¿Los niños “desaprenden” en verano? (El Diario.es)

 

Las vacaciones plantean el dilema si apelar a los clásicos cuadernos de actividades o dejar descansar a los pequeños para quitarse de la cabeza las obligaciones escolares

Algunos informes destacan que en estos dos meses de estío se puede perder el equivalente un mes entero de conocimientos

Pedagogos y expertos recomiendan dedicar al menos media hora al día a actividades más o menos académicas

 

Niños en un campamento de verano. /EFE

Niños en un campamento de verano. /EFE

Sumergidos en pleno verano, a pocos días de que terminen los campamentos de verano con los que los colegios tratan de aliviar a los padres en el largo estío escolar, llega el abismo de agosto para los pequeños y las dudas para los padres. ¿Qué debo hacer con mi hijo este mes y medio que resta hasta que empiece el colegio? ¿Debe estudiar durante el verano aunque haya rendido satisfactoriamente durante el curso escolar? ¿Es bueno mantener el hábito del trabajo, o preferible una desconexión total? ¿Se desaprende durante estos dos meses de actividad?

Una primera respuesta rápida y muy generalizada es que sí, según opinan los expertos consultados. Es conveniente dedicar un rato al día a hacer algún tipo de actividad relacionada con el ámbito escolar. “La rutina escolar hay que romperla, pero es un error no hacer nada, independientemente del nivel y rendimiento educativo”, resume Covadonga Ruiz de Miguel, profesora de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Fundación Europea Sociedad y Educación. Menos acuerdo hay respecto a qué tipo de actividades son más convenientes.

La literatura académica al respecto revela que dos meses de inactividad con todo lo relacionado con el estudio provocan una cierta pérdida de lo aprendido. “Y hasta un mes y medio”, apunta Ángel Casajús, vocal de Educación de Colegio Oficial de Pedagogos de Cataluña (COPEC). Un estudio publicado en el American Educational Research Journal también alerta de que el diferente uso que hacen del periodo vacacional las familias en función de su nivel socioeconómico puede influir en el rendimiento escolar posterior y aumentar la brecha educativa entre unos y otros.

Entre lo reglado y lo lúdico

“El verano es una época maravillosa, supone una ruptura con la realidad cotidiana de los otros nueve meses para niños y mayores”, relativiza Francisca Majó, psicopedagoga que ahora dedica sus esfuerzos al colectivo Infancia tras toda una vida dedicada profesionalmente a la educación infantil. Majó defiende que si bien es importante realizar algún tipo de actividad, esta tiene que estar claramente diferenciada de las rutinas escolares. “¿Qué es eso de hacer deberes? No tiene mucho sentido coger un cuaderno y empezar a llenar actividades, son cosas que no tienen nada que ver con la vida. El gran deber es descubrir, captar, expresar”, explica.

¿Qué es eso de hacer deberes? No tiene mucho sentido coger un cuaderno y empezar a llenar actividades, son cosas que no tienen nada que ver con la vida. El gran deber es descubrir, captar, expresar

Para Majó el verano es más sensorial que material. “El estudio también es descubrimiento, observación, experiencia. Y el verano favorece la actividad, el contacto con la naturaleza, ir al pueblo, vivir experiencias nuevas, cosas desconocidas, practicar todo lo que no se puede hacer durante el curso. El clima favorece que se puedan hacer estas actividades en contacto con la realidad”, argumenta.

Lo cual tampoco es óbice para que no se trate de poner un cierto orden en todo este aprendizaje. “Sí es importante al final del día sintetizar, recoger lo importante del día. Por ejemplo con un diario. Se trabaja la redacción, la capacidad de comunicar, se afianzan conocimientos”, añade.

Casajús es partidario de una pequeña dosis diaria de trabajo para que los niños “no pierdan el punto de formación que habían alcanzado durante el curso”. Este pedagogo reivindica valores olvidados, dice, como la cultura del esfuerzo en aras de optimizar la vuelta a la clase en septiembre. “Es absolutamente necesario reforzar en verano. Cuando vuelven los niños después de dos meses se pasan 15 o 20 días repasando lo del año anterior”, sostiene, circunstancia que además cree injusta para quien sí ha estado repasando. Covadonga Ruiz de Miguel, profesora de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Fundación Europea Sociedad y Educación, añade que este retraso se puede arrastrar ya “todo el curso”.

Casajús defiende un estudio más reglado durante el estío. Y, en un plano ideal, la implicación de los maestros, “como conocedor absoluto de las mayores diferencias”, a la hora de desarrollar el plan veraniego de trabajo, hecho que según su experiencia no sucede como norma general. En cualquier caso, “para los que lo hagan bien bastaría con ponerle un poco de lectura, actividades instrumentales de lengua y matemáticas”, propone.

Tampoco hay que volverse loco. El día veraniego es muy largo y da para todo. Casajús propone la regla de los 10 minutos para planificar el trabajo. “Hasta tercero de primaria aguantan una media hora trabajando. A partir de ahí, cada curso serían diez minutos más hasta los de sexto de primaria que harían una hora”, ejemplifica. En una línea similar se expresa Ruiz de Miguel: “Es un periodo breve, hablamos de no dedicar más del 10% del día a actividades académicas”.

Ruiz de Miguel se encuentra en una posición intermedia entre trabajo más formal e informal. Pero incide en que “quizá los alumnos más pequeños los que van a obtener mayores beneficios de seguir unas rutinas como prácticas diarias con las competencias básicas (operaciones matemáticas, comprensión lectora…)”. Enseguida matiza que “no es preciso sentarles en una mesa a estudiar todos los días. Se puede introducir una como una rutina más de la jornada: te levantas, desayunas, lees un poco, juegas, vas a la piscina, haces una sumas…”, explica.

¿Más brecha en el rendimiento?

Asentar los conocimientos adquiridos a lo largo del año puede ser más importante aún si se atiende a un estudio de Seth Gershenson sobre cómo influye el uso del tiempo libre en el rendimiento escolar, publicado en 2013. Sostiene el autor que “las tasas diferenciales de la pérdida de conocimientos durante el verano contribuyen a la persistencia de la brecha de rendimiento entre estudiantes de diferentes estatus socioeconómicos”, según cita la profesora Ruiz de Miguel en un artículo reciente publicado en el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE). Esto es que, en aquellos alumnos con mayor nivel de renta aprovecharán mejor el verano –académicamente hablando– que sus compañeros más pobres, de manera que a la vuelta la estudiada brecha de rendimiento entre alumnos con mejor y peor estatus socioeconómico como mínimo se mantiene.

Las familias con un nivel social más alto “disponen del tiempo y los recursos para invertir en el desarrollo de sus hijos (…), son más propensas a participar en la educación de sus hijos (…) y participan en las actividades de verano [campamentos, etc.] con mayor frecuencia”, argumentan, hechos que está demostrado influyen positivamente en el rendimiento de los menores.

El estudio alerta de que una de las mayores diferencias se observa en las horas dedicadas a ver la televisión. Los niños de hogares con ingresos bajos ven, según sus datos, dos horas más de televisión al día, un periodo que durante el verano equivale a un mes entero de escolarización. “¿Cómo se podría alentar a padres y niños a emplear ese tiempo de manera más productiva”, se pregunta Ruiz de Miguel.

Para concluir y como recomendación general, los pedagogos destacan que “lo más importante es que el niño no se aburra, que es lo peor que les puede pasar”, dice Majó y corrobora Ruiz de Miguel. Y mantener en mente que el verano es la época del año en la que los padres tienen esa oportunidad de implicarse en la educación de sus hijos que las apretadas agendas de la temporada laboral limitan. Aprovecharlo es cosa de mayores…y de pequeños.

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El examinador no se examina. (El País, 30-6-2014)

 

La OCDE recomienda evaluar a los profesores para mejorar la educación, un aspecto en el que España pincha. Otros países aplican sus propias fórmulas

 

Las aulas españolas son como las cajas negras de un avión. Toda la información está dentro pero es imposible conocerla desde fuera. El ejemplo, citado por un director de instituto, es muy ilustrativo. España no evalúa a sus profesores. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) señala que evaluarles formalmente, a través de sus superiores en los centros o con inspectores externos, influye y mejora el aprendizaje del estudiante.

