Mi hijo me pega cuando se enfada

¿qué debo hacer?

Alba Caraballo Folgado

Se suele hablar mucho del maltrato de padres hacia los hijos, pero en menos ocasiones, se trata el tema cuando ocurre a la inversa, cuando son los hijos quienes agreden física o verbalmente a los padres.

En estos casos, la víctima suele ser la madre y generalmente no ocurre porque la familia esté desestructurada, los padres sean demasiado autoritarios o tengan un bajo poder adquisitivo. Entonces, ¿qué lleva a un niño a agredir e insultar a sus padres?

Por qué algunos niños pegan e insultan a sus padres

Niños que pegan a sus padres

Todos hemos visto en alguna ocasión a un niño que, en medio de una gran rabieta, intentaba empujar o golpear a sus padres, e incluso insultarles. Son situaciones delicadas, en las que muchos padres se quedan petrificados u otros reaccionan con violencia, pero, sobre todo, no entienden por qué sus hijos tienen esas reacciones agresivas.

Al margen de aquellos casos en que la razón es biológica y está asociada a algún trastorno, las estadísticas muestran que estos niños no tienen unos padres muy autoritarios, tampoco provienen de familias separadas o de aquellas con un nivel socioeconómico bajo. El principal problema es la falta de normas y límites en la educación. Son niños que reciben una educación demasiado permisiva en la que mantienen una jerarquía de igual a igual con sus padres. Son niños tiranos y mandones, con una baja tolerancia a la frustración, no aceptan un no por respuesta, son impulsivos y manifiestan poco apego hacia los demás.

Qué hacer si el niño agrede e insulta a los padres

Los estudios revelan que los niños que desarrollan conductas agresivas a temprana edad tienen la tendencia de continuar este comportamiento cuando son mayores, para frenarlo los padres podemos:

– Establecer normas y límites: dejar el consabido ‘pórtate bien’ y explicarles qué esperamos de ellos y cómo se han de comportar. No hace falta inundarles a normas, pero sí establecer unas básicas que comprendan y que respeten.

– No razones cuando está en plena explosión: el momento de la rabieta no es el más adecuado para dialogar. En esos momentos intentaremos que no se hagan daño a ellos mismos, a otros niños o a nosotros y esperaremos a que haya pasado la pataleta para hacerles comprender por qué no está bien lo que hicieron.

– No reaccionar con violencia: si gritamos, pegamos o insultamos a nuestros hijos, ellos imitarán esas conductas violentas. Asumirán el maltrato como algo normal.

– Estimular el vínculo: hacerles saber cuánto les queremos, participar de sus aficiones, hablar con ellos, mostrarles afecto, en definitiva, fomentar también la inteligencia emocional en nuestros hijos y el apego es fundamental.

– Controlar su impulsividad: debemos ser un ejemplo en ese sentido, además hemos de establecer consecuencias para que ellos entiendan cuándo no actuaron bien o incluso podemos enseñarles a seguir instrucciones paso a paso, haciendo juegos o recetas de cocina, para que ellos aprendan a autocontrolarse.

– Educar en la empatía: enseñarles a ponerse en el lugar del otro es básico para que controlen esa agresividad y persistan en su actitud hiriente hacia los demás.

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Ser Asperger: una lucha diaria contra la ignorancia

En España no existen cifras oficiales sobre este trastorno de espectro autista del que se empezó a hablar hace apenas 70 años

dia internacional del sindrome de asperger
Darko Díaz y su pareja, Cristina Paredero. JORGE VILLA ILUNION

Darko Díaz, de 28 años, sueña con tener un trabajo estable bien remunerado y formar una familia junto a su pareja, Cristina Paredero, de 25. Su proyecto de vida no dista mucho del de la mayoría de jóvenes de su edad, aunque para llevarlo a cabo, además de demostrar sus capacidades, tendrán que pelear contra la ignorancia de los demás y, en ocasiones, esconder su personalidad. Ambos tienen síndrome de Asperger, un trastorno de espectro autista (TEA), descubierto hace apenas 70 años y del que no existen cifras oficiales en España, pero que, según estudios de Europa Autismo, afecta a una de cada 100 personas.

