida.

Una de las claves para fortalecer esta autoestima es mostrándoles nuestra confianza y aportándoles seguridad, reforzando sus conductas positivas mediante el elogio de sus aciertos, y no remarcando sus errores.

De este modo, podremos ayudar a nuestros hijos a forjar una buena autoestima, base de su salud mental futura. Algunas de las frases que podemos decirles para demostrarles que confiamos en ellos y así ganen autonomía son:

  • 1) Confío en ti
  • 2) Se que puedes hacerlo
  • 3) Habla, opina… me interesa y te escucho
  • 4) Tu opinión es muy importante para mi
  • 5) Eres tú quien debe hacerlo. Yo estaré aquí para apoyarte
  • 6) Lo que has hecho ha sido sumamente valioso
  • 7) Tu ayuda es fundamental en esta familia
  • 8) Sin ti, no lo hubiéramos logrado
  • 9) Me gusta como lo has hecho
  • 10) Gracias por tu ayuda
  • 11) Se que para ti ha sido un gran esfuerzo, lo valoro y te lo agradezco
  • 12) Creo firmemente en tus capacidades y se que puedes mejorarlo, por eso te animo a seguir practicando (cuando nos pregunten por algo que han hecho y creamos que puede mejorarse)
15 frases positivas para decir a tus hijos que fortalecerán su autoestima

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La importancia de creer en uno mismo

creer en uno mismo

Si el niño cuenta con la comprensión, el apoyo y la escucha de sus padres o figuras de referencia, crecerá con una autoestima fuerte y seguro de si mismo. Los adultos podemos continuar reforzando esa autoestima animándoles a tomar decisiones y a creer en sí mismos y en sus posibilidades.

Algunas frases que podemos aplicar en nuestras conversaciones diarias con ellos son:

  • 13) Aprende a confiar en ti
  • 14) Cree en ti: puedes hacerlo
  • 15) Escucha a tu corazón
  • 16) Que las opiniones de los demás no te condicionen
  • 16) Expresa siempre tu opinión, desde el respeto y la empatía
  • 17) ¡Fíjate en lo que has conseguido!
  • 18) ¡Tu esfuerzo ha merecido la pena!
  • 19) Sueña en grande, ponte una meta y ve a por ello**
  • 20) Quien primero debe sentirse orgulloso del trabajo que has hecho eres tú
  • 24) No te compares con nadie, todos somos únicos e irrepetibles
  • 25) No podemos ser buenos en todo. Cada uno tenemos un talento especial. ¡Descubre el tuyo!
27 enseñanzas para que tu hija se convierta en una mujer fuerte y feliz

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La importancia del esfuerzo

esfuerzo

El esfuerzo es un valor que debemos inculcar a nuestros hijos desde que son pequeños, pues ninguno nacemos con capacidad de esfuerzo, trabajo o sacrificio. Sobreprotegerlos y darles todo lo que piden para evitarles problemas o sufrimientos, les hará crecer pensando que las cosas se consiguen fácilmente y sin necesidad de esforzarse. Pero nada más lejos de la realidad.

La capacidad de esfuerzo y sacrificio debe desarrollarse día a día, convirtiendo conductas en hábitos y tratando siempre de superarse un poco más. Los padres podemos ayudar a nuestros hijos a que entiendan el valor del esfuerzo desde nuestro ejemplo, y con frases cotidianas y motivadoras como estas que os proponemos:

  • 26) Si esto es lo que quieres, lucha por ello
  • 27) Las cosas que merecen la pena no siempre son fáciles de conseguir
  • 28) No hay que rendirse ante las adversidades, sino luchar contra ellas
  • 29) Las dificultades nos hacen más fuertes
  • 30) Ningún mar en calma hizo experto a un marinero
  • 31) Pasito a pasito se va haciendo camino y hoy estás más cerca de lograrlo que ayer
  • 32) Lo único imposible es aquello que no se intenta
  • 33) La vida está llena de obstáculos, pero solo tú decidirás cuales son tus límites
  • 34) La única lucha que se pierde es la que se abandona
  • 35) Si no has conseguido los resultados que esperabas, busca otra forma de hacerlo para obtener resultados distintos

Los errores, fuente de aprendizaje

errores

A ninguno nos gusta equivocarnos, y a los niños mucho menos. Pero con la madurez vamos entendiendo que los errores son una excelente fuente de aprendizaje, y así debemos transmitírselo a los niños. Porque ninguno nacemos sabiendo, y errar es fundamental para seguir avanzando por la vida desde la experiencia.