España nunca se ha decidido a impulsar esa fórmula, recogida en un frustrado estatuto docente que se intenta cerrar desde hace lustros y para el que el Ministerio de Educación prevé una nueva reunión “en breve” con los sindicatos tras mantener cuatro encuentros desde que el ministro José Ignacio Wert asumió la cartera. El informe Talis de la OCDE, basado en encuestas a 106.000 profesores de 33 países y presentado la semana pasada, sitúa a España a la cola de la evaluación de docentes con Italia. Un tercio de los profesores españoles nunca fue evaluado —la media de los países de la encuesta es del 9%—.

El debate sobre cómo examinar al que examina está abierto y en marcha en otros muchos países. Las fórmulas oscilan entre un control nacional y estandarizado, que es el que funciona en la mayoría de los miembros de la OCDE, o revisiones propias como las que defiende Finlandia, una de las naciones con los sistemas educativos más admirados del mundo. Hay países que hacen controles anuales y obligatorios y otros que lo afrontan de forma voluntaria y sin una periodicidad fija. El borrador del estatuto docente español sobre el que se han retomado las negociaciones, de 2007, preveía evaluaciones voluntarias cada tres años. En unos casos, los resultados de la prueba no afectan al salario. En otros, como ocurre en Francia, esas evaluaciones están directamente relacionadas con el sueldo.

El intento asturiano

El Príncipado de Asturias aprobó en 2011 su primer plan de evaluación de la función docente, un modelo al que se podían acoger los profesores de forma voluntaria y que dividió a los sindicatos. Los más de 8.000 docentes que se apuntaron cobran un plus (entre 132 y 206 euros al mes, según refleja el acuerdo). El control de su trabajo se efectúa mediante cuestionarios y con acreditaciones de cursos y actividades, pero sin entrar a las aulas. Se pueden acoger los profesores de los centros públicos con plaza fija que lleven más de cinco años dando clase. <TB><TB><TB>Tienen que acreditar el nivel de formación, que su dedicación es superior a la media y que participan de los objetivos colectivos de su centro.

Para evaluar la formación tienen que demostrar haber cursado seis créditos (equivalente a 60 horas) a lo largo de su vida laboral. Se considera que tienen mayor dedicación si responde afirmativamente al menos a siete de las 14 preguntas planteadas en un test, entre las que se incluyen si su absentismo está por debajo del 7%, si utiliza nuevas tecnologías, manifiesta disponibilidad a las necesidades imprevistas planeadas por el servicio o si respeta los horarios. Esas fichas las debe rellenar el director del centro y deben ser revisadas por la inspección, explica Maximina Fernández, representante de FETE UGT en Asturias. “No te exigen más de lo que estás haciendo, todo el que lo ha solicitado ha cumplido los requisitos y ha obtenido el incremento”, asegura la representante de UGT, uno de los sindicatos firmantes del acuerdo junto con la central educativa ANPE. CC OO y el sindicato regional Suatea se posicionaron en contra.

Suatea llevó la normativa a los tribunales y el pago se paralizó después de que el Tribunal Superior de Justicia de Asturias considerara que el plan no se ajustaba a derecho por no haber sido discutido en la mesa sectorial ni haber pasado por el Consejo Escolar del Principado. Ambas cuestiones están ya solventadas y los profesores han vuelto a cobrar, según la portavoz de UGT. Su sindicato pide que se abra el plan porque hay más de 500 solicitudes nuevas de docentes. Y añade que debería extenderse también a los profesores interinos, los funcionarios docentes sin plaza fija.

Comisiones Obreras rechazó la propuesta del Principado. “No se trata de una evaluación que mejore la enseñanza. No entra en las prácticas didácticas”, explica José Ángel Piquero, que era responsable de CC OO de Educación en Asturias cuando se abrió esa negociación. “La gente que se apuntó cobra más que la que no lo hizo en un proyecto que ha quedado paralizado porque no se desarrolla la carrera docente ni sirve para mejorar”, añade.

Los profesores galos son evaluados en primaria y secundaria por inspectores y directores de centro. Obtienen una nota que pueden ir incrementando a lo largo de su carrera docente y que les permite escalar en los 11 niveles laborales existentes y mejorar su remuneración. Los inspectores entran a las clases para revisar su funcionamiento y el director evalúa cuestiones cotidianas, como la puntualidad o lo involucrado que está el maestro con su materia. El sistema está articulado, pero tiene lagunas.

“Hay profesores que nunca han sido evaluados porque los criterios son muy difusos y las inspecciones, más escasas de lo que deberían”, critica Jean- Rémy Girard, docente francés y secretario general de pedagogía del sindicato educativo SNALC. Tres de cada cuatro profesores españoles estarían dispuestos a ser valorados, pero solo un tercio aceptaría que el resultado repercutiera en sus condiciones laborales, según una encuesta del Instituto Idea para la Fundación Hogar del Empleado (FUHEM) de 2010.

Antonio Bolívar, catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Granada, considera que la evaluación docente “se ha convertido en un terreno minado” con riesgo a posibles usos malsanos. Defiende que el pago puede mejorar la práctica docente pero, por otro lado, puede acarrear efectos perversos, como “incrementar la desmoralización del profesorado que trabajan en los centros clasificados como bajo”.

¿El control debe ser externo o interno? En Finlandia, sin un sistema nacional de evaluación, los directores ejercen un control directo de la labor docente, como subrayan distintos informes de la OCDE. En la mayoría de los centros escolares finlandeses se celebran debates anuales para evaluar si los profesores han cumplido los objetivos del año anterior y determinar qué necesitan para el desarrollo de los posteriores.

José Antonio Martínez, veterano director de instituto y miembro de la asociación de directores de centros públicos FEDADI, defiende también el control interno. “Para que una evaluación sea objetiva debe arrancar desde el propio centro pero, eso sí, con consecuencias. Si trabajo mejor, no me pueden valorar lo mismo, aunque no es necesario que el modelo tenga carácter punitivo”.

En México, la última reforma educativa incluye una evaluación nacional (aún en fase de definición) que puede tener consecuencias dramáticas para los docentes con plaza fija. El Instituto Nacional de Evaluación Educativa justifica, entre otras medidas, que persigue acabar con un sistema educativo basado “en el clientelismo, sobre todo en la asignación de plazas”, según declaraba el pasado mayo a este periódico el consejero del INEE, Gilberto Guevara Niebla. Desde septiembre –cuando fue aprobada la ley general del Servicio Profesional Docente-, en 12 Estados se otorgaron, bajo procedimientos antiguos, 34.312 plazas para maestros sin concurso, 143 profesores al día, según recogía entonces la prensa mexicana.

“Nos van a evaluar para decidir si nos quedamos o nos echan. La percepción que tenemos muchos maestros es que se trata de una reforma laboral encubierta para hacer una purga”, considera Faustino de la Cruz, profesor mexicano de Ciencias en secunsaria y dirigente de una ONG. El examen previsto por el instituto nacional de evaluación mexicana revisará tanto el desempeño docente como el conocimiento de las normas.

 

 
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Cuentos que curan

 

Por: Pablo Guimón | 20 de mayo de 2014

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Hay cuentos que empiezan en palacios orientales, en aldeas lejanas, en bosques misteriosos. Pero hay otro tipo de cuentos. Como este, que comienza en un centro de salud mental infantil de Bilbao. Aquí no hay reyes, ni príncipes, ni lobos, ni malvadas madrastras. Aquí las protagonistas son una psiquiatra, Carmen Villanueva, y una psicóloga, Ibone Ruiz de Velasco.

Carmen e Ibone vieron, en su actividad cotidiana en el centro de salud mental infantil donde trabajaban, cómo las consultas de asesoramiento psicológico se multiplicaban y, a menudo, respondían a esquemas parecidos. Llegaron a la conclusión de que hay veces, cuando existe un problema que perdura en el tiempo y crece en intensidad, en que es recomendable acudir a un profesional. Pero en otras ocasiones basta con un poco de comprensión, paciencia y una pequeña ayuda para que el niño pueda seguir creciendo sano y feliz.