“Imagina lo que es vivir actuando y rehuyendo de tu propio carácter, con la intención de ser normal”, explica Paredero. Fue lo que ocurrió cuando Díaz y ella decidieron irse a vivir juntos, hace ya más de dos años, y comenzó la búsqueda de piso. “Nos veíamos obligados a fingir”, relata ella, sobre los encuentros con los caseros de las viviendas. La lucha para conseguir un alquiler quedó atrás, ahora son propietarios de una casa, pero la batalla por lograr la empatía de la sociedad continúa día tras día. “La gente por la calle me mira raro porque reacciono de manera muy viva cuando veo a un perro, por ejemplo. No lo entienden”, dice Díaz, que a continuación espeta un “soy así” en tono resignado.

El síndrome de Asperger comparte con el autismo sus características más representativas como la dificultad en la comunicación social y la falta de flexibilidad de pensamiento y comportamiento. Sin embargo, la capacidad intelectual de las personas con este trastorno está dentro de la media y, en ocasiones, es incluso superior a la del resto de la población. “No es una discapacidad visible, por eso a veces se piensa que simplemente son personas maleducadas, inflexibles o manipuladoras”, sostiene Ruth Vidriales, directora de Autismo España.

La ignorancia sobre la discapacidad intelectual en toda su amplitud es, en opinión de Paredero y Díaz, el principal motivo del rechazo al que están expuestos. “Se piensan que se nos van a cruzar los cables y vamos, por ejemplo, a romper cosas”, describe Paredero. Nada más lejos de la realidad. Las personas con trastornos autistas no solo no son personas violentas, sino que, en muchas ocasiones, son víctimas de otros. Así lo asegura Vidriales, de Autismo España, que apunta como uno de cada dos casos de acoso escolar pertenece a un niño con TEA.

Miedo a lo desconocido

A sus 27 años, Macarena Barba, con un grado de discapacidad del 34%, acumula en su currículum formación superior en diseño gráfico y producción editorial, cuatro cursos en el ámbito digital y de grabación de datos y varios años de experiencia en su área. Aunque eso no le ha evitado tener que enfrentarse a situaciones desagradables en entrevistas de trabajo. “En un proceso para una oferta que se adaptaba a mis necesidades, vi que el entrevistador ponía cara de interés, pero cuando supo que tenía el certificado de discapacidad se le cambió la cara. Fue un duro golpe”, admite. Una reacción que, en opinión de la joven, es fruto de la ignorancia. “Muchas personas piensan que es una enfermedad que se puede contagiar o hacer daño. No es ninguna maldición, es una condición con la que naces. Somos personas normales con ganas de trabajar”, aclara.

Macarena Barba, de 27 años, tiene síndrome de Asperger.
Macarena Barba, de 27 años, tiene síndrome de Asperger. JORGE VILLA ILUNION

Como Paredero y Díaz, Barba también tiene planes para el futuro. Sueña con trabajar como diseñadora en una gran editorial, llegar a ser alguien como artista le encantan las manualidades y tiene su propio canal de Youtube y hacer vida de soltera en una autocaravana para “no pagar hipoteca”. Aunque, si hay un deseo con el que Barba se muestra especialmente entusiasmada es con tener un grupo de amigos. Un objetivo que tras casi treinta años soportando el acoso y las burlas de los demás, le parece inalcanzable.

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“Roma veduta, …”

 

PIEDRAS PRECIOSAS

“Roma veduta. fede perduta”

Vista Roma,  perdida la fe”

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Acoso escolar: 11 actitudes erróneas (y una mala solución) que impiden frenar el bullying

¿Por qué a veces da la impresión que no podemos frenar el acoso escolar? ¿Por qué este problema social tan preocupante, también conocido como bullying, sigue estando muy presente en la vida cotidiana de tantas familias y tantos colegios? ¿Será verdad eso que “a veces empezamos a apagar el fuego cuando la casa ya está prácticamente quemada”?

El presidente de la Asociación Española para la Prevención contra el Acoso Escolar (AEPAE), Enrique Pérez-Carrillo, ha tratado multitud de casos de acoso escolar, bullying, ciberacoso y todo tipo de agresiones entre menores de edad, algunos muy pequeños, producidas en el contexto escolar.

Pérez-Carrillo, periodista, profesor y Máster en Defensa Personal Policial (es cinturón negro 9.º Dan de Yawara Jitsu), tiene un diagnóstico claro: los protocolos de actuación de los colegios no bastan. Hay que anticiparse al acoso y, sobre todo, evitar errores como estos 11 que describe a continuación, y que se oyen con demasiada frecuencia en casas y colegios. Los ha desmontado uno por uno la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), donde ha impartido una Openclass invitado por el Máster Universitario en Psicopedagogía.