Una forma de empoderar a los niños es hacerles ver que los errores no son un fracaso, sino una maravillosa forma de aprender:

  • 36) Tus errores no te definen
  • 37) Los errores son aprendizaje
  • 38) Todos nos equivocamos; no debes sentirte mal por ello
  • 39) Analiza en tu error y vuélvelo a intentar: ahora será más fácil
  • 40) Equivocarse es bueno porque te ayuda a mejorar
  • 41) No dejes de intentarlo. No te rindas nunca.

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El inconsciente, la teoría de Freud para la conducta humana que lo enfrentó con la comunidad científica

Significó una revolución a principios del siglo XX pero, enseguida, encontró la oposición de los científicos

El psicoanálisis trató de dar respuesta a distintos fenómenos mentales, aunque, en la actualidad, es la terapia cognitivo-conductual la que goza del aval científico.

“Antes de Sigmund Freud”, señala el psicólogo Víctor Lorenzo Guerreiro, “se entendía el inconsciente, simplemente, como lo contrario a lo consciente”. Fue el neurólogo austríaco quien dio una nueva dimensión a un término del que ya habían teorizado filósofos como Eduard Von Hartmann o el mismo Arthur Schopenhauer. “Freud le da un significado mucho más amplio y complejo”, explica. Es el primero que lo aplica en el campo de la Psicología y el que inventa un nuevo método para estudiarlo. Para Freud, en palabras del psicólogo, el inconsciente “es una instancia de nuestra psique [concepto que engloba todos los procesos mentales conscientes e inconscientes que lleva a cabo una persona] que está detrás de lo que hacemos, decimos o deseamos”, tal y como lo definió el neurólogo en su libro Lo inconsciente (1915). No obstante, y pese a la gran popularidad que llegó a alcanzar, gran parte de la comunidad científica se opuso –y se opone– frontalmente tanto a su teoría, como al método del psicoanálisis, que se centra en analizar precisamente el inconsciente. Pero, ¿por qué? ¿Qué tiene el método de Freud para que no pueda entenderse como una parte más de la Psicología y, por tanto, de la Ciencia?

Más bien, qué es lo que no tiene. “El psicoanálisis no sigue un método científico”, reconoce Lorenzo Guerreiro, cercano a las terapias de psicoanálisis. Aunque asegura que, a pesar de no seguir ese método científico –que requiere comprobaciones empíricas, mediciones y experimentación–, “sí que es un método que entendemos como válido y aceptable”. Por su parte, Iván Pico, divulgador y también psicólogo, establece una diferencia drástica: “Hoy en día, podríamos decir que son ramas de estudio diferenciadas: una cosa es la psicología y otra el psicoanálisis”. Valora las aportaciones teóricas de Freud, pero considera que no puede demostrarse la eficacia de sus métodos, que consistían en dialogar con los pacientes y observarlos. “Además”, continúa, “él mismo escribió que, en los años posteriores a sus estudios, los avances científicos permitirían evaluar si su teoría del inconsciente estaba o no en lo cierto”. Pino insiste, empero, en la importancia de la figura del neurólogo, que “trató de dar explicación a una serie de fenómenos mentales en un tiempo en que no existía tecnología para plantar cara a semejante reto”.

Víctor Lorenzo Guerreiro define el inconsciente, siguiendo el pensamiento freudiano, como esa parte de la psique que guía la forma de actuar de las personas y a la que la parte consciente no tiene acceso. En otras palabras, se trataría de una especie de motor que las personas no percibimos, pero a la que debemos gran parte de nuestras actuaciones. “Freud decía, sin embargo, que sí existen algunos fenómenos en los que se puede observar dicho inconsciente: los lapsus, los actos fallidos, los chistes y, por encima de todos, los sueños”. El austríaco consideraba esos últimos ‘la puerta del inconsciente’ y, en palabras de Lorenzo Guerreiro, son la prueba de que esos sentimientos y sensaciones internas que se hallan en el inconsciente no se pueden controlar y pueden brotar cuando, por explicarlo en palabras llanas, se relaja la parte consciente o racional de los individuos.

