Voltaire y su famosa frase

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No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo.

Voltaire defendió la tolerancia por encima de todo. Esta célebre frase, que se le atribuye erradamente, (es una cita apócrifa), resume su postura sobre este asunto.

 

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Famosa frase de PASCAL

Hace ya tiempo que escribí en el blog una famosa frase de Pascal que  es totalmente apropiada para  estos momentos. Decía así:

“La mayoría de los  males les vienen a los hombres  por no quedarse en casa.”

Hoy    vuelvo a repetir  la idea utilizando otra famosa frase del autor:

“Todo lo malo que en la vida me ha pasado ha sido por salir de casa”.

 

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Las etiquetas de los trastornos mentales marcan el destino de los niños

El Forum Infancias Madrid se constituye para denunciar el sobrediagnóstico y la medicalización y lanza un manifiesto para concienciar sobre estas cuestion

Un niño observa a la gente, mientras otros juegan y se divierten.
Un niño observa a la gente, mientras otros juegan y se divierten. GETTY

 

Autismo. Déficit de Atención. Ansiedad. Acelerarse a la hora de emitir un diagnóstico; llegar a una conclusión definitiva para un niño en crecimiento, o decidir que nuestro hijo tiene un comportamiento raro o extraño con tan solo tres años, son ejemplos que pueden llevar a que a un niño o niña se le cuelgue una etiqueta que seguramente le acompañará toda su vida, con las consiguientes consecuencias, tanto individuales como sociales.

Con el objetivo de salir de este modelo de funcionamiento, el Forum Infancias Madrid, movimiento que aglutina a distintas disciplinas: psicólogos, psiquiatras, pediatras, maestros, profesores, entre otros, ha decidido lanzar un manifiesto en el que “plantea tener en cuenta una mirada más respetuosa con la singularidad y subjetividad de cada niño o niña”, explica Edith Bokler, psicóloga con formación clínica en niños y adolescentes y miembro de dicho Forum.

Según sostiene, los manuales que existen sobre los distintos trastornos mentales “deben ser utilizados como una guía de comprensión entre profesionales, muchos de ellos, ponen énfasis en la descripción de síntomas, que en ocasiones se corresponden con situaciones normales del crecimiento pero que señalados por una sociedad que no admite lo singular, llevan a que se produzca un mayor número de diagnósticos y, por consiguiente, una mayor medicalización de nuestros niños. Y no hablo solo de fármacos, sino también, en ocasiones, de un número elevado de pruebas neurológicas a la que se someten a muchos pequeños”.

“Hay mucho que observar cuando miramos a un menor”, prosigue, “los niños y adolescentes no son un objeto de museo, como una mariposa catalogada con un pincho y una etiqueta, Debemos conocerlos a fondo, acercarnos a su mundo interno. Y para que desaparezca esa etiqueta debemos ampliar esa mirada sobre el niño, su familia, su entorno, para que no se quede como algo fijado. Hay que valorar a cada individuo con sus peculiaridades, su singularidad. Dedicarle tiempo, crear lazo, pensarlo. En definitiva, ir caso a caso”, mantiene la experta.

Según explica, la etiqueta tiene el poder de eliminar todo aquello que define el ser de la persona. En vez de considerar un rasgo como un simple atributo, es un niño inquieto sin más, a pensar en términos de un trastorno de impulsividad: “Es como si estuviéramos diciéndole al niño o niña: toma este diagnóstico, es tu trastorno, este es tu destino”. “Hay que entender que hay menores que se aburren; otros que son movidos, algunos que son excesivamente curiosos o repetitivos y no siempre esa condición conlleva un trastorno, o si lo conlleva, no le define como persona”, añade. Escuchar a cada niño por su singularidad es el objetivo.