 

 

 

Y esa pequeña ayuda, pensaron, podría ser un simple cuento, que sirviera para que padres e hijos superaran juntos esos problemas. Resulta que Carmen, además de psiquiatra, es aficionada a la escritura creativa. Así que en pocos días nació la primera de sus criaturas: el renacuajo Juanjo, que moja la cama y anda cabizbajo.

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Juanjo era feliz en su charca, con su familia y sus amigos. Jugaba, saltaba al agua desde las cañas. Pero andaba un poco preocupado. Cuando caía la tarde y se acostaba en su hoja de nenúfar a dormir, siempre se caía al charco y acababa mojado. Lo cual, a medida que iba creciendo, empezó a ser un pequeño problema. Sus padres intentaron ayudarlo. Incluso acudieron a la anciana rana Mariana, la más sabia del charco, que primero le recetó a Juanjo unas semillas rojas para ver si solucionaba el problema. Pero nada. Entonces a la rana Mariana se le ocurrió otra solución. “Puesto que un renacuajo pequeñajo quiere ser”, le dijo a los padres de Juanjo, “tratadlo como tal”. Y así hicieron. Le empezaron a tratar como a un bebé. Al principio eso le gustó a Juanjo, pero enseguida comprobó que era un poco aburrido. Comprendió que era más divertido ser una rana que un renacuajo y decidió estar más atento para no mojarse. Le costó unas cuantas noches pero, al final, lo logró. Y así fue como el renacuajo Juanjo se convirtió en rana y, con el tiempo, en el rey de la charca.

El renacuajo Juanjo nació en 2012 y, desde entonces, ha tenido muchos amigos. El perrito Antón, que se comporta como un matón; la tortuga Taratuga, que es tan tímida que parece muda; la ardilla Maravilla, que no come porque es caprichosilla; el caballo Pocaspecas, que hace muchas muecas… Así, hasta doce amigos. Y aunque todos tienen sus propias familias, pertenecen a la vez a otra que es común a todos ellos: la familia de los Terapicuentos. Una familia formada por una psiquiatra infantil, una psicóloga y un ilustrador cuyo proyecto conjunto se ha convertido en una eficaz herramienta para los padres a la hora de enfrentarse a esas dificultades por las que atraviesan muchos niños en su desarrollo.

“Acudimos a una estadística del propio centro de salud e identificamos cuáles eran las más frecuentes dentro de las patologías no graves”, recuerda Carmen. “Así dimos con las 12 pequeñas patologías que protagonizan los 12 cuentos de la colección. Muchas veces los padres nos preguntaban qué podían leer ellos para ayudar a sus hijos. Y nos dimos cuenta de que no había realmente lecturas de este tipo aconsejables para los padres. En las propias terapias, una de las herramientas que más interés suscita, además del juego, es inventarse cuentos con ellos. De eso se trata”.

Decidieron que los protagonistas de los cuentos debían ser animales, por lo que en psicología infantil se llama la proyección. “A los niños no les gusta hablar directamente de su problema, pero lo comprenden muy bien cuando le pasa a otro”, explica Carmen. “Y, cuanto más lejano, mejor. Si es muy cercano se implican demasiado emocionalmente. El niño suele plantear sus problemas como algo que le ocurre a otro. Pero cuando se le habla de esos síntomas, que son sus síntomas, los comprende. Le ayuda a darse cuenta de lo que le sucede. El instrumento que tiene el niño es el lenguaje simbólico”.

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Entonces Carmen e Ibone se pusieron a buscar un ilustrador. Pidieron a varios que conocían que dibujaran un renacuajo, y el que les arrebató fue el renacuajo humanizado que les entregó Paul Caballero. Y así se juntaron los tres padres de la familia de los Terapicuentos.

Una vez identificado el animal adecuado para cada caso, se le aplicaban las características propias del pequeño que sufre el problema y luego se apuntaba la solución. “Se trata de soluciones relativamente factibles”, añade Carmen, “aunque siempre se adorna con un poco de magia”.

La clave de los Terapicuentos es tomarlos como una herramienta que active además la fundamental comunicación entre padres e hijos. “Hasta los tres años”, explica Carmen, “el 90% de los problemas que puede tener un niño tienen que ver con la interacción con los padres. A partir de los tres años ya pueden desarrollar síntomas independientes”.

La mecánica con los Terapicuentos es sencilla: “Los padres deben leérselo al niño, que va mirando los dibujos. Lo normal es que el niño espontáneamente comente lo que oye y ve. Y los padres deben entonces seguir el diálogo del niño. No se trata de soltar un discurso. Hay que responder estrictamente a lo que el niño pregunta. Si no pregunta es que no está preparado para recibir la respuesta”.

Se trata, en palabras de Carmen, de “suscitar en los niños la capacidad de encontrar sus propios medios para superar sus conflictos”. Algo tan natural y tan antiguo como la propia naturaleza del juego. “A través del juego, el niño elabora algo que le ha sucedido. El propio juego ya es terapéutico. Si es capaz de hacer eso, de abordar sus problemas a través del juego, no necesita terapia”.

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Todos los cuentos clásicos, asegura Carmen, tiene un contenido latente. “Yo soy muy partidaria del cuento de hadas”, explica. “El cuento de Caperucita, por ejemplo, es una niña a la que su madre le obliga a salir sola a la calle y se encuentra con el lobo. Ahí están los miedos infantiles, el miedo a lo desconocido. En el cuento de Blancanieves, está latente la rivalidad con la madre. Si un niño insiste en pedir un cuento concreto es porque lo necesita”.

Carmen descubrió su vocación cuando, estudiando el bachiller, llegó a sus manos un ejemplar de La interpretación de los sueños de Freud. “Desde entonces”, asegura, “no me he arrepentido ni un solo día de mi elección profesional”. Y eso, reconociendo lo dura que es la práctica de la psiquiatría infantil. “Hablamos de abandonos, maltratos, negligencias, niños psicóticos…”, cuenta. “Debes trabajar con los niños, pero también con los padres, los profesores, los hermanos, y hasta los jueces o los mediadores”.

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El terreno de los Terapicuentos es todo ese campo que queda fuera de la consulta del psiquiatra infantil. Esos pequeños problemas que pueden resolverse en familia, con la ayuda de un animalito de fábula que consigue superar sus dificultades y que activa los recursos del propio niño. Al final de cada cuento, hay un apartado dirigido a los padres en el que se explica lo que puede estar ocurriéndole al niño y se aportan algunos consejos para orientarle en su desarrollo.

El resultado, asegura la autora, ha sido de lo más gratificante. Muchos profesionales utilizan los Terapicuentos en sus consultas para trabajar con los niños y los padres. Pero, sobre todo, son los propios niños los que le piden cuentos sobre este o aquel problema que le pasa “a un amigo”. Incluso hay padres que le traen los cuentos que han escrito con sus hijos, en los que estos expresan de una manera también desplazada sus propios conflictos, después de leer juntos alguna de sus fábulas.

Los 12 volúmenes que conforman el proyecto inicial de Terapicuentos ya están publicados en la pequeña editorial Fortuna, y se pueden comprar online, a demás de en determinadas librerías. Pero Carmen, Ibone y Paul se plantean ampliar la familia. “Nos gustaría meternos a atender todas esas demandas que nos han trasladado los críos”, reconoce Carmen. “Abordar los déficits sensoriales, los trastornos somáticos o incluso los problemas de convivencia, siempre desde el punto de vista de la psicología infantil”. Pero eso, concluye, es otro cuento.

(Ilustraciones de Paul Caballero)

 

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Transformar la educación. (El País)

 

En la era de las redes sociales, el profesor no puede limitarse a transmitir conocimiento

Tiene que instruir sobre cómo encontrar, compartir o redistribuir la información

 
19 FEB 2014

 

Bruselas ha dejado claro que los alumnos deben aprender las herramientas tecnológicas, que son ya imprescindibles para desenvolverse en la vida. / LUIS SEVILLANO
 

Durante siglos eran pocos los elegidos que aprendían a leer y escribir y recibían esta instrucción en su casa a cargo de tutores. Hasta que llegó la revolución industrial y surgieron las primeras escuelas. Hacía falta enseñar al menos los rudimentos básicos del cálculo y la escritura a los trabajadores de las fábricas o de los mercados. Desde entonces, y han pasado más de 200 años, el mundo se ha globalizado y los avances técnicos son meteóricos, pero las clases se siguen impartiendo en el mismo espacio con el mismo método que entonces: el maestro o profesor dicta una lección y los alumnos toman apuntes y, de vez en cuando, preguntan. Así que toca voltear el sistema de arriba abajo, desde la escuela infantil hasta la universidad.