“Es importante no confundirlo con el subconsciente”, matiza. “Aunque, a veces, se emplean como sinónimos, el propio Freud rechazó el término por referirse «a lo que está por debajo de la conciencia»”. Lo que propuso, en cambio, fue la diferenciación entre el nivel consciente, donde se encuentran los sentimientos relacionados con la realidad; el preconsciente, donde se hallan los que no tienen que ver con la realidad, pero que pueden hacerse presentes fácilmente –por ejemplo, los recuerdos olvidados– y el inconsciente, el nivel más inaccesible para la parte consciente donde se ubican los sentimientos reprimidos, posiblemente adquiridos durante procesos de sufrimiento vividos con anterioridad, tal y como apuntan en el Centro Psicológico CEPSIM de Madrid.

Consenso científico alrededor de la rama cognitivo-conductual

“En la psicología científica”, explica Iván Pico, “la terapia que goza, en la actualidad, de más apoyo entre los profesionales es la cognitivo-conductual”. Lejos de la idea de inconsciente de Freud, se trata de una práctica que une la rama cognitiva y la conductual y que defiende que las personas llevamos a cabo conductas que responden a un patrón mental aprendido durante nuestra vida. A diferencia del psicoanálisis, que requiere de tratamientos muy largos en los que el psicoanalista trata de penetrar en el inconsciente del paciente, “la cognitivo-conductual se basa en cómo se producen y gestionan los procesos cognitivos que dan lugar a determinados comportamientos, aplicando técnicas y teorías avaladas”, tal y como señala Pico, “por una amplia evidencia científica, así como estudios de investigación que validan su eficacia y que, en muchos casos, se apoyan en la neurociencia”.

El psicoanálisis y la teoría del inconsciente todavía hoy suscitan debate entre los psicólogos partidarios y detractores. Por su parte, la comunidad científica lo rechaza. “Y la universidad española”, completa Pico, “también”. Pico apunta que “el psicoanálisis se estudia más como un contenido histórico, que como algo aplicable hoy en día”. De todos modos, puntualiza que “significó el inicio del estudio de la mente desde una interesante perspectiva que dio pie a muchas teorías posteriores que trataron de explicar la psique humana y el funcionamiento de nuestro cerebro”.

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Cómo odiar para siempre la literatura. (Hilo de Nando López)

(Antes de nada, que conste que este hilo es un plagio: sus propuestas están sacadas del currículum oficial que sufrimos docentes y alumnado. Todas ellas, infalibles) 

1. Repitiendo en todos los cursos el ameno listado de tooodos los géneros y los subgéneros literarios, hasta que escuchar palabras como leyenda, mito, oda o tragedia les provoquen un inconfundible sarpullido teórico. 

2. Convirtiendo los textos líricos en “cosas que se miden” tras ocupar 2ºESO con temas destinados a la métrica y al reconocimiento de décimas y redondillas. De entender un poema o dejarse emocionar por él ya hablamos otro día. Si eso. 

3. Transformando los textos literarios en plantaciones de recursos retóricos, de modo que no se trate de interpretarlos -y no digamos ya de disfrutarlos- sino de hacer un cumplido inventario de metáforas, símiles, aliteraciones, hipérboles, anáforas y paralelismos, entre otros. 

4. Eliminando la literatura universal del currículum y relegándola a materia optativa. Total, para qué vamos a leer clásicos que puedan engancharles y resultarles incluso accesibles -como Dickens o Jane Austen-, cuando podemos meterles en vena las ‘Cartas marruecas’ de Cadalso.

5. Ocultando a las autoras en los currículos, en los libros de textos, en las pruebas externas… Para qué hablar de María de Zayas, Sor Juana Inés de la Cruz o Ana Caro, no vaya a ser que sepan que había escritoras ya en los Siglos de Oro y se nos emocionen conociéndolas. 

6. Siguiendo siempre el enfoque cronológico, porque es obvio que en 3ºESO no hay nada tan motivador para adentrarse en los clásicos como comenzar con las jarchas y seguir con la literatura medieval para luego pasar a la renacentista y la barroca. 

7. Acumulando contenidos en plazos imposibles de modo que no dé tiempo a leer y comentar los textos necesarios para conocer a sus autores/as, sino que se convierten en un listado de nombres que se memoriza sin que se sepa muy bien por qué ni para qué. 

8. Convirtiendo generaciones como la del 98 o la del 27 en la versión literaria de la lista de los reyes godos…, en vez de permitir que se seleccionen textos y voces que permitan conocer el espíritu creativo y la relevancia de cualquiera de ellas. 