1. “Son cosas de niños y no pasa nada”.

Sí, pasa. Y pueden pasar cosas muy graves, como suicidios de escolares inducidos directamente por una situación de acoso en la escuela. Es cierto que los niños juegan y a veces pueden hacer daño. Recibir una patada en un juego puede ser normal. Jugar a dar patadas a un compañero, no.

Tampoco puede admitirse cualquier forma de maltrato verbal, como los insultos reiterados, o que un niño no sea nunca invitado a un cumpleaños por nadie de su clase.

2. “Es parte del crecimiento. Los niños pequeños no acosan”.

Los niños pequeños sí acosan. Incluso a edades más tempranas de lo que se piensa. Es perfectamente posible que un niño no sea consciente del daño que hace cuando insulta o pega reiteradamente a un compañero o le quita las chuches. Pero si este niño acosador no es corregido, no lo sabrá nunca, y habrá más probabilidades de que repita ese comportamiento en el futuro con sus padres, sus subalternos, su futura pareja, etc.

Para que exista acoso deben cumplirse dos condiciones: que el agresor tenga consciencia de lo que se hace y que tenga intención de hacer daño. Cabe admitir que un niño pequeño que agrede reiteradamente a otro no sepa calibrar la gravedad de sus acciones. Pero no cabe duda de que tiene intención de dañar. El educador debe parar lo último y aprovechar la ocasión para corregir lo primero.

“Los padres sobreprotectores deberían acudir como como público a un juicio de menores para ver lo que pasa cuando no se corrige a los niños a tiempo”.

3. “El acoso escolar solo pasa con niños tímidos e introvertidos”.

Según el presidente de APAE, no existe un perfil concreto de víctima y de acosado. También la gente extrovertida o con amigos puede sufrir algún tipo de bullying. La víctima de acoso escolar se define por alguno de estos dos rasgos:

a) Tiene una singularidad que le distingue del resto y que se convierte en objeto de agresiones: que es muy listo, poco listo, gordo, muy bajo, muy alto, que lleva gafas, que el color de su piel es distinto…

b) Se produce una circunstancia que le pone en el foco: por ejemplo, haber fallado un gol importante en un partido, etc. Una agresión puntual no corregida puede repetirse y alargarse en el tiempo hasta convertirse en acoso.

4. “No hay que hacer caso al acoso: termina desapareciendo por sí solo”.

Enrique Pérez – Carrillo compara el proceso de acoso con una bola de nieve. Al principio no parece importante, pero si no se para a tiempo se convierte en una mole que aplasta a la gente. Cuanto antes intervenga el educador, mejor.

No puede ampararse en frases como“ así es la vida”, “tranquilo, esto pasará con el tiempo”, “si te acosan, no hagas caso” o peor, “pégales tú, defiéndete”.

Hay que lograr que la víctima de bullying no adopte una actitud pasiva o agresiva, sino asertiva: atajar el acoso sin violencia, con las herramientas adecuadas.

“Ocho de cada diez padres se ponen de parte de sus hijos cuando el menor es acusado de bullying”.

5. “Si no hay agresiones físicas, no podemos hablar de acoso”.

Insultar a una persona, convertirla en objeto de desprecio social o aislarla del resto de compañeros son gotas que, por acumulación, acaban destrozando la confianza del niño. Está comprobado que el deterioro de la autoestima puede generar estrés postraumático y tendencias suicidas.

Hace años se pensaba que solo se podía hablar de acoso escolar cuando se producía una agresión física. Hoy se sabe, gracias a distintas investigaciones, que las agresiones físicas suponen sólo un 10 % del global de los casos de bullying escolar. A veces las consecuencias psicológicas del acoso pueden ser peores que las físicas.

6. “Si no pasa muchas veces no es acoso”.

¿Cuánto tiempo es‘ muchas veces’? ¿Cuántas agresiones debe soportar una persona para que la dejen de maltratar? El presidente de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar alerta contra algunas opiniones que sostienen que no se puede hablar de acoso hasta que no pasen 6 meses de maltrato continuado. Según el criterio de AEPAE, una agresión puede considerarse algo puntual. Dos agresiones pueden quizá obedecer a una casualidad. Pero un daño que se inflige por tercera vez consecutiva implica una reiteración y una actitud que debe ser tratada.

7. “El acoso escolar ha existido siempre”.