La escuela también tiene una tarea muy significativa con el niño con dificultades. “Cuando el menor no entra dentro de los cánones de normalidad establecidos, la importancia de definir conceptos como diversidad; inclusión o integración es fundamental. La inclusión, no significa aislar en un aula a los diferentes, sino que los derechos sean iguales para todos los alumnos del centro”. Cita, por ejemplo, la importancia de crear vínculos seguros en la escuela, ello es crucial para el desarrollo de los más pequeños: “Tengo un niño en consulta que había avanzado mucho aun dentro de sus dificultades, y adquirió muchas habilidades instrumentales, entre otras razones gracias a la relación que estableció con su profesora. Ahora, ella está de baja prolongada y la falta de este vínculo le ha descolocado, su nueva maestra no le ofrece una mirada tan subjetiva que haga emerger lo mejor de él. Tener en cuenta esto es fundamental para entender la individualidad del pequeño, saber lo que le está pasando y cómo se debe trabajar con él”.

Los padres deben reclamar una mirada hacia el niño de todos los agentes que están en su vida: escuela, médicos,… Y no asustarse frente a un síntoma diferente del pequeño. “Por ejemplo, en relación con el trastorno de déficit de atención es curioso cómo han aumentado el número de casos en los últimos años, mientras que en otros países como Francia, no ¿entonces el componente orgánico del trastorno del que hablan muchos estudios no existe para los franceses?”, se pregunta la experta.

Los trastornos mentales, llevan a la etiqueta, que a su vez lleva al estigma social, y cuanto mayor es el individuo, como suele suceder con los adolescentes, más oportunidades tienen de sentirse aislados y marginados. “Si evitamos esa etiqueta desde la infancia y entendemos al niño o niña en su totalidad, con su historia familiar, sus deseos, sus preferencias, sus juegos, sus identificaciones, su vida será mejor, aún con sus dificultades”, termina la experta.

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¿Qué hacer si nuestros hijos e hijas no quieren compartir sus juguetes?

Una tarde cualquiera. Un parque infantil cualquiera. Tu hijo juega con sus juguetes en la arena. Otro niño pequeño se acerca y quiere coger alguno de los que no está usando. El tuyo protesta, llora o se lo quita directamente de las manos. ¿Qué hacemos como padres o madres? La respuesta más obvia es decirle a tu hijo o hija: “Déjaselo, hay que compartir”. Pero, según algunos expertos en crianza o psicología infantil, la situación es mucho más compleja. ¿Están preparados para comprender lo que significa compartir? Esa es una de las preguntas clave.

“Obviamente, como personas que tenemos el valor de la solidaridad, a todos nos nace decir que hay que compartir. Lo que pasa es que lo que no nos nace es dejar que nos roben”. Son palabras de Armando Bastida, enfermero pediátrico y autor de libros y conferencias sobre crianza. Para ejemplificarlo, lo traslada a la vida adulta: “Yo bajo del hotel y veo que otro hombre tiene su desayuno preparado. Se lo cojo y lo llevo a mi mesa. El hombre me dirá que ese desayuno es suyo. Yo puedo tirar de todo el repertorio: hay que compartir, mitad para ti y para mí, etcétera, pero a la otra persona le va a parecer mal, más encima si no te conoce”.

“En los parques este es un conflicto esencial en ciertas edades”, asegura por su parte Marta Martínez, psicóloga y autora de la web “Educación respetuosa“. Para esta profesional, “obligar a compartir es un acto de poca empatía” con tu propio hijo. “Si tu hijo está bien, no hay problema, pero si se queja y está llorando, es otra cuestión. Nuestros niños o niñas siempre salen perdiendo si les decimos que dejen sus juguetes. Si tu hijo dice que no, lo tienes que recuperar. Si permites que se lo quiten, sale perdiendo. Y cuando tu niño le quite a otro el juguete, y éste último llore, se lo vas a devolver. No puedes enseñar que a ti te puedan quitar juguetes y tú no puedes quitar a nadie”, expresa Bastida.

¿Qué hacer entonces? No es sencillo decirle a otro adulto que no le dejas los juguetes a su hijo. “Evidentemente si lo haces vas a recibir miradas. Si tienes confianza con las madres que están al lado se lo puedes explicar, si no, aguantar esa crítica”, afirma Martínez. “Lo lógico que deberíamos hacer los padres o madres es respetar, si no se lo quiere dejar, hay que recuperarlo”, insiste Bastida.