9. Suprimiendo por completo el siglo XXI, no vaya a ser que se cuele algún tema, título o referencia cercana que permita -la PAU/EBAU no lo consienta- que nuestro alumnado se enganche con esos libros y tenga algo que decir, opinar y expresar al respecto. 

10. Manteniendo el mismo canon de hace 20, 40, 50 años, de modo que si entrásemos a dar clase en Bachillerato con uno de los libros de Lázaro Carreter para 3ºBUP nadie notaría la diferencia. 

11. Obligando al profesorado, gracias a modelos como el de la actual Selectividad, a ceñirse a un listado de contenidos inasumible que exige hacer malabares -con los tiempos y la programación- para abordar otros temas y lecturas. 

12. Garantizando que no habrá estudiante de 3ºESO que, a sus 14 años, no haya disfrutado del Polifemo de Góngora que, como todo el mundo sabe, es uno de esos textos tan fáciles de leer como de interpretar. Especialmente, en la adolescencia. 

13. En definitiva, convirtiendo la enseñanza literaria en la exposición-memorización-vómito de listados y repertorios, en vez de en un espacio de lectura, comprensión y discusión que no solo permita conocer los textos clásicos, sino que también nos haga adultos críticos. 

Pese a todo, el éxito de este método para acabar con la lectura no es absoluto por culpa de muchas y muchos docentes que buscan modos de inculcar la pasión lectora en sus estudiantes, más allá de los límites y márgenes curriculares. Docentes que buscan el modo de aproximarse a esos textos clásicos de modo que sí resulten comprensibles y disfrutables para su alumnado, de forma que encuentren en ellos la vigencia y la universalidad que los dota de sentido también en nuestros días. Si no fuera así, no quedaría ni un/a solo/a lector/a en las aulas después de la 5ª vez que se les pide encontrar sinalefas… Pero está claro que hay profesionales que no se resignan a que la literatura sea un inventario. Si nacen pasiones lectoras en las aulas, es culpa suya.

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Déjales que sean autónomos: la tabla inspirada en Montessori para saber qué tareas pueden hacer en cada edad

ARMANDO@armando_bastida

Son muchas las madres (y muchos los padres) que en algún momento dicen que no pueden más, que están agotados, que todo el día están recogiendo, limpiando y continuamente detrás de sus hijos para conseguir que todo esté en su sitio y mínimamente presentable.

Bien, no están solos… todos andamos más o menos igual. Sin embargo, gran parte del “trabajo” de los padres lo asumirían los hijos si se les diera la oportunidad de hacerlo. Es una cuestión de darles autonomía, de ponérselo fácil para que puedan colaborar y de hacerles partícipes de sus “destrozos” y “desórdenes”.

Por eso hoy os decimos esto: “déjales que sean autónomos, para que así crezcan”. Y para saber cuándo están capacitados os dejamos con una tabla inspirada en Montessori para saber qué tareas pueden hacer en cada edad.

Déjale que crezca

Quizás no os lo creáis (o quizás sí), pero son muchos los padres a los que en la consulta les tengo que decir esto: “déjale crecer”, o “ayúdale a crecer”. Porque tienen cuatro o cinco años y no saben casi vestirle solos, no beben agua más que cuando la piden, muchos aún son bañados y casi, casi, alimentados.

¿Que a qué me refiero? Pues que me dicen cosas como “es que está muy pegadito a mí”, “es que duerme solo, pero se viene todas las noches a mi cama”, “es que lo veo muy bebé”, “es que creo que tendré problemas con el pañal”, “es que apenas juega con otros niños”, etc., y yo les digo que no se agobien, que no pasa nada porque el niño haga todo eso, pero que hay muchos niños que aún siguen anclados en la etapa de bebé, y tienen que poder pasar página.

Pero para poder pasar página y que los padres no nos acabemos convirtiendo en sus mayordomos tenemos que promover su autonomía, que hagan cosas ellos solos. No tiene sentido que los fines de semana, por ejemplo, les vistamos nosotros. Que lo hagan ellos. Puedes dejarle la ropa a su altura y que se la pongan… que lleguen a su ropa. Y si prefieres darle tú lo que quieres que se ponga, dáselo, pero no lo vistas, que lo intente él.