¿Es razonable permitir que un mal persista, o no combatirlo, por el hecho de que “ha existido desde siempre”? Pérez-Carrillo recuerda que hoy en día, gracias a numerosos informes e investigaciones sociales, se conoce mucho mejor que antes las nefastas consecuencias de no evitar el acoso escolar: depresión, ansiedad, suicidio… Además, los niños tienen cada vez más fácil acceso a escenas de violencia, y están perdiendo el respeto tanto a la figura del profesor como a la del mismo padre o madre. El presidente de APAE recuerda la justificación que le dio un chico de 12 años que maltrataba a su compañero: “Lo hago porque puedo”. Lo que haya sucedido en el pasado con un problema no puede convertirse en referencia de conducta si no ha servido para solucionarlo.

“Que un niño no tenga responsabilidad penal no significa que no tenga derecho a ser corregido”.

8. “El colegio ha hecho lo que debía: ha abierto el protocolo”.

Un protocolo contra el acoso es muy útil… si evita que se produzca o si, una vez producido, contribuye a atajarlo. Pero la mera existencia y la aplicación de un protocolo, por sí sola, no soluciona nada. Muchos protocolos contra el bullying son puramente reactivos: “Empiezan a apagar el fuego con un extintor cuando la casa incendiada ya está en ruinas”, explican desde AEPAE. “Los niños son material sensible que debe ser rápidamente protegido”. Cuando, por seguir un protocolo, los educadores se dedican a rellenar formularios, se convierten más en continuidad del problema que en solución del mismo. Por el contrario, los protocolos de prevención son más eficaces, pues reducen un 50% los casos de bullying en centros educativos.

9. “Mi hijo no acosa: eso es imposible”.

Nadie se comporta en su casa con la misma naturalidad que en su trabajo. Los niños tampoco. “Los padres no somos conscientes de todo lo que hace nuestro hijo en el centro escolar”, afirma Pérez-Carrillo, quien lamenta el dato de que 8 de cada 10 padres se ponen de parte de su hijo acusado de acoso escolar. Para revertir esta situación, recomienda a los padres sobreprotectores que acudan como público a un juicio de menores, para comprobar con sus propios ojos en lo que se puede convertir un hijo al que no se le ha corregido a tiempo.

En ocasiones, el centro escolar cumple con todos los pasos requeridos para evitar un acoso y son los padres quienes impiden que su hijo reciba un castigo educativo, como llegar una hora antes al colegio o limpiar el aula.

Es fundamental que los padres apoyen las sanciones, no punitivas sino educativas, que se aplican a sus hijos cuando han acosado a un compañero.

“Convertir a un niño en objeto de desprecio social o aislarle del resto de compañeros son gotas que destrozan su ánimo”.

10. “¿Cómo no me he dado cuenta de que mi hijo sufre acoso?”.

Todo acoso arroja unas señales que pueden ser percibidas en el entorno de quien lo sufre, siempre que se preste la atención debida. Los padres deben estar atentos a señales que pueden indicar que algo no marcha bien : el niño tiene miedo, duerme mal, pierde con frecuencia los útiles escolares, llega con arañazos o cicatrices, se levanta con vómitos, mareos o fatiga… A un padre que se sorprende al enterarse de que su hijo sufre acoso, hay que preguntarle: ¿conoces bien a tu hijo?

11. “No se puede hacer nada contra los acosadores porque no hay sanción penal contra ellos”.

Que un niño no tenga responsabilidad penal no significa que no tenga derecho a ser corregido. Si para reeducarlo hay que castigarlo, debe aplicarse el castigo adecuado para corregir sus errores. El niño que acosa tiene una responsabilidad y debe entender que sus malos comportamientos arrastran consecuencias negativas para él. El presidente de APAE recomienda que los centros educativos gocen de cierto margen de autonomía para sancionar a los niños acosadores sin contar con permiso de los padres. Además, debería dotarse a los colegios de más recursos para medir la incidencia del acoso entre sus alumnos, pues ya hay numerosas herramientas disponibles para ello.

Y LA MALA SOLUCIÓN…

“Ante un acoso escolar, lo mejor es cambiar a la víctima de colegio y expulsar al causante del bulliyng”.