Silvia Guijarro es maestra de Educación Primaria y Educadora de Disciplina Positiva para familias. Escribe en el blog “Criar con sentido común” y aporta algunas herramientas concretas para afrontar estas situaciones. Si el niño que quiere el juguete es mayor y puede comprender, podemos explicar que el nuestro es muy pequeño y aún no está preparado para compartir.

Si los dos son pequeños, algunas ideas son: “explicar que es su juguete favorito (o uno de ellos) y no le gusta compartirlo; preguntar a nuestro hijo si quiere dejarle otro juguete distinto, siempre sin forzar; preguntarles a los dos si les gustaría intercambiarse algún juguete por un rato, igualmente sin obligar; preguntarle al dueño del juguete si le gustaría que jugaran los dos juntos con su juguete, en caso de que sea posible; ofrecerles la alternativa de jugar juntos a algún juego sin usar el juguete en cuestión”.

La venta de juguetes alcanzó los 1.160 millones en 2017, un 1,7 % más
Niño eligiendo un juguete EFE

“Si los dos están centrados en el juguete y no conseguimos redirigir la situación hacia ninguna solución respetuosa, tendremos que asumir que el dueño del juguete tiene derecho a decidir y validar las emociones de ambos para ayudarlos a pasar el mal rato”, apunta.

¿Y cómo aprenden entonces a compartir? “Algún día, un niño se acercará, no robará el juguete, se pondrá ahí al lado y estará expectante. Ahí tú puedes participar y decirle que el niño está al lado, que no tiene ningún juguete y qué si le dejamos algún juguete”, ejemplifica Bastida. Además, añade que hay estudios científicos y evidencias que reflejan que cuando tú les dejas a ellos, al final ellos lo hacen. “Sin tú enseñarles a compartir, ellos lo acaban haciendo. Lo que los niños no soportan es que se arranquen las cosas de las manos”, comenta.

Por su parte, Martínez comenta que hay que ser consciente de que habrá momentos en los que tu hijo no quiera compartir y pueda ser válida esa actitud. “Porque realmente en la vida adulta a veces no queremos compartir. Hay muchas variables a la hora de tomar la decisión de compartir o no. Entonces, hay que jugar ahí entre el fomentar por un lado esa solidaridad y respetar sin imponer”, señala. Los límites, afirma esta psicóloga, son importantes. Sobre todo, de cara al futuro. “Si yo te obligo a compartir siempre, hasta qué punto luego el niño o niña siente su poder personal para decir lo que no quiere. La sumisión tiene luego esas derivadas, con niños que no saben poner sus límites personales a ciertas cosas”.

¿Y qué pasa cuando los juguetes son comunes? Las situaciones son diferentes en espacios como ludotecas y, sobre todo, en las escuelas infantiles. “Uno de los aspectos indispensables para trabajar con niños y niñas es el valor de compartir”, señala María Montero, educadora en una escuela infantil pública del Ayuntamiento de Madrid. Según su experiencia, a los niños también hay que mostrarles que no todos podemos conseguir lo que queremos, a veces hay que esperar, hay que dialogar e incluso muchas veces no se conseguirá nunca.

“Siempre partimos de que de 0 a 3 están en la etapa egocentrista, están formándose y aprendiendo quién son ellos. Si a un adulto le cuesta compartir, a ellos mucho más. Según van creciendo lo que intentamos es que aprendan desde el diálogo y el respeto hacia el otro. Si uno de ellos tiene un juguete y llega otro y se lo coge, es injusto. Nosotros les decimos, por ejemplo: mira David, lo tiene Lucía, le puedes pedir el juguete con la palabra y usarlo los dos o cuando ella deje de usarlo, lo coges tú”, explica Montero.

En la escuela infantil en la que trabaja esta educadora, la premisa es no quitar nunca los juguetes sino intentar que la situación se gestione desde ese diálogo. Y ese aprendizaje, señala, es válido también para los parques y el resto de espacios infantiles.