Autonomía en los niños

No tiene sentido que el niño tenga sed y que tenga que venirte a decir que quiere agua. Déjale los vasos de plástico en algún cajón que pueda abrir, o fuera, a una altura acorde a su estatura. Y si quieres, incluso una botellita con agua para que él mismo se la sirva.

Y así con todo. Que vea que puede hacerlo. Que lo intente. Que lo haga. Que empiece a ocuparse de su vida, que tiene edad y capacidad para empezar a hacerlo.

No forzar, pero sí permitir crecer

No hay que obligar ni forzar al niño a hacer las cosas. No tiene sentido que se lo hagamos todo los padres y de repente le obliguemos a hacerlo. Tiene que salir de él, de querer hacerlo, de querer colaborar, de querer ser uno más, como tú, partícipe de su imagen, del orden de la casa, de la limpieza, de la higiene…

Así que sugiere, invita a hacer, o directamente haz que sea divertido (si es posible): canta, ríe, hazle reír mientras lo hacéis, cuéntale historias… así puede ser hasta divertido también para ti, aunque tardéis un poco más.

La tabla inspirada en Montessori para saber qué tareas pueden hacer en cada edad

Montessori

Pero… ¿cómo voy a hacer que mi hijo, que apenas ha hecho nunca nada, se ponga ahora a hacer lo que pone en su edad?, pensaréis muchos. Tranquilidad. Si tenéis un hijo de 9 años, por ejemplo, y os acabáis de dar cuenta de que apenas hace nada de eso, y tampoco lo veis capaz, será porque no ha hecho aún mucho de lo anterior.

La tabla es progresiva y orientativa. Un niño de 9 años puede hacer lo que dice la tabla si en las edades anteriores, más o menos, tuvo las responsabilidades para las que estaba preparado. Así que si la estáis mirando y pensáis que os gustaría que vuestro hijo hiciera más cosas, y además pensáis que las hará motivado y con implicación, pues igual tenéis que empezar por cosas de edades inferiores, para finalmente llegar a lo de su edad.

De igual modo, un niño puede hacer las cosas que en la tabla aparecen para niños de más edad. Todo depende de su motivación, sus ganas y su habilidad. Al final la clave está en respetar sus ritmos de aprendizaje.

En cualquier caso no dejan de ser ideas, un abrir los ojos de los padres que piensan que sus hijos son siempre pequeños para hacer algunas cosas, que puede ayudar a todos los miembros de la familia: si mamá y papá no tienen que hacerlo todo, si los hijos también colaboran en las tareas del hogar, puede quedar más tiempo libre para pasar todos juntos. Y esto seguro que los hijos también lo valoran.

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“La pena y la nada… ” (Frase de Faulkner)

PIEDRAS  PRECIOSAS

“Entre la pena y la nada, elijo la pena ”.

FAULKNER

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Los 7 pecados sociales según Gandhi

Edith Sánchez· 06 marzo, 2018.

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González al 06 marzo, 2018

La fuerza no viene de la capacidad física. Viene de una voluntad indomable.

-Gandhi-

Los 7 pecados sociales definidos por Gandhi son una hermosa compilación de aquellas conductas que causan graves daños a una sociedad. Este líder espiritual y político fue un auténtico convencido de que la moral era una fuerza superior. Por eso mismo, señaló cuáles eran esos factores que minaban la moral socialmente.

Los 7 pecados sociales según Gandhi

Las fuerzas morales son un conjunto de valores. Estos comprenden las virtudes religiosas, cívicas, familiares, etc. Todo ello integralmente conforma una ética. Y es esa ética el principal motor de la cultura. Gandhi fue un ejemplo de esto.

Los pecados sociales, a su vez, se refieren a conductas que se contraponen a la ética. Configuran una situación que debilita a la sociedad. Cuando los valores no son fuertes, la respuesta es muy débil frente a los momentos de crisis o de dificultad. Los siguientes son esos pecados sociales sobre los que Gandhi advirtió.

1. Política sin principios.

Cuando hablamos de política, inmediatamente nos imaginamos solamente a los políticos. Se volvió un lugar común criticarlos y tacharlos de corruptos. También usar esa idea como pretexto para, aparentemente, no participar en política.

Grupo de personas víctimas del efecto Bandwagon

Sin embargo, se nos olvida que nosotros también formamos parte de ese régimen al que cuestionamos. Si se sostiene es gracias a nosotros, bien sea por acción o por omisión. Todos estamos involucrados en la política, como participantes activos o pasivos. La pregunta es si nuestra participación contribuye a construir valores en la política o no.