Ni lo uno ni lo otro. Empezando por el final, la expulsión del colegio como castigo por un acoso puede resultar contraproducente. El niño puede interpretar como un beneficio estupendo el haberse quedado sin clases. No tiene que madrugar y encima, cuando se queda solo en casa, puede disponer de tiempo libre para jugar a lo que le apetezca. De modo que cuando termina el castigo, hay más probabilidades de que repita su actitud de acoso para provocar una nueva expulsión.

Tampoco puede ser, según Pérez-Carrillo, que los inspectores de Educación eludan su responsabilidad y que ofrezcan a los padres de una víctima de acoso el cambio de colegio como única salida.

Los castigos a niños deben ser educativos: entrar una hora antes al colegio, limpiar las aulas o reparar un destrozo ayudan más que una expulsión al alumno acosador y, además, sirve de ejemplo para el resto.

“Hay adolescentes que, al llegar a casa después de una juerga, levantan a sus madres a las cuatro de la mañana para que les haga la cena; o que las amenazan si no les meten 20 euros de saldo al móvil. Ahí se llega con 16 años cuando no se toman medidas serias a los 6”, concluye el presidente de AEPAE.

@martinalgarra

 

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“Los ateos …” (Frase de Javier Cercas)

PIEDRAS PRECIOSAS

“Los ateos estamos libres de pecado”

(Frase  que copio  de un artículo de   Javier Cercas y   que él recogió en un  grafiti  en las calles de Sevilla)

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Señales de altas capacidades en bebés

Es muy importante que los padres identifiquen las señales de cara a una detección temprana

Señales de altas capacidades en bebés

Un niño o niña con altas capacidades es un bebé distinto. Muchos padres, especialmente los primerizos no logran identificar el porqué de esa diferencia, pero la mayoría de ellos se dan cuenta de que su hijo es diferente desde prácticamente el primer momento.

Dado que la sobredotación es una condición en su mayor parte genética, es muy importante que los padres sean capaces de identificar todas estas señales ante una detección temprana, la cual va a facilitar mucho la crianza y educación de su hijo o hija: elección del centro educativo, momento de escolarización, entendimiento de los padres acerca de cómo es su hijo y cuáles son sus necesidades psicoafectivas… es decir, poder comprender el porqué de una situación reduce enormemente la ansiedad y nos coloca en el camino de la búsqueda de soluciones. Un bebé superdotado necesita unos padres que sepan y entiendan cómo es su hijo porque ello será garantía de un desarrollo pleno y en definitiva de lo que todos los padres queremos: que nuestros hijos crezcan felices.

Algunas de las señales que presentan estos bebés son:

  • Su mirada: es enfocada y alerta, una mirada que parece preguntar desde minutos después del nacimiento.
  • Demandan estimulación constante y se aburren cuando no la reciben. Cuando se estimula a estos bebés con canciones, palabras, etc.… el nivel de atención es total.
  • Se aprecia memoria en las primeras semanas, capaces de recordar y reconocer lugares, personas, objetos. Algunos pueden reproducir canciones con menos de dos años.
  • Duermen menos y con mayor dificultad que los demás bebés, les cuesta mucho conciliar el sueño y tienen menor necesidad de este.
  • Se sobrestimulan con los juguetes típicos de cuna o carrito que giran o se mueven de forma constante.
  • Hipersensibles a olores, sonidos, texturas… son las primeras señales de la hipersensibilidad sensorial.
  • Aparecen las primeras palabras en torno a los seis meses y al año puede sostener una conversación.
  • También comienzan a caminar de forma precoz, sobre los 8 o 9 meses, casi siempre antes del año.
  • En general, suelen ser bebés muy hábiles a nivel motriz.
  • Se interesan muy pronto por letras y números.
  • Capaces de aprender por sí solos a leer antes de los cuatro años.
  • Se muestran desobedientes.
  • Intuyen rápidamente conceptos matemáticos como suma o resta en torno a los tres años.
  • Les fascinan los cuentos y nunca tienen suficiente.
  • Son bebés agotadores, movidos, curiosos, nunca parecen cansados.

El que un bebé muestre algunas de estas características no significa necesariamente que vaya a ser un niño o niña con altas capacidades, sin embargo, estos son algunos indicadores que los padres deben tener en cuenta a la hora de observar la evolución de su hijo y así tener más claridad sobre la posibilidad de que efectivamente, el niño lo sea. La detección temprana solo trae beneficios y nos ahorra muchas frustraciones, tanto a padres como a hijos.

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Frase de Pascal

PIEZAS  PRECIOSAS

La mayoría de los males les vienen a los hombres por no quedarse en casa

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