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Cómo explicarle a tu hijo que el abuelo ha fallecido

Hablar con naturalidad de la muerte con los niños ayuda a que superen el duelo de manera sana y comprendan que la muerte es una parte más de la vida

Cómo explicarle a tu hijo que el abuelo ha fallecido

La muerte es un hecho que, queramos o no, forma parte de la vida, y por desgracia, todos, tarde o temprano, tenemos que enfrentarnos a la muerte de un ser querido. Si el ciclo de la vida sigue su lógica natural, los primeros en fallecer serán los abuelos, por lo que su falta será la primera toma de contacto de los pequeños con la muerte. Y, llegado este momento, al dolor de la pérdida se le unen las dudas de cómo hacerles comprender que su abuelo ya no volverá nunca.

“El abuelo se ha ido”,”la abuela está en un lugar mejor”… son algunas de las expresiones más comunes que se utilizan para intentar explicar este hecho indefectible. A pesar de que creemos que es la mejor manera de hacerlo, no es así. Entonces la pregunta es lógica: ¿Cómo explicamos a los niños la muerte de un ser cercano sin que esto suponga un trauma para él?

 

Lo primero que hay que tener en cuenta ante estas situaciones que ocultar la pérdida no debe de ser una opción, ya que tal y como apunta el libro Hablemos del duelo, de la Fundación Mario Losantos del Campo, a pesar de la creencia que protegiendo a los niños de la muerte les ahorraremos sufrimiento, el proceso es justamente el contrario: los apartamos de un proceso fundamental en su vida que los hará más propensos a la frustración y no desarrollarán las habilidades necesarias para afrontar eventos a los que tendrán que hacer frente en la edad adulta.

Para la psicóloga Vanessa Prades Estévez del centro Simbòlics a la hora de comunicar la pérdida de un ser querido a un niño lo primordial es ser lo más sincero posible. “Por normal general, la persona encargada de dar la noticia al niño está sufriendo su propio proceso de duelo, y está triste por la pérdida. Tenemos que ser conscientes de este dolor y no ocultarlo cuando hablamos con el pequeño. Expresar estos sentimientos es una manera de comunicación afectiva que da pistas al niño de la realidad de lo que sucede y ejemplifica cómo lidiar con las emociones negativas de tristeza o rabia que pueden surgir”.

Según describe Prades, ser coherente entre lo que explicamos y como nos sentimos es imprescindible para que el niño comprenda la magnitud de la pérdida y lidie con ella, ya que si los padres (o los encargados de comunicar el fallecimiento) no son coherentes entre lo que dicen y lo que sienten el menor va a notar una disonancia que le puede crear angustia. “Además, hay que tener en cuenta que en los más pequeños la imaginación puede rellenar esos vacíos y preocupaciones”, puntualiza.

Además de esta sinceridad Prades recomienda que en el momento de hablar con el pequeño se intente buscar un lugar y un momento tranquilo y que la persona que se lo comunique sea alguien en quien confíe, “por lo que hay que darle un tiempo para que se exprese y responder a esas preguntas con sinceridad, y teniendo en cuenta la edad del menor”. En este punto y según la guía Hablemos del duelo el no dar las explicaciones necesarias sobre lo que es la muerte puede dar lugar a que los menores saquen sus propias conclusiones que no siempre serán las más correctas.

Las preguntas sobre lo que ha sucedido con la persona fallecida varían dependiendo de la edad. De esta manera, los niños más pequeños (de hasta seis años) harán preguntas más concretas como: “¿Qué va a comer?, ¿hace frío dónde está?” y también es probable que surjan cuestiones que relacionen la muerte con las personas que lo rodean y llegue a compartir ideas como: “¿Papá se va a morir?” o “¿si os morís quién me va a cuidar?”. Cuanto más mayor sea el niño las preguntas pueden tratar conceptos más abstractos como: “¿Cómo es el cielo?” o “¿en el cielo se está bien?”. Estas dudas favorecen que el menor construya su propio concepto de la muerte, y responderlas con la mayor sinceridad posible ayuda a que este concepto esté ligado con lo que realmente es.