2. Negocios sin moral (comercio sin moral)

La ambición es otro de esos factores que a veces conduce a los pecados sociales. Cuando solo se piensa en el bienestar propio, suele aparecer la idea de que ese bien justifica cualquier acción. El éxito personal se convirtió en un pretexto para incurrir en las más sórdidas actuaciones.

engranajes con personas representando las teorías sobre los pecados sociales

Incluso gente que se puede considerar “de bien”, termina creyendo que “hay que ser prácticos”. Llaman idealista o soñador a quien involucra valores morales en el tema. Este tipo de conductas solo llevan a que cada vez el límite sea más impreciso y termine imperando una especie de “ley de la selva”.

3. Bienestar sin trabajo (riqueza sin trabajo)

El trabajo no es solo un medio para obtener ingresos. Trabajar y ganarnos el sustento también es un factor que nos hace dignos. Por el contrario, vivir del trabajo de otros deteriora nuestro ser. Nos convierte en parásitos sociales.

El bienestar debe ser fruto del esfuerzo. De hecho lo es. Resulta frecuente que quien vive sin ser útil, rara vez se siente realmente bien. Lo habitual es lo contrario: se torna insaciable, nada termina de satisfacerle, nada termina de cobrar sentido.

4. Educación sin carácter

La educación es un proceso integral. Cuando no se entiende de ese modo, da lugar a uno de los pecados sociales. Educar a alguien no es instruirlo o adiestrarlo. Tampoco atiborrarlo de conocimientos o hacerlo experto como si fuera máquina.

ilustración de Gandhi representando sus teorías sobre los pecados sociales

Quienes están encargados de la formación de alguien deben ser conscientes de que tienen que ser firmes frente a los principios que inculcan. La inconsistencia es un pésimo mensaje para alguien en formación.

5. Ciencia sin humanidad

Aunque en principio la ciencia sirve a la humanidad, también se dan muchos casos en los que esto no es así. Por ejemplo, cuando se promueven informaciones inexactas o falsas, amparándose en investigaciones fraudulentas o cuando se realizan experimentos e investigaciones en las que se llevan a cabo comportamientos poco éticos con personas y animales.

6. Goce sin responsabilidad (placer sin consciencia)

La búsqueda del placer es absolutamente legítima. Cada ser humano tiene el derecho de buscar aquello que le proporcione placer a sus sentidos y a su espíritu. Lo malo es que cuando se cae en excesos, ese mismo placer termina causando daño.

Gandhi tenía una visión estoica al respecto. Encontraba en la moderación una de las grandes virtudes. Ser responsable frente al goce significa mantener un equilibrio frente a lo que nos produce placer. No dejar que se convierta en un exceso vicioso, que termine estropeando otros valores.

7. Religión sin sacrificio

Aunque Gandhi habla exclusivamente de la religión, en este caso el principio se puede aplicar a cualquier tipo de creencia espiritual, religiosa o no. Cuando se profesa una creencia, esta exige que lo que hay en la mente y en el corazón se traduzca en hechos.

Si se considera que uno de los pecados sociales es la religión sin sacrificio es porque las convicciones sin hechos pierden en gran medida su valor. Cuando se cree en algo realmente, se debe estar dispuesto a renunciar a muchas cosas por ello.

Estos son, pues, los 7 pecados sociales que Gandhi advirtió. Lo más importante es que su vida fue un ejemplo de lucha contra ese tipo de comportamientos. Y más relevante aún que haya conseguido todo lo que consiguió aplicando sus principios y amparado por su fuerza moral.

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La frase. Francisco Umbral

  PIEDRAS PRECIOSAS:

“El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia”

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El poder terapéutico de los cuentos infantiles

Los cuentos son un elemento fundamental en el kit de momentos felices de la infancia. Permiten que la ilimitada imaginación de nuestros hijos navegue por mundos insospechados. Son también parte del inventario del curso escolar, que comienza ahora, ya que son recursos para desarrollar el lenguaje y el aprendizaje.