No queda otra opción que transformar la educación para no perder comba en un mundo en constante cambio. El escenario lo plantea muy bien Cristóbal Cobo, investigador de la Universidad de Oxford: “Si a lo largo del año pasamos casi tres meses conectados a Internet y cerca de cuatro dormidos, nos queda muy poco tiempo para pensar”. Por eso considera que no hay que intentar competir con las máquinas, sino “desarrollar la capacidad de encontrar, de compartir o redistribuir esa información”. Y para ello se necesita echar mano de la última tecnología. Según un estudio del banco de inversión Ibis Capital, la industria del e-learning (contenidos, plataformas, portales de aprendizaje) movió en 2012 más de 66.400 millones de euros en todo el mundo, y la expectativa de crecimiento es del 23% hasta 2017.

COMUNICACIÓN Y TECNOLOGÍA

Xavier Prats Monné, el nuevo director de Educación de la Comisión Europea, va más allá y opina que por primera vez los alumnos son los que lideran el cambio educativo. “¿Por qué? Porque traducen en la escuela y la universidad su experiencia diaria: están acostumbrados a colaborar gracias a Internet y a que sus amistades no dependan de su situación geográfica”, explicaba recientemente en una entrevista en este diario. Y se comparaba con ellos: “Para mi generación, la diferencia entre comunicarse físicamente o virtualmente por Skype es muy fuerte; pero para la de mis hijos, la comunicación es algo mucho más sofisticado porque la tecnología es parte natural de su experiencia cotidiana”.

“Internet tiene ventanas en todas partes y la función del profesor debe ser la de cribar. Igual que hasta ahora elegía lecturas”, dice un catedrático

“Hubo un tiempo en el que la escuela tenía garantizada esa opción de ver mundo. Pero hoy no tiene ningún sentido que existan maestros maravillosos como el de la película La lengua de las mariposas, que encandilaba a sus alumnos contando historias asombrosas sobre cosas que ocurrían fuera del pueblo”, sostiene Mariano Fernández-Enguita, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. “Internet tiene ventanas a todas partes y la función del profesor, más que impartir conocimiento, debe ser la de cribar. Igual que hasta ahora elegía las lecturas”. En los campus universitarios se repite la misma situación. “No tiene sentido que en un aulario enorme los alumnos de Medicina vean cuatro huesos alrededor del profesor. Para eso están los vídeos”, subraya Josep Valor, profesor de Sistemas de Información de la escuela de negocios IESE.

“Hay quien asegura que el problema de la educación con las nuevas tecnologías es el mismo que el de los fabricantes de hielo cuando surgieron las neveras. Pero nosotros no ofrecemos hielo, sino frío. Nosotros, los educadores, enseñamos a aprender”, precisó Cobo en el foro Educar para transformar de la Universidad Europea de Madrid. Bruselas ha dejado claro a los países de la UE que sus alumnos deben aprender estas herramientas imprescindibles para ser capaces de desenvolverse en la vida y usar la tecnología. Los profesores deben, por tanto, enseñar de otra manera para que sus pupilos aprendan mejor. Pero el aprendizaje no termina ahí. “Es un asunto de los políticos, la comunidad educativa y los padres. A mí me sorprendía ir por la calle y que la gente me dijese: ‘¡Qué mal tiene usted la educación!”, ironizaba recientemente Ángel Gabilondo, el último ministro socialista.

Fernández-Enguita, más extremista que casi todos los expertos educativos, está seguro de que el docente dentro de un aula “no ha muerto ni va a morir” porque la educación hasta los 16 años es obligatoria y tiene una función de custodia para los más pequeños, pero que si no lo haría. Muchos expertos creen que cuanta mayor es la información que se puede consumir, menor es nuestra concentración en algo concreto. “El alumno se pregunta: ‘¿Por qué tengo que atender a eso y no estoy haciendo otras cosas?’. Es difícil captar su interés. Por eso han subido las tasas de déficit de hiperactividad”, subraya Fernández-Enguita.

Vamos, piensa este sociólogo, hacia una educación en la Red en la que no queda claro quién enseña y quién aprende y sin límites de espacio y tiempo. Una idea en la que también ahonda Cobo: “La tecnología ha diluido las barreras entre distintas disciplinas. Rompe con la idea de un aula, un docente y unos contenidos”. Y al establecer un nuevo paradigma, “el aprendizaje es la Red y nos hace entender la sociedad como algo en permanente evolución”. Este desfase actual entre los avances tecnológicos y una enseñanza en los centros anclado en el siglo XVIII ha provocado en Estados Unidos un aumento de los niños que reciben clase en casa (home schooling).

“Hay que adaptar el aprendizaje a las necesidades. Se habla mucho del cambio de currículo, pero no de las aplicaciones”, observa Pierre-Antoine Ullmo, al frente de la empresa PAU Education. “En los últimos dos años ha habido una irrupción de tecnología más accesible para los alumnos y formadores”. Ullmo dirige un ambicioso proyecto, Open Education Challenge, apadrinado por la Unión Europea, que pretende crear una incubadora que promueva la creación de nuevas empresas (start-ups) relacionadas con la innovación, el desarrollo de tecnologías y el diseño web.

Detrás de este programa hay inversores habituados a arriesgar su dinero en la Bolsa y sectores punteros. Porque en esta nueva era, la educación, piensan muchos, debe dejar de ser vista como un campo acotado al Estado y perder el miedo a su mercantilización, como ocurre ya en Estados Unidos o Israel. “Si la gente compra juegos para su portátil, ¿por qué no productos educativos? El mayor error es pensar que la educación está reñida con la diversión”, reflexionó el director de Educación de la Comisión Europea en EL PAÍS.

Cada vez faltan menos medios en las clases. El 86,7% de las aulas habituales tienen conexión a Internet en colegios e institutos y baja la proporción de alumnos que comparten ordenador (el curso pasado, 3,2; en el caso de centros públicos, 2,8). En la universidad es otro cantar. Las diferencias entre campus son abismales. Así, mientras que en la Pompeu Fabra o La Rioja hay una computado­ra para cada estudiante, en la Politécnica de Madrid la ratio es de una por cada 189 alumnos. Y repartidos en distintas modalidades. En la de Murcia hay un servicio de préstamo de portátiles, por ejemplo.

Según los expertos, los docentes con un nivel de usuario de informática están preparados para adaptar sus clases a la tecnología con un curso de dos o tres meses. Antes de la crisis, las consejerías de Educación ofertaban muchos cursos de formación gratuitos. Ya no son tantos, y quedan aún muchos profesores reticentes al cambio. Otro problema añadido son las averías que inhabilitan muchos ordenadores por tiempo.

EDUCACIÓN CREATIVA

En este nuevo modelo adaptado a los tiempos, el crecimiento personal desempeña un papel clave. “En los países anglosajones y nórdicos, la educación es más creativa y está basada en el juego. Mientras, en los mediterráneos como España hay un acercamiento a la educación a la francesa, más intelectual”, piensa Christopher Clouder. El director de la Plataforma para la Innovación en Educación –un programa de la Fundación Botín en los colegios– está convencido de que los alumnos que luego tienen éxito en la vida son quienes “se sienten respetados por el profesor, que los apoya, que los conoce bien y no busca resultados, sino sacar lo mejor de ellos”. Para ello sostiene que en el aula “hay que crear un microcosmos de lo que es el mundo, en el que sociabilicen y aprendan a ser tolerantes”. Y frente a la polémica en España sobre la ratio de alumnos por clase –que ha crecido– es permisivo: “Se pueden tener 30 o 35 alumnos si el profesor los conoce bien”.