Para que el niño comprenda qué es la muerte en Hablemos del duelo abordan tres puntos básicos que ayudaran a que esta interpretación sea correcta y reducirán teorías basadas en la fantasía:

– La irreversibilidad: el abuelo no va a volver

Es muy importante transmitir a los niños que la muerte es un estado irreversible, es decir, el abuelo o la abuela no van a volver y hay que aprender a vivir sin ellos. “Esto es especialmente importante entre los más pequeños, ya que ellos entienden la muerte como algo del presente, por lo que a los pocos días pueden volver a preguntar por el abuelo o la abuela al no tener las herramientas cognitivas necesarias para comprender la muerte como un concepto a largo plazo”, asegura Prades.

Además, la psicóloga también apunta que para que los niños asimilen esta irreversibilidad puede ser positivo que participen en las ceremonias de despedida, especialmente si ellos lo solicitan. “Debido al tabú de la sociedad se aparta a los niños de estos momentos para evitar el encuentro con la realidad de la muerte, pero ahora se recomienda que participen si así lo desean. Las ceremonias de despedida ayudan a los vivos y son una forma de reconocer comunitariamente que ha habido una pérdida, que hay gente para apoyarlos; y honrar así la memoria de la persona que se ha marchado”.

– La universalidad: todos los seres vivos mueren

Otro de los puntos fundamentales que deben entender los niños es que la muerte es algo transversal que le pasa a todo el mundo, algo de lo que no suelen ser conscientes hasta que alguien cercano fallece. Llegados a este punto es normal que el pequeño se haga preguntas como: “¿Mamá, tú vas a morir?” Las respuestas en estos momentos han de ser claras pero no contundentes. Tal y como explican desde la fundación Mario Losantos del Campo. “Hay que tener cuidado a la hora de transmitir este concepto porque el niño entiende la inmediatez ligada a la rotundidad del hecho. Es decir, si cuando le pregunta a un adulto: “¿Tú te vas a morir?”, este responde rotundamente que sí, el niño entenderá que esa muerte va a producirse en un lapso muy corto de tiempo y se asustará al pensarlo. Por ello es mejor recurrir a respuestas como: “Cariño, yo me voy a morir pero dentro de muchos, muchos años”.

– Con la muerte el cuerpo deja de funcionar

Explicar que la muerte es un proceso fisiológico y evitar expresiones como: “El abuelo se durmió se quedó muy tranquilo, pero ya no pudo despertarse”. En la guía Hablemos del duelo se describe que esta clase de explicaciones puede llevar a los niños a crearse sus propias teorías sobre lo sucedido. Por ello aconsejan dar una explicación lógica sobre lo que le ha sucedido a la persona fallecida sin entrar en detalles morbosos. “Explicar que el corazón de la persona fallecida ha dejado de latir, que sus pulmones ya no funcionan es suficiente para que los niños entiendan la causa física que ha provocado la muerte”, se detalla.

Por último, hay que tener en cuenta que, al igual que en los adultos, el duelo es un proceso que puede llevar un tiempo indeterminado dependiendo del niño. A lo largo de este período debemos tener en cuenta una serie de factores de acompañamiento que ayudaran al menor a superar la pérdida.

Una de las primeras cosas que deben comprender los adultos es que el pequeño ha de desarrollar sus propias emociones sobre la muerte, por lo que no hay que compararlas con las emociones o reacciones de la gente adulta. Sobre las reacciones que puede tener el menor a la hora de afrontar la noticia de un deceso Prades explica: “A veces se comunica la noticia y los niños no reaccionan o hacen un comentario fuera de lugar o se ponen a reír, algo que choca a los padres, y se toman esto de una manera muy personal, o incluso se asustan. Esto puede ser porque el niño no ha llegado a comprender el alcance de la pérdida. Se trata de una reacción defensiva, la primera reacción es una negación y esto a los niños también les pasa, pero lo expresan a su manera. Hay que dar un tiempo de aceptación del significado”.

Además, hay que dar la posibilidad a los pequeños de hablar de su duelo con las personas que quieran, cuándo quieran y como quieran. El no querer hablar del tema o querer continuar con la cotidianidad como jugar con los amigos, puede ser también la manera del niño de superar su duelo y no tiene por qué ser algo malo o no tiene por qué suponer que el niño no supere este periodo de aflicción.