Y en esa carrera, que parece irreal y fantasiosa, es posible descubrir algo más. Porque los cuentos no solo alfabetizan, entretienen, divierten y ayudan a pasar el rato o a relajarse antes de dormir, sino que también permiten identificar y conocer algunos de los pensamientos, sentimientos y emociones que rondan por las cabezas y corazones de nuestros pequeños. Algo tan cercano como las historias que leen o les leemos todos los días pueden convertirse en una poderosa herramienta para conocer más y mejor la vida interior de los niños. Pero estas narraciones son más que una simple decodificación de signos; es también una forma de conversación, como expresa en un trabajo de la Universidad Veracruzana de México, la psicóloga Diana Rico Norman: “el cuento es una manera de relacionarse con el entorno, donde además el niño puede conocer los sentimientos y realidades humanas”.

Justamente, por eso, algunos psicólogos consideran a los cuentos entre sus recursos más ricos y eficaces. De hecho, el uso terapéutico de los cuentos nació en la terapia con adultos, de Milton H. Erickson, quien empleaba las metáforas y los relatos breves para llegar a un diagnóstico y una evaluación de la personalidad. Hoy en día, una buena parte de la psicología, incluido el psicoanálisis, se beneficia de ellos.

Pero, ¿qué superpoder terapéutico tienen los cuentos?

“Las historias y aventuras generan, en primera instancia, motivación e interés en los niños, y, a la vez, tratan los temas de forma indirecta. Permiten abordar ciertos asuntos de una forma mucho más relajada y en la se les invita a reflexionar”, nos cuenta Laura Aguilera, psicóloga, psicopedagoga y fundadora del centro PAI, de Barcelona, además de escritora de cuentos infantiles. No nos referimos a los cuentos de corte didáctico y moralizante que tanto se escribían antes, sino de los de la nueva literatura, que se antoja más gozosa y en la que lo importante es que los niños disfruten, enganchen con las historias y los personajes, y puedan colarse, en cierta forma, en ellas.

Estas narraciones son, sin duda, un momento de encuentro, pero además permiten al niño crear y recrear esa u otra historia, incluso la suya. En ellas encuentra descritos los problemas que le afligen, descubre soluciones en las que no había pensado, ve reflejados sus temores, sus emociones y se identifica con los personajes. De esta manera, enriquece su mundo y su creatividad.

Las características que tiene un cuento terapéutico

En líneas generales, deben adaptarse a la edad del niño, tener la extensión adecuada, un lenguaje sencillo, un mensaje claro y, por supuesto, personajes y situaciones cotidianas que atraigan su atención, que pueda comprender fácilmente y les sean familiares: miedo a la oscuridad, a perderse, a hacerse daño, a la muerte… Los niños, desde muy pequeños, desarrollan un pensamiento simbólico junto al lenguaje verbal, lo que los conduce a la asimilación de la realidad. Solo con una imagen, dibujo, objeto, letra, frase u otro símbolo, son capaces de crear significados de fuerza. En el viaje de inicio, desarrollo y desenlace de un cuento, las metáforas también enriquecen y proponen desafíos. Decía el Dr. Milton H. Erickson, que estas con capaces de guiar al niño hacia la resolución de sus problemas porque fomenta que extraiga del relato sus propias conclusiones y ofrece un modelo flexible, abriendo una puerta a varias salidas. Pero la esencia de un cuento terapéutico son los personajes, que activan las neuronas espejo del pequeño lector y les permiten empatizar y aprender de esas acciones que, en un principio son ajenas, pero que, en realidad, son las propias.

El momento ideal para utilizarlos

Según la directora de PAI, en psicología, los cuentos valen, principalmente, para tratar temas específicos en la etapa infantil, pero funcionan muy bien en todas las edades. “Hay que tener en cuenta que hay historias que valen para ciertas edades y no son eficaces para otras, por lo que hay que seleccionarlos bien: ni muy infantiles o sencillos, ni tampoco muy complejos. Los objetivos van en función de las necesidades de cada niño. En los más pequeños, por ejemplo, se recurre a temas sobre la gestión del enfado y otras emociones desagradables, o el miedo a la oscuridad. Cuando los padres se separan, el bullying o los conflictos entre iguales, el duelo, la autoestima son situaciones que pueden estar contenidos en los cuentos y, muchas veces, también lo están posibles soluciones.