Esta necesidad de Clouder puede chocar con el uso constante de la tecnología a ojos de Tomás de Andrés Tripero, profesor de la Facultad de Educación de la Universidad Complutense. Recuerda que en Silicon Valley, el lugar con más expertos en informática por metro cuadrado del mundo, los niños no tienen móvil ni ordenador hasta pasados los 10 años. “Los padres quieren que sus hijos desarrollen la estabilidad emocional y se sociabilicen, y las tecnologías aíslan”, asegura Tripero. Y alerta sobre el uso continuado que hacen niños casi bebés de las tabletas, porque el cerebro no está adaptado para esos estímulos perceptivos. Ello le lleva a preguntarse: “¿Cómo van a conducir de mayores solo a 120 kilómetros por hora si su sistema nervioso se ha adaptado a la rapidez?”. Lo veremos en un mundo sin tizas, ni mapas de plástico, ni proyectores de diapositivas.

Un profesor en el portátil

Cuando la crisis ahoga casi toda posibilidad de encontrar empleo, reciclarse y estar a la última es vital. A esta necesidad responden cada vez con más fuerza en todo el mundo los MOOC (cursos masivos online y abiertos, en sus siglas en inglés). Muchos son gratuitos (algunos cobran por emitir un título) y están en fase experimental, pero con mucha proyección por delante. Los españoles se han incorporado a esta modalidad de aprendizaje con ímpetu, hasta el punto de ser la séptima comunidad de estudiantes más grande de la plataforma edX, de la que forma parte el MIT.

La demanda es enorme –al primer curso de sus creadores, dos profesores de Stanford, se apuntaron 120.000 personas en 2008–, pero también el desapego. Un 95% abandona y aun así se manejan unas cifras desorbitadas. Por ejemplo, casi 60.000 estudiantes de 90 países se apuntaron al primer curso gratuito de la escuela de negocios IE, Critical perspectives on management, que termina ahora. “No tenemos aún datos, pero aunque la tasa de abandono fuese del 90% terminarían 6.000 personas, que son más que las que tenemos en la Business School”, explica la vicedecana Didina González. “Nuestra idea es llegar a la gente de los cinco continentes para que nos conozca con una transmisión de conocimiento de forma desinteresada”, prosigue, y “experimentar metodologías y dinámicas” que emplearán en sus cursos online de pago. “A los MOOC les falta calor humano, interacción social. Porque para que haya intervención, debate, no puede haber más de 35 alumnos”.

El IE no es el único que se ha lanzado a esta nueva vía de profesores del siglo XXI. También el IESE, con un curso de globalización de las empresas. Dispone de conferencias online de entre 10 y 20 minutos, foros de discusión, y los alumnos tienen que presentar un proyecto final. “Esta tecnología está pensada para un curso corto, nunca uno largo. Y te permite conocer a los profesores y a los alumnos. Un marketing que te permite enseñar que estás aquí”, explica Josep Valor, profesor de Sistemas de Información.

A la plataforma edX se han apuntado 37.000 estudiantes españoles (el 2,3% del total) y han expedido 5.400 certificados (el 5,6% del total), lo que demuestra que son más fieles a los cursos que la media mundial. “Pero es importante reconocer que solo alrededor del 25% de nuestros alumnos pretenden obtener el certificado cuando se inscriben en el programa”, explica Dan O’Connell, director asociado de comunicación de edX. Interesan en especial a los españoles los cursos de computación y salud pública.

 

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Un cociente intelectual de 130 no significa nada. El Mundo

‘Un cociente intelectual de 130 no significa nada’

La psicoterapeuta Jeanne Siaud-Facchin durante la entrevista en el...La psicoterapeuta Jeanne Siaud-Facchin durante la entrevista en el Instituto Francés de Madrid. I. F.

Lleva años diagnosticando y tratando los problemas que provoca el exceso de inteligencia en la infancia. Tras pasar por su consulta muchos niños con dificultades por este motivo, se dio cuenta de que sus padres habían tenido los mismos problemas que sus hijos y no sólo eso, sino que décadas después seguían arrastrando un desajuste con su entorno. Por eso, la psicoterapeuta Jeanne Siaud-Facchin, una de las principales expertas en este campo, se decidió a escribir ¿Demasiado inteligente para ser feliz? (Paidós), un libro en el que analiza el día a día de los adultos superdotados, las herramientas para realizar un diagnóstico correcto y algunos trucos para que la inteligencia sea un buen aliado. Autora también de Cómo la meditación cambió mi vida, reconoce que llegó a ésta a la par que trataba a sus pacientes, herramienta que aprovechó para serenar la mente de las personas superdotadas: “su cabeza siempre está activa, del pasado al presente y de este al futuro. Nunca paran. La meditación les viene bien porque les ayuda a parar y a vivir el momento, a serenarse”.

 