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Los colegios se empeñan en separar a los hermanos gemelos aunque lo desaconsejen los expertos

Al miedo y a los nervios de incorporarse al colegio por primera vez y separarse de sus padres se suma para algunos en este inicio de curso escolar que les aparten de la persona con la que han compartido hasta ahora toda su vida. Los hermanos gemelos y mellizos hacen frente en España a una tendencia muy generalizada en los colegios: separarlos en clases diferentes.

“Cuando tienen tres años, estas dos ‘personitas’ que se han generado al tiempo y se han criado de manera conjunta desde el útero entienden que son dos personas separadas pero se complementan y se apoyan, su vínculo es muy fuerte. No aporta nada romperlo y puede resultar contraproducente”, explica la psicóloga Ainhoa Uribe. Coks Feenstra, psicóloga infantil, escritora de El Gran Libro de los Gemelos, añade que “un niño que nace con otro siente su compañía como algo natural”.

Lidia vio como sus hijas gemelas no entendieron la decisión del centro en el que les escolarizó a los tres años. “No lo comprendían, pensaban que era un castigo. De hecho había un baño común para las dos clases y cuando tenían un descaso se reunían ahí”, destaca.

El lunes las dos niñas comienzan Primaria en un nuevo colegio. Para conseguir que compartan clase, su madre y su padre han emprendido una pelea administrativa presentando ante la dirección, la Conselleria de Educación y la valedora do pobo –defensora del pueblo en Galicia– un argumentario en el que solicitan que se respete la libertad de las familias para elegir si quieren que sus hijas vayan juntas o separadas. Ante esta última ha acudido apoyada por la Confederación de AMPAS gallegas.

Esta decisión no solo se toma en Galicia. Pilar y Elisabeth residen en la Comunidad de Madrid y llevan todo el verano aportando información sobre este tema a la dirección de los centros en los que se van a incorporar a sus hijos a Infantil. Han llegado a abrir una recogida de apoyos cada una en Change.org. En estos casos, como los pequeños tienen tres años, piden a a la administración que al menos no les separen este primer curso. Feenstra explica que la idea de que la separación de hermanos de parto múltiple es beneficiosa es “un mito generalizado” no solo en España, sino también en otros países industrializados. Aquí la última palabra es de los responsables de los centros educativos.

Elisabeth explicó esta situación en las jornadas de puertas abiertas de los colegios que visitó para recabar información sobre los centros de Getafe, el municipio madrileño en el que vive. La respuesta que obtuvo en la mayoría fue parecida: que ellos los suelen separar. “Solo me encontré con un responsable que me planteó que se lo podía pensar. Así funciona esto. Sota, caballo y rey”, protesta esta madre de dos hijas gemelas de tres años.

Pilar se encontró con la misma situación. Reside en Morata de Tajuña, una localidad de Madrid donde solo hay un colegio. Así que su posibilidad de negociar la escolarización conjunta de sus dos vástagos era más reducida. “Desde el principio la directora me dijo que por su experiencia siempre habían prohibido que compartiesen aula. Le planteé que entonces nunca habían probado lo contrario, pero no hubo opción y se opuso”, reseña.

Evaluar cada caso de forma particular

Esta madre considera que la directriz a nivel general no es correcta, apuesta por analizar cada caso y que esa evaluación sea realizada por la docente que les da clase: “Lo más cómodo es que empiecen juntos y que la profesora diga si cree que funcionan juntos o no. A lo mejor no funciona y yo estoy empeñada en esto. Solo pido que lo valoren”.

Sin embargo, la directora del centro en el que ha escolarizado a sus hijos no compartía este criterio. Así lo argumentó en una carta asegurando que mantener juntos a los hermanos “hace más difícil su integración social” o “que hagan amigos”. También considera que “dificulta su independencia” y potencia un “rol de dominancia de uno sobre otro”. “La visión que tienen de uno hacia el otro es como hermano y no como compañero”, justificaba en una misiva remitida a la familia y fechada el tres de julio.