Curar con cuentos las emociones de la pandemia

La psicóloga señala que estos recursos se pueden utilizar en cualquier momento de la vida. Incluso hoy, ya existen cuentos gratuitos incluso sobre la covid, para entenderla y aceptarla. Por otro lado, “quizás pueden haber aumentado algunos conflictos emocionales que existían en los niños antes de la pandemia, y ahora con todo el estrés, la ansiedad y la incertidumbre, han ido a más”, sostiene la también escritora. “Estos recursos nos permiten conversar con el niño sobre lo que le acongoja, reflexionar y que se abra a los padres más fácilmente. Es como crear una base sobre la que, tanto psicólogos como padres, podrán ir construyendo cimientos”, dice Aguilera. La psicopedagoga nos enumera algunos de los cuentos que utiliza en sus terapias para hablar de ciertas emociones.

  •  LA MUERTE. Para siempre, de Camino García, que describe el peso que supone el duelo, cómo es natural irlo a sentirlo y cómo se puede ir aligerando.
  •  LA ENFERMEDADUn monstruo viene a verme, de Patrick Ness (llevada al cine por Juan Antonio Bayona) sirve tanto para tratar la enfermedad, así como la muerte. Es una novela corta sobre un niño cuya madre tiene cáncer a una visita inesperada que lo enfrenta su fragilidad y miedo y le da armas para enfrentarlos. Resulta una trama un poco complicada, que no todos los niños comprenden.
  •  LA ANSIEDAD. El emocionario, de Cristina Núñez y Rafael Valcárcel, un itinerario por las diferentes emociones, muchas de ellas, que entran en el círculo de la ansiedad. O El emocionómetro del inspector Drilo, de Susana Isern y Mónica Carretero, un manual para identificar, medir y regular 10 emociones. También los cuentos de yoga o relajaciones sirven para calmar la ansiedad: Om, de María Isabel Sánchez, o Respira, de Inês Catel-Branco.
  •  LA INSEGURIDAD/INCERTIDUMBRE. Muchas veces asociada a una falta de autoestima, se empodera al niño con cuentos para generar seguridad y confianza como Guapa (Harold Jiménez Canizales), Orejas de mariposa (Luisa Aguilar), Yo voy conmigo (Raquel Díaz Reguera) y El viaje de Lula, este último un proyecto de la propia psicóloga.
  •  LAS NORMAS: Rana de tres ojos, de Olga de Dios, describe el impacto de la contaminación y cómo mejorar esta situación a través del impacto colectivo y las soluciones en grupo.
  •  EL BULLYING. Hoy no juegas, de Pilar Serrano, para tratar el acoso escolar, aislamiento, exclusión, empatía, amistad, solidaridad…

Cómo es una terapia con cuentos

La terapia infantil es distinta de la de los adultos. Con los cuentos buscamos que el niño relacione el relato con su propia vida, pero no sea parte de ella. La psicopedagoga nos describe, a grandes rasgos, su forma de trabajar con cuentos: “primero, se lee o hace leer el cuento al niño. O lo hacemos juntos, intercalando páginas de lectura para crear vínculo. Luego, se le pregunta si ha entendido la historia y se le pide que resuma qué ha sucedido, con preguntas para irlo ayudando. Hablamos acerca del protagonista (¿qué piensas de él?, ¿cómo crees que se siente?, ¿cómo crees que debería comportarse?, ¿qué crees que debería hacer?…). Finalmente, se le pregunta si se identifica en algún aspecto con el personaje. A partir de ahí, empieza la reflexión profunda, en la que el pequeño ya proporciona información sobre su vida, experiencias, sentimientos, emociones, etc. Información reveladora, por cierto, ya que en terapia infantil permite empezar a trabajar con lo que siente el pequeño”.

Reforzar en casa

Explicar por qué los psicólogos infantiles utilizan los cuentos en sus consultas nos da una pista de la potencia e impacto que tienen. Si bien la terapia la hace un profesional, los padres también podemos apoyar esta iniciativa en casa: “lo principal es crear un ambiente relajado a la hora de leer los cuentos, que sea un momento para generar vínculo, proximidad, compartir y disfrutar. Sin expectativas ni directrices. Un ejercicio útil es hablar del cuento leído, relacionarlo con aquel día que le pasó algo parecido a nuestro hijo o comentar qué le ha sugerido la historia. Incluso si ha sucedido algo similar a papá o a mamá, para que vean que los padres no somos perfectos, nos pasan cosas y cómo las vamos superando. Y si el niño no quiere abrirse más o no quiere hablar del tema, dejemos la actividad, y hagamos otra cosa. Hay que darle tiempo y probar otro día”, concluye la experta.

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