¿Cómo es una persona superdotada?
Tienen una personalidad muy paradójica. La estructura cognitiva de las personas superdotadas es muy diferente a la del resto de la población. Cuando reciben un estímulo, en su cerebro se activan muchas neuronas, lo que les genera miles de ideas y una gran dificultad para saber discriminar la información correcta. Es la primera paradoja. Además, la transición de los datos va más rápida que lo que tarda el cerebro en procesarlos. A eso se une que las conexiones entre la parte frontal del cerebro y la zona parietal también van más rápidas. Eso les da una gran potencia de inteligencia, pero también sobreabundancia de información, que les conlleva en la adolescencia una dificultad para organizar y estructurar el pensamiento. Es una fuerza y una fragilidad a la vez. Esta forma de inteligencia contribuye a una gran lucidez sobre lo que pasa en cada momento de la vida, que puede generar además sufrimiento por entender demasiado, por analizar demasiado, e interferir en la capacidad de ser feliz. El segundo aspecto fundamental es el relacionado con la creatividad emocional. Tienen hipersensibilidad, y algo banal se puede convertir en un cataclismo emocional. Las emociones siempre les invaden y esto puede generarles vulnerabilidad y dificultad para conectar con lo que les pasa. También les resulta complicado estar tranquilas y no pensar demasiado en el futuro o en el pasado. Además, tienen una inmensa capacidad de empatía, de sentir lo que sienten los demás. Esto crea una intensidad de vivir que a veces es difícil de llevar, pero también les genera creatividad, talento y fuerza.
Con estos rasgos, ¿en qué trabajo encajan mejor estas personas?
Pueden aplicar su inteligencia y sensibilidad a muchos sectores. Tanto en profesiones muy creativas, como las relacionadas con el arte, pero también pueden volcar su creatividad en empresas, en la ingeniería, etc. Lo importante es que puedan tener un entorno de agilidad y creatividad, porque todo va muy rápido para ellos, y tener la posibilidad de asociar ideas que no se hubieran encontrado de un contexto más lineal y más lógico. Por eso tienen a veces dificultades para adaptarse al mundo profesional, porque hay un desajuste, porque hay dos tempos. Su inteligencia les permite entender las cosas a 360 grados pero no saben cómo explicarlas porque tienen la convicción de que la realidad es como ellos la piensan. Eso hace que tengan una relación difícil con los jefes. No obstante, no siempre todo es rápido para ellas. A veces tienen la necesidad de detenerse en un punto, algo que les parece central mientras que los demás van a pensar que eso es algo anecdótico pero, ellas tratan de llegar siempre al final de las cosas. Esto les puede generar un sentimiento de desajuste, de no estar al mismo nivel que los demás y dificultad de sincronización.
¿Se puede confundir hiperactividad con una personalidad superdotada?
Los dos tienen una gran rapidez en el cerebro. Los hiperactivos van muy rápidos y, si nadie les interrumpe, funcionan. Pero, si se distraen pierden todas sus ideas. En cambio, los superdotados tienen un inmenso mapa donde se pueden apoyar y asociar sus ideas. No es la misma potencia a nivel intelectual. Para saber si una persona es superdotada, no basta con determinar su cociente intelectual (CI). Es como la fiebre en una enfermedad, que no te dice lo que tienes. Lo importante es saber cómo funcionamos, cuáles son los mecanismos que se activaron para producir ese CI, explorar la inteligencia pero también el mundo psicológico y emocional, para poder imbricar ambos aspectos. Se empieza a hablar de superdotados con un CI igual o superior a 130, pero esa cifra no significa nada. Una persona puede dar en un test de inteligencia un nivel más bajo porque sea muy ansiosa, inhibida o depresiva, y aun así ser superdotada. También es posible tener un CI elevado, de 140 por ejemplo, y estar en un modo patológico, como puede ser el caso de algunos autistas, que tienen una inteligencia muy particular. Es un índice que orienta el diagnóstico.
¿Se puede ser niño superdotado y feliz?
Sí, si el entorno se adapta y entiende la particularidad de estos niños. De lo contrario, pueden tener verdaderos problemas en el colegio, porque la escuela funciona de manera muy lineal, con mensajes que tienen que transmitirse de manera muy codificada. Ellos entienden todo a la primera, pero ven como el profesor repite todo varias veces para los demás, y esto les genera agitación y problemas en clase. Además, siempre necesitan comprender más allá, hacer preguntas, etc. Como son muy sensibles y tienen un concepto de la justicia muy elevado, van a discutir con mucha frecuencia con sus profesores por no estar de acuerdo con ciertas decisiones, lo que puede hacer que parezcan impertinentes.
¿Y qué recomendaciones les da a estos niños?
A veces está bien que se salten alguna clase, para que no vayan tan rápido, permitir así hacer funcionar su inteligencia. También les puede venir bien estar con niños mayores , con temas educativos más cercanos para ellos. Pero si todo ese sufrimiento les ha generado ansiedad y problemas, hay que llevarles a un psicoterapeuta para ayudarles, porque a veces tienen una imagen errónea de sí mismos.
¿Cómo son sus relaciones afectivas en la adolescencia?
Suelen comprometerse de forma más seria que el resto de adolescentes, porque el amor y el compromiso, como otras cosas, están sobredimensionados. Y por eso también tienen miedo a sufrir y a decepcionar al otro.
Entonces, ¿se suelen comprometer pronto y para toda la vida?
No, no siempre. Estas personas tienen una sensibilidad extraordinaria que puede dar lugar a consecuencias terribles para aquellas que no están bien. Porque intentarán multiplicar sus aventuras amorosas para seguir con esa intensidad amorosa, aunque ellas lo que buscan (tanto adolescentes como adultos) es el compromiso verdadero y auténtico. Pero muchas veces prefieren no comprometerse en lugar de tener un compromiso a medias. Como me dijo el padre de un paciente hace poco: “en realidad, son inválidos del matiz, del término medio. Es todo o nada”.
¿Hay diferencias debidas al género?
En las consultas médicas y psiquiátricas de Francia se ven cinco o seis chicos por cada chica. El motivo no es que ellos tengan más problemas sino que, aunque estemos en el siglo XXI, los padres de familia se preocupan más rápidamente por los chicos que por las chicas. Otra razón es que los problemas de los niños (ansiedad, depresión, o lo que sea) hacen más ruido. Ellos son más activos y atraen más rápido la atención de los profesores y de los padres. En cambio, las niñas intentan hacer lo mejor que pueden las cosas y lo que esperan de ellas, aunque tengan un problema. En los superdotados, vemos lo mismo. Los chicos se vuelven muy reactivos cuando no consiguen expresar lo que son. Las chicas en seguida se cuestionan y, cuando se sienten mal, lo ocultan. Años después, los problemas son mayores en ellas, porque los guardaron para sí mismas durante mucho tiempo. Y aún así, van a intentar adaptarse mientras que los hombres van a desarrollar problemas graves al estar en rebeldía, al intentar imponer su forma de ser.
¿Intentar ocultar esta falta de adaptación puede generar más problemas?
Sí. Depresión, problemas de imagen patológicos, sensación de ser nulo, de no valer, de no tener ningún valor.
¿Hay algún tratamiento farmacológico para estas personas?
No. Porque no están enfermas, ser superdotado no es una patología. Pero si no se desarrollan en un entorno adecuado, sí tendrán sensación de estar en otro plano, de pensar cosas que nadie imaginó, de entender cosas que nadie entendió, sensación de aburrimiento de su trabajo, de su pareja, un sentimiento de soledad enorme… Todo les genera confusión. Pueden estar recibiendo el mensaje de que son demasiado excesivos, demasiado sensibles, que plantean demasiadas preguntas, que van más allá en todo, que no dejan pasar ni una. Esta falta de adaptación crea desajuste, y esto puede llevarles a consultar con un médico. Si éste hace un diagnóstico erróneo, les diagnosticará unas patologías que sí las enfermarán, porque les recetarán pastillas que les harán enfermar.
Tiene que ser complicado vivir con estas personas, ¿no?
Sí. La sociedad tiene una especie de normalidad, del sentido del término medio, y la adaptación social para ellas es difícil a veces. Con frecuencia, la queja de adolescentes y adultos es tener la imprensión de estar a la vez con los demás y estar aislados. Una vez más están en otro nivel, en desajuste.
¿Cuál es la palabra que mejor les define? ¿Intensidad?
Bravo. De hecho, así se denomina a lo que les ocurre: Síndrome de intensidad. Son demasiado intensas.
 
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Aprender a estudiar, asignatura pendiente

Estrategias para luchar contra el fracaso escolar

  • Cualquier alumno, dicen los expertos, puede sacar buenas notas si está motivado, tiene autoestima y le enseñan cómo lograrlo

«Yo suelo suspender», «se me dan mal los estudios», «no soy de sobresaliente»… «mi hijo no vale para estudiar», «no se pone», «no tiene voluntad», «le falta base»… Este tipo de expresiones son repetidas a menudo por alumnos y padres de estudiantes que sufren fracaso escolar. Un grave problema que en España afecta a más del 25% de los alumnos y que no sólo tiene consecuencias para su formación y su futuro profesional, sino que empeora las relaciones familiares hasta el punto de convertirse en uno de los principales detonantes de las discusiones en el hogar.

Pero en opinión de muchos educadores, ni la pereza, la falta de voluntad o la escasa capacidad para estudiar son la causa del fracaso escolar. Si un alumno saca malas notas, aseguran, es porque no sabe cómo estudiar y por falta de autoestima y motivación. «No dudo de que ningún niño, adolescente o adulto que quiera cambiar sus notas y mejorarlas hasta el sobresaliente puede hacerlo en poco tiempo, si él se convence y espera lograrlo. Sólo depende de dar los pasos adecuados», afirma rotundo el profesor Fernando Alberca. Aún están a tiempo de salvar el curso y, más importante aún, aprender de una vez estrategias que sirvan para comprender y aprovechar lo que se estudia durante toda la vida.

Consejos para enseñar a estudiar, por Fernando Alberca SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL

«Estamos en un magnífico momento. Febrero y marzo son muy buenos meses para aquellos que tienen sensación de mucho fracaso acumulado, pues el hecho de que el periodo sea corto y la meta esté cercana estimula», asegura Alberca, que imparte clase tanto a estudiantes de Magisterio de la Universidad de Córdoba como a niños de Primaria del colegio Ahlzahir de la misma ciudad.

Este maestro entusiasta, que comenzó escribiendo libros sobre la felicidad, ha volcado sus 20 años de experiencia como profesor y director de colegios en Tu hijo a Harvard y tú en la Hamaca. Las claves para que sea un buen estudiante sin que tú sufras (editorial Espasa). En él ofrece un plan de acción y una serie de herramientas y ejercicios para cambiar de hábitos y actitud.

Motivación y autoestima + método

Imprescindibles han sido también sus vivencias como padre de ocho hijos, con edades comprendidas entre los seis y los 19 años. «Mis libros parten de mi experiencia y de ver tantísimo fracaso escolar. No puede ser que sea tan fácil pasar del suspenso al aprobado y que haya tantas familias pasándolo mal por este problema. Hay quien se siente peor padre porque no ha conseguido sacar lo mejor de su hijo. Los ingredientes necesarios para sacar buenas notas están en todos los seres humanos. Sólo hay que activarlos», sostiene.