Feenstra desmiente todos estos puntos. Se remite a un estudio coordinado por el King’s College de Londres en el que sus autores “demuestran que los gemelos separados a los cinco años, sufren problemas interiorizados, como ansiedad, soledad, retraimiento, retroceso en su desarrollo y tienen un menor rendimiento escolar en lectura que los que están juntos”. 

La decisión depende de cada centro

Estas dos madres pensaban que conseguir la escolarización en el mismo aula iba a ser más sencilla, ya que durante el curso pasado hubo dos posicionamientos que les favorecían. Por un lado, contaban con una recomendación del Gobierno de Cristina Cifuentes dirigida a que los colegios “recaben las opiniones y preferencias de las familias en relación a la escolarización de sus hijos en el mismo o en distinto grupo”. Además, instaban a que se incrementase “la información que se ofrece a las familias” acerca de cuáles son los criterios utilizados en el centro en este tipo de casos.

Por otro, tenían el precedente de una sentencia emitida este año que daba la razón a una familia extremeña que reclamaba lo mismo que ellas y que también se encontró con la oposición del centro y la Consejería de Educación. El Juzgado de lo Contencioso Administrativo Número 1 de Mérida dejaba al margen las reglas generales y consideraba esencial “centrarse en el caso concreto de los menores”.

A la psicóloga Ainhoa Uribe tampoco le parece “conveniente la separación a los tres años”. “No parece que aporte ventajas ni mejoras significativas y, por el contrario, sí genera inseguridades y retraimiento en los niños que, en Infantil y Primaria siguen siendo muy sensibles a los cambios”, sostiene.

Tras tanta insistencia, Elisabeth ha conseguido que sus hijas vayan juntas. Pilar y Lidia están a la espera de que los colegios adopten un cambio de posicionamiento, aunque por ahora sus niños comenzarán separados el curso.

Ninguno de los tres centros mencionados en este reportaje han atendido a eldiario.es para justificar su decisión. Y los departamentos de enseñanza de Madrid y Galicia, donde se ubican, tampoco han aportado una respuesta justificando que depende del responsable de cada escuela.

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Cómo sobrevivir al paso de Infantil a Primaria: Consejos clave

Cómo sobrevivir al paso de Infantil a Primaria: Consejos clave

En septiembre muchos niños vivirán un momento realmente importante para ellos, el paso de Infantil a Primaria. Junto a la emoción de volver a ver a sus amigos se suma que ya van a jugar en el patio de los mayores, o que tendrán que subir por las escaleras a las clases de arriba, incluso puede que alguno de ellos sienta un ligero hormigueo porque ha escuchado que van a hacer “exámenes”, y al ser algo nuevo le resulta emocionante.

Para las familias las inquietudes serán otras, deberes, mayor carga de libros, nuevos profes y las dudas habituales sobre la preparación y madurez de nuestros hijos. Debemos ser conscientes de que estos van a pasar de la etapa pre operacional de Piaget en la que representan el mundo con imágenes y donde reina la fantasía, a la fase de las operaciones concretas, que se inicia sobre los 6 o 7 años. En ese momento empiezan a clasificar las cosas, a tener razonamientos más lógicos y fundamentados. Veremos que se aficionan a las colecciones de objetos y que empiezan a razonar problemas matemáticos sencillos.

Todos estos cambios no surgen de un día para otro. En el colegio existen los “Planes de transición”, y son un conjunto de actividades que se habrán hecho al final de la etapa de Infantil y seguirán ahora cuando empiece Primero de Educación Primaria. Estamos hablando de visitar las clases de cursos superiores, jugar unos días en el patio de los mayores o conocer ya a muchos de los maestros que tendrá ya en septiembre.

Los niños de Educación Infantil están acostumbrados a moverse más por el aula, a trabajar por rincones y a tener más tiempo para almorzar. En la clase de Primero los docentes, guiados por esos planes de transición, suelen dejar momentos en clase para que estos puedan relajarse, al igual que empiezan a almorzar en clase un poco antes, y la metodología se adapta para que todos los alumnos se sientan cómodos y centrados.