«Estamos en una situación crítica y el sistema que tenemos hace infeliz a todos, a profesores, a padres y alumnos». Y es que, en su opinión «el fracaso escolar no sólo lo sufre el 25% de alumnos que no llega a superar 4º de la ESO, que es la titulación mínima que la OCDE considera indispensable para encontrar y mantener un trabajo. Afecta también a aquellos que siguen suspendiendo en Bachillerato o no pueden estudiar la carrera que desean porque no les llega la nota».

Las claves para revertir esta situación, sostiene, se sintetizan en la fórmula motivación y autoestima + método: «La voluntad no existe. Cuando alguien siente la necesidad de algo es cuando le sale la fuerza para ponerse a ello. Hay que saber encontrar la gasolina para que el Fórmula 1 que todos somos funcione».

Las notas

Asegura Alberca que «suspender dos asignaturas exige el mismo camino que siete, es cuestión de repetir la misma operación y la misma desmotivación. Cuando alguien saca su primer 8 se enciende la chispa». En su opinión, «el mayor enemigo de un mal estudiante es él mismo». Lo comprueba año tras año cuando, al inicio de curso, pregunta a sus alumnos de distintas edades qué nota creen que sacarán en su asignatura.

«Yo siempre digo que la nota que más me gusta es el 7 y 8, porque los alumnos que siempre sacan 9 y 10 tienen un peligro, que es el perfeccionismo. Por supuesto, no ocurre siempre pero, en ocasiones, estos alumnos no toleran la imperfección de los otros y tienden a la soledad y a la infelicidad. Y a veces creen que sus notas son lo mejor que tienen».

La actitud del profesor

Alberca considera que la escuela está diseñada para el hemisferio izquierdo del cerebro, relacionado con la memoria y el análisis y no para el hemisferio derecho, vinculado a la creatividad y la intuición:«Se triunfa cuando se encuentran las claves para hacer un examen». Tanto padres como profesores, afirma, pueden hacer muchísimo para motivar a los niños. «Es verdad que hay alumnos sobreprotegidos, maleducados e insoportables. Pero a veces es la actitud del profesor la que puede cambiar la actitud del alumno. Cuando se conecta emocionalmente con él, el cambio es radical».

LUIS PAREJO

Considera que «las nuevas tecnologías permiten no tener que memorizar demasiados datos que no son necesarios y centrarse mucho más en la reflexión, el análisis y la síntesis. No tiene sentido que aprendan datos que ahora tardan 13 segundos en encontrar en su smartphone. La cultura es aprender cosas y entenderlas, no sabérselas de memoria», afirma. «Creo firmemente que la Primaria debería centrarse sólo en leer (también números y estadísticas), hablar, escribir y pensar mejor».

Técnicas de estudio

Hace casi 35 años que José Pascual vio que la mayoría de los alumnos no sabía estudiar: «Nos dimos cuenta de que en muchos casos estaban desmotivados. Y la motivación es un tema clave en el estudio», afirma el fundador del Método Pascal, pionero en introducir en España el término técnicas de estudio.

Todo comenzó, recuerda, impartiendo un curso a tres alumnos. Desde entonces, más de 300.000 personas en toda España, desde alumnos de 4º de Primaria a universitarios y opositores, han seguido alguno de los cursos del Instituto Pascal, que son siempre presenciales: «Aspectos como la motivación y la autoestima requieren que haya un buen ambiente en el grupo», afirma.

«Nos encontramos con niños y adolescentes que piensan que no valen, que son alumnos de suspenso o bajas calificaciones. Esa percepción que tienen de sí mismos es negativa y les hace retardar su proceso de aprendizaje e incluso paralizarlo: como no valgo, ¿para qué me voy a esforzar? Y se establece un círculo vicioso». Pascual también se muestra convencido de que, a no ser que alguna enfermedad se lo impida, «cualquier niño que se lo proponga, establezca un plan y lleve a cabo una acción de estudio adecuada» puede sacar buenas notas.

«A mí me gusta hablar de éxito escolar, de éxito personal y de éxito profesional. Se trata siempre de mejorar como persona», resume. Por ello, subraya que las técnicas para aprender a estudiar «no van dirigidas sólo a alumnos con dificultades, también son para los que sacan buenas o muy buenas notas, y buscan la excelencia o estudiar la carrera que deseen. Y para profesionales que desean aprovechar mejor su tiempo». Precisamente, señala, «uno de los errores más comunes es pensar que ya sabemos cómo estudiar».

Lectura y comprensión

Leer rápido y comprender bien es una asignatura pendiente para muchos niños y adultos: «La comprensión lectora es la base del estudio. Ahora, con internet, velocidad y comprensión son clave pues tenemos mucha información disponible y hay que saber rápidamente si un artículo de 15 páginas interesa o no».

Fermín González García, doctor en Ciencias Biológicas y catedrático del área de Didáctica de Ciencias Experimentales de la Universidad Pública de Navarra, considera que «hay que pasar del enfoque conductista al cognitivista, es decir, de un aprendizaje memorístico al aprendizaje significativo. Hay que enseñar a cuestionar, a analizar la información para transformarla en conocimiento útil”, propone el profesor, especialista en la aplicación de mapas conceptuales y los denominados diagramas UVE para mejorar la calidad de la enseñanza.

Sin embargo, se muestra pesimista sobre la situación en España, pues afirma que «tanto las escuelas públicas como las privadas están llenas y no sienten la necesidad de mejorar y competir entre ellas. Como decía Platón, lo más importante es el comienzo y esto pasa por cambiar la mentalidad del profesor», reclama.

“El alumno siempre imita al profesor, reproduce un modelo. Si cambia el profe cambia todo, aumenta la autoestima, el alumno se siente valorado”, reflexiona González, que hace dos décadas, cuando ya había superado los 40, descubrió en EEUU un sistema educativo muy diferente: “No podemos seguir viendo con los mismos ojos una realidad que ha cambiado. La mayor parte de los profesores está anclado en el pasado. Hay algunas aportaciones nuevas, pero muy puntuales y en general mal vistas”, critica.

También reclama a los padres que sean más críticos: “El padre del siglo XXI sólo quiere oír al maestro que su hijo es muy inteligente, quizás un poco vago, lo demás le da igual porque tiene mucha prisa. Pero yo le diría que en su empresa tienen problemas porque falta creatividad, flexibilidad y capacidad para innovar. ¿No se han planteado que esto se puede cambiar desde las escuelas?”.

EL CAMINO HACIA EL ÉXITO ESCOLAR

MOTIVACIÓN

Hay que ser positivos, hablar bien de los hijos. Mostrarles que las buenas notas son consecuencia de su autoestima, esfuerzo e inteligencia, pero no son lo más importante para los padres.

NO ETIQUETAR

«Tal palabra me dices tal corazón me pones». El pedagogo José Pascual usa este refrán para recordar que hay que evitar expresiones negativas, como decir al alumno que es vago o no vale.

LA META Y EL PLAN

Pascual recomienda fijar una meta («así es más fácil llegar») y establecer un plan de estudio. Hay que programar el tiempo. Conviene que la sesión de estudio sea diaria y a la misma hora.

ELEGIR

«Es importante que cada uno trabaje en lo que más le guste», afirma Pascual, que considera un error elegir una carrera sólo porque se cree que se va a encontrar trabajo rápidamente.

CLAVES PARA ESTUDIAR MEJOR

LECTURA

Velocidad lectora y comprensión son la base. Pronunciar las palabras no es leer. Hay que fomentar desde niños el gusto por la lectura y que sean capaces de resumir y extraer lo esencial.

ENTRENAMIENTO

Antes de empezar a estudiar, Fernando Alberca propone dedicar unos minutos a hacer ejercicios y entrenar la memoria, como mirar durante un segundo cinco números e intentar retenerlos.

PENSAR Y RAZONAR

Desde los seis años pueden realizar actividades para habituarse a pensar, resolver problemas y tomar decisiones. Hay que introducir las emociones en aula y desarrollar la empatía.

A CUALQUIER EDAD

Cualquier momento es perfecto para mejorar nuestra capacidad para aprender. La edad adulta ofrece ventajas como el compromiso y la necesidad experimentada de evolucionar y mejorar.

 
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Cómo entender el síndrome de Asperger

 

Problemas de interacción social, falta de comunicación y expresividad caracterizan este trastorno

 
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Aun no se conoce cuál es la causa médica que origina el síndrome de Asperger. FOTO: © Wavebreak Media – http://www.photaki.com

18/02/2014 por: Santytp

El sídrome de Asperger comparte una característica esencial con el autismo: problemas para interactuar en sociedad. Sin embargo, algunos elementos diferencian a estos dos trastornos. Las personas que padecen el síndrome de Asperger descubren las habilidades del lenguaje desde niños, con su grupo de iguales, pero no comprenden bien su uso a nivel social. En cambio, las personas con autismo clásico sí tienen problemas para aprender el lenguaje. En este practicogramas descubrirás un poco más sobre cómo afecta este trastorno a las personas que lo padecen.

 

  • 1 ¿Qué es el síndrome de Asperger?

    El síndrome de Asperger es un Trastorno Generalizado del Desarrollo. Las personas que lo padecen conviven con él desde que nacen. Este síndrome genera dificultades de interacción social y problemas de comunicación y expresividad.

    “Las personas con el síndrome de Asperger quieren socializar y tener amigos, pero cuando intentan establecer relaciones muchas veces se equivocan”, explica Luis Miguel Aguilar, psicólogo de la Asociación Asperger Madrid. El problema de los que sufren este trastorno es que “no saben cómo interactuar con los demás”. Por este motivo, en contra de su voluntad, la “soledad” suele acompañar a estas personas.

    No existen estadísticas del número de casos a nivel mundial. A pesar de ello, el psicólogo Tony Attwood considera que una de cada 250 personas padece este síndrome (‘Adults with Asperger’s Syndrome often go undiagnosed’). La Asociación de Madrid, por ejemplo, diagnosticó 36 nuevos casos durante el 2012.

     
  • 2 Una diferencia con el autismo.

    El síndrome de Asperger se enmarca dentro del espectro autista. Los problemas de interacción social asemejan ambos trastornos. Existen diferentes categorías de autismo, pero a rasgos generales, la principal diferencia entre el autismo clásico y el síndrome de Asperger es el problema con el lenguaje.

    “El 75% de las personas con autismo tienen algún tipo de retraso con el lenguaje”, comenta Luis Miguel Aguilar de la Asociación Asperger Madrid. Las personas con autismo tienen problemas para comunicarse y algunos de ellos no llegan a desarrollar lenguaje. “La persona con Asperger aprende a leer y hablar perfectamente, pero tiene dificultades para utilizar esas herramientas en los entornos sociales”, asegura este psicólogo.

     
  • 3 Una historia real: el caso de Jorge.

    “Convivir con el síndrome de Asperger es una lucha diaria”. María Cano es madre de un niño que sufre este trastorno. Jorge, de 14 años, fue diagnosticado de Asperger hace tres años.

    Muchas familias descubren de forma tardía el síndrome debido a que no se conocen exactamente las causas médicas que lo origina. Tests psicológicos y entrevistas con las familias son cruciales para descubrir si se cumplen los parámetros de este trastorno.

    En el caso de Jorge, María recorrió numerosos médicos hasta encontrar por fin el diagnostico correcto. “Me decían que mi hijo tenía celos de sus hermanos o que simplemente era vago”, afirma. “Poner el nombre a las cosas te ayuda a comprenderlas, es importante que la gente conozca más sobre los Asperger”, argumenta esta madre.

     
  • 4 Explicando un mundo diferente.

    “Las personas con síndrome de Asperger no tienen ningún tipo de problema físico ni verbal que los identifique a primera vista”, manifiestan desde la Asociación Asperger Madrid. Por este motivo, la sociedad muchas veces no sabe cómo reaccionar a su comportamiento. En apariencia son personas sin ningún tipo de problema.

    “Muchas veces se las ha acusado de ser pedantes o maleducados”, comenta el psicólogo Luis Miguel Aguilar. Los llamados ‘aspies’ utilizan un tono de voz monóntono y suelen ser muy precisos a la hora de hablar. “Muchos de ellos quieren ser perfectos a la hora de denominar las cosas. Esta hiperprecisión resulta extraña al resto de las personas”, apostilla.

    María Cano cuenta que las personas con Asperger “tienen una percepción diferente de nosotros”. Tienen que acostumbrarse a un mundo que no entienden por qué es así. “Mi hijo no comprende por qué tiene que hacer un examen si en clase ya ha demostrado que se sabe el temario”, subraya María Cano.

     
  • 5 Un círculo social fuerte pero muy cerrado.

    La relación de los ‘aspies’ con su núcleo cercano suele ser muy buena. Sin embargo, a la hora de mostrar afecto, “siempre son ellos los que tienen que llevar la iniciativa”, remarca María Cano. Besos y abrazos no son imposibles para las personas con Asperger, pero estos gestos deben salir de ellos y no de los demás. “Normalmente no les gusta que les toquen sin su permiso”, comenta.

    “Es difícil ganarte la confianza de una persona con Asperger, pero si lo logras, entras en su círculo para toda la vida”, asegura María. Los ‘aspies’ se agobian en grandes grupos de gente. Ellos quieren “estar ahí”, pero necesitan “su espacio”.

    Las comidas familiares son un claro ejemplo. Jorge, el hijo de María, asiste cada domingo a casa de sus tíos. “Necesita la seguridad de la familia y le gusta ir, pero rara vez se sienta en la mesa con nosotros”, comenta su madre.

     
  • 6 Arqueología, informática, Japón y otros gustos particulares.

    Otra de las peculiaridades del síndrome de Asperger son los gustos y aficiones de estas personas. Muchos de ellos aprenden de una de sus grandes pasiones: la lectura.

    Dinosaurios, arqueología, relojes, informática, magia… son algunas de estas aficiones. El aprendizaje de por sí siempre es positivo, el problema es que, en ocasiones, generan problemas a las familias. “Tuve que instalar un detector de humos en casa porque Jorge empezó a fascinarse con las pócimas y los experimentos”, cuenta María Cano.

    Al final, estas familias van “aprendiendo sobre la marcha” a medida que conviven con el síndrome de Asperger. Las personas que padecen este trastorno intentan saber todo lo posible sobre temáticas concretas. El problema, según explica el psicólogo Luis Miguel Aguilar, es que “no siempre son útiles”.

     
  • 7 El mercado laboral para las personas con Asperger.

    El trabajo también puede suponer un hándicap para las personas con Asperger, aunque depende de cada caso. “Los trabajos de cara al público son más complicados”, subrayan desde la Asociación Asperger Madrid. Según comentan, muchas de las personas que tienen este trastorno “trabajan mejor solos”.

    Por ejemplo, muchos de los ‘aspies’ son amantes de la informática. Un arma muy buena para encontrar trabajo. Un empleo que, además, suele efectuarse más en soledad.

    Sin embargo, que no sean buenos de cara al público no significa que se les deba aislar. “Les gusta tener contacto con los demás, pero sin que se les obligue”, subrayan en la Asociación.

     
  • 8 El síndrome de Asperger en televisión.

    Aunque el síndrome de Asperger es bastante desconocido, poco a poco va a apareciendo en televisión. La serie ‘Frágiles’ de Telecinco mostró durante dos temporadas las características de este trastorno. Ruth Núñez fue la actriz encargada de dar vida al personaje de Lola, una chica que padecía este síndrome. Puedes ver todos los capítulos ‘online’ en Mitele.

    Desde la Asociación Asperger Madrid comentan que esta serie “refleja bastante bien el síndrome”. Eso sí, hay que entender que un solo personaje aúna todos los “clichés”. La producción de Mediaset muestra un caso, pero cada persona es diferente. Lo mismo ocurre con el personaje Sheldon Cooper de ‘Big Bang Theory’. “Es muy importante informarse bien para entender la problemática de las familias que conviven con este trastorno”, manifiesta el psicólogo Luis Aguilar.

     
  • 9 ¿Más información?

    Si quieres conocer más, visita la sección ‘Enfermedades y trastornos’ en la categoría de ‘Salud’. También puede que te interesen los siguientes practicogramas:

    - ‘Cómo identificar el autismo infantil’.

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