Paso de Infantil a Primaria

Cómo podemos ayudar los padres en esta transición

1. Ayudar a que mejore su atención y ejercite la mente

Unos recursos muy interesantes y que ayudarán a vuestro hijo a permanecer más tiempo sentado, y también a respetar los turnos y mejorar su atención, son los juegos de mesa. Aprovechad el tiempo libre para jugar con ellos al parchís (y repasamos los números), a la oca o a juegos sencillos de cartas. Existen infinidad de juegos con los que los niños aprenden a perder (no os dejéis ganar siempre, por favor), a respetar turnos, a permanecer atentos, a contar, a aceptar las normas sociales, además repasan vocabulario y desarrollan un sinfín de habilidades necesarias.

2. Reforzar la lectura

Otro aspecto que genera incertidumbre es la lectura. El hecho de que un niño todavía no lea, supone un motivo de preocupación para muchas familias. Sin embargo, lo primero que debemos recordar es que la educación no es obligatoria hasta Primero de Primaria, por lo que, ‘legalmente’, ningún alumno debe hacerlo de una manera forzada. Si vuestro hijo no tiene la lectura consolidada os recomiendo empezar con cosas sencillas. Muchas veces le resulta más fácil leer la palabra “leche” en el brick mientras desayuna, o “María” de la caja de las galletas. Por las noches podemos utilizar algún libro, es mejor que sea uno que a él le guste, que lo conozca y que sea importante para él. En caso de comprar libros, mi consejo es recurrir a la poesía, sus textos son más ligeros y cortos, por lo que no se cansan tan rápido de leer.

3. Motivarlos a la hora de hacer los deberes

Respecto a los deberes, no juguéis a ser adivinos y decirle que va a tener muchas tareas, exámenes y controles. Es innecesario. Cuando lleguen esos trabajos de refuerzo en casa lo importante será que vosotros, como adultos, le enseñéis a organizar el tiempo para poder hacerlos. Tratad de que vuestro hijo lo vea como una oportunidad de aprender con su familia. Si sois capaces de ayudarlos a hacer esos deberes con una sonrisa, con algún juego, y libres de negatividad, estaréis sembrando una importante semilla para que los niños no lo vean como algo tedioso en el futuro. Un error muy común, si tenéis un grupo de Whatsapp con los padres de la clase, es preguntar dudas sobre las tareas que tienen que hacer los niños, recordad que son ellos los que deben ir asumiendo responsabilidades y convertirse en personas autónomas. Si les facilitamos el trabajo, se acomodarán.

Paso de Infantil a Primaria

4. Trabajar los hábitos de autonomía personal

En el hogar también tenemos que dejar que nuestros hijos asuman nuevos roles, como empezar a vestirse solos por la mañana. Esto debemos empezar a trabajarlo cuanto antes, puesto que cuando vuelvan al cole se deben levantar antes y nosotros tendremos menos tiempo para ello. De igual manera deben empezar a hacerse la cama y desayunar sin ayudas aunque se manchen. Piensa que los hábitos de autonomía personal es mejor trabajarlos durante las vacaciones para que al inicio del colegio ya estén consolidados.

5. Atender las indicaciones de los docentes

Por último, las familias pasamos de tener un tutor de Infantil, que en muchos casos nos informaba de manera pormenorizada de todo, a tener ahora varios maestros. A veces podemos quedarnos con la sensación de que recibimos menos información en Primaria que en Infantil. Es importante que las familias nos concienciemos de que nuestros hijos deben asumir, poco a poco, más responsabilidades. Por ejemplo, si antes el profesor nos enviaba una nota informando de que se debía llevar una cartulina, posiblemente ahora sea él el que tenga que copiar de la pizarra esa nota en su agenda escolar. Es muy importante que los padres vayamos a las reuniones con los docentes, que sigamos sus pautas, y que cuando tengamos dudas se las planteemos.

Finalmente recuerda que todo depende de cómo nos adaptamos nosotros a los cambios, y si los padres lo vivimos como algo normalizado nuestros hijos también lo verán así, porque somos sus referentes a seguir, y a imitar.

Francesc Vicent Nogales Sancho
Maestro y 3er mejor docente de España en Primaria, Premios Educa Abanca 2018
Colegio San Enrique (Quart de Poblet, Valencia